Al otro lado del miedo, de David Jasso

Por Soraya Murillo.

Duele. Esta novela duele leerla, como si mientras la lees, alguien te arrebatara todo lo que has sido hasta hoy.

Personalmente me ocurre algo muy curioso con David Jasso.

Pasa el tiempo y si no escribe nada nuevo, lo extraño. Simplemente es eso: cuando no está, acabas echando de menos sus historias realistas.

En esta novela se atreve a llevarnos al otro lado del miedo. ¿Y qué sitio es ese, pensaréis? Cuando te derrotan, te destrozan, te humillan y, tras levantarte, descubres que ya no te encuentras en el mismo lugar, que sin saberlo cruzaste al otro lado. Ese es el lugar del que hablo. Nunca se regresa del infierno igual que entraste.

Empiezo:

España en plena crisis, cuando los despidos y la pérdida de la vivienda estaban al orden del día.

Gustavo y Susana han tocado fondo, y son echados a la calle con dos hijos pequeños, Nuno, de nueve años y Luna, de casi cinco. Las asistentas están desbordadas, demasiados casos como el de esta familia. Les prometen una vivienda que no llega, mientras tanto ocuparán una nave industrial a las afueras en un descampado al sol.

Para una madre eso es insufrible, llevar a sus hijos donde no hay agua directa ni luz eléctrica. Susana, en un último intento a la desesperada, buscará trabajo. Le acabarán de romper el alma.

La crisis afectó también a Ernestina. La academia que abrió junto a su novio (de inglés y clases de repaso), tampoco da mucho de sí, y los padres no pueden en esos momentos gastar un dinero extra.

A Mono, otro de nuestros protagonistas, no le afecta tanto que no haya trabajo, él se dedica a lo que se dedica y para eso no existe tanta crisis, pero la policía anda cerca y debe abandonar su mochila justo en la academia de Ernestina, donde dos de sus alumnos, Berta y Miguel, la encontrarán…

Y ahí, en ese escenario de la calle, viendo cómo Mono corre y los dos chavales pillan la mochila, se encuentra nuestro personaje más peculiar, Florentino. Él no sabe traducir la expresión de una cara cuando la mira. No llega a ser un psicópata, pero no siente las cosas, le dejan indiferente, puede hacerte daño incluso y disfrutar con ello. Probablemente no tuvo una infancia bonita y no se crearon vínculos emocionales hacia su familia y por tanto tampoco hacia los demás. Y desea esa mochila.

Todos ellos, sin saberlo, porque en el fondo es nuestro autor quien lo va moviendo, terminarán encontrándose…

¿Qué vais a leer?

Ya os lo dije al principio, una historia realista, que tal vez nosotros mismos hemos vivido bien en carnes propias o en ajenas. Diálogos brutales y directos, muy bien trabajados en el caso de Florencio. Jasso comprendió que era especial y quiso que eso lo entendiéramos hasta en su forma de hablar y mostrarse a los lectores. Una historia muy dura, de puertas que se cierran, de ayudas que no llegan, de indiferencia, y el terror de saber que te encuentras frente a un hombre al que tu vida no le importa nada, absolutamente nada.

David Jasso nos dejó un mensaje muy claro: las cosas están mal, pero pueden empeorar. Así que poco a poco, según avancéis la historia, lo vais a comprobar.

Es tierno con Susana. Me gusta el valor que le infundió a esa mujer, pero al mismo tiempo me desconcentra con Florencio. Es un hombre terrible, pero da la sensación de que Jasso quiere decirte: “Bah, estaba ahí, es así, ¿que esperabais que hiciera?”. Dicen que cuando un autor escribe, suele hacerlo sobre aquello que más le aterra. Pues bien, a nuestro Jasso le aterra la realidad. Sabe que es más fácil que te acuchillen en la calle a que veas a un muerto, y escribe sobre eso, al menos en esta novela.

No sabría decir si es su mejor obra, pero sí puedo confirmar y lo hago, que es una de las mejores. Jasso toma un suceso que bien podría ser real y lo recrea para nosotros, sin esconder ningún detalle, directo al corazón.

Gran novela, sin ninguna duda, donde sólo te queda una opción cuando te levantas de nuevo y entiendes que todavía te queda un asunto más por cerrar… No hay la excusa de que es ese momento inoportuno y la decisión errónea en el lugar equivocado. Aquello era un descampado, un lugar abandonado ¿Desde cuando ocurren cosas buenas en sitios así?

Pero Jasso siempre te da un respiro, aunque sólo es eso, un poco de aire para que llegues al final de su novela, donde una vez más te destrozará.

Gracias, David Jasso, por este trabajo. No nos dejes nunca.

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Ausencia de conducta, de Daniel Aragonés.

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy os quiero hablar de  Ausencia de conducta, la novela de Daniel Aragonés, autor al que me habían recomendado aquellos que me conocen bien, alegando que me iba a gustar mucho su rollo, crudo, directo, anárquico y con mala baba. No se equivocaban.

Ausencia de conducta es una obra breve (no llega a las doscientas páginas), pero muy, muy intensa. A medio camino entre la novela negra y el realismo sucio, la obra se descubre con un estilo agresivo, en ocasiones sórdido y excesivo, pero que realmente le sienta bien a la historia que nos cuenta. Una historia de la calle, de esas que suceden en su cara oculta, la que todos intuimos (y algunos conocemos), pero que preferimos evitar, quizás llevada al extremo, un tanto caótica y tirando demasiado de clichés que ya nos suenan, que ya hemos visto con anterioridad, pero que funcionan y le sirven al autor tanto de premisa como a la hora de desarrollar la trama que nos ocupa. Hija bastarda de Tarantino y de Guy Richie, pero con la mala folla typical spanish que esos dos no han conocido en su puta vida.  Chanchullos, trapicheos, encargos, delitos y asesinatos son el pan de cada día, basta con leer el periódico. Vividores, adictos, perdedores  y auténticos hijos de puta. Esa es la fauna autóctona que pulula entre sus páginas. Una fauna que lejos de resultar ajena, nos resulta cercana, reconocible, casi un reflejo de nosotros mismos, panda de hipócritas, falsas e interesadas personas de bien.

La novela no es una obra maestra. Ni siquiera es una gran novela. Pero ni lo pretende ni lo necesita. Sus intenciones son otras. Entretener y de paso, soltarnos alguna que otra hostia a mano abierta o repasarnos el hígado, por aquello de que no nos durmamos en los laureles de la corrección, la compostura y lo ortodoxo.

Muy destacable esa prosa que Daniel maneja, a veces anárquica, otras regodeándose en su propia genialidad irreverente. En ocasiones, llega a confundir al lector en la narración, pero admiro su capacidad  creativa a la hora de armar su novela, de estructurarla, de jugar con el lector obligándole a atar cabos, pensar y añadir la información que el muy cabrón nos oculta adrede, entre ir y venir de unos y otros. Esos cambios de personaje, de escena y de ubicación  son una apuesta peligrosa, difícil de ejecutar para cualquier autor, pero aunque en algún que otro momento parece que se la va a ir de las manos, Daniel logra mantener el control y hacer de ello otro de los puntos más interesantes de la obra.

Y el objeto. El aparente leit motiv de la novela. Aquello que todos buscan, aquello por lo que van a matar o morir. Una excusa, que en realidad no es más que un subterfugio,  un desencadenante para que empiece la partida y que nos recuerda que siempre ha sido así, tenga el aspecto que tenga, sea una botella , un maletín o un cadáver en el maletero. La realidad, es averiguar a qué o a quién somos fieles, si existe algún tipo de lealtad y que precio tiene, pues todo en esta vida está a la venta, sean a coste de billetes manchados de sangre o de nuestra propia alma podrida y hecha jirones.

Personalmente, me ha gustado. No será mi mejor lectura de este año, pero que cojones… Me lo he pasado bien con ella y he disfrutado mucho con el rollo canalla, descreido y cabronazo que destila.

 

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