El Futuro es Ahora, VVAA. James Crawford Publishing.

Por R. G. Wittener.

 Creo que una de las mayores satisfacciones que puedes tener al comentar obras ajenas es que una editorial se ponga en contacto contigo para saber si te interesaría reseñar sus títulos. Quiero pensar que esa es una señal de que lo estás haciendo bien, y de que hay gente que se fía de tu criterio. Así que al recibir la oferta de JCP (James Crawford Publishing) me alegré bastante. Primero por hacerme esa propuesta, y después por permitirme descubrir otro de los proyectos que, con modestia y tesón, está pugnando por dar visibilidad al género escrito en España.

El futuro es ahora, la última antología que han organizado, se presenta como un homenaje a la Ci-Fi en general, y a las publicaciones que se dedicaron a difundirla a nivel nacional desde finales de los 70 (BEM, Asimov, Nueva Dimensión…); para lo cual han recuperado varios relatos de ésa época, entre cuyos autores se cuentan algunos de los representantes más curtidos del género: Rafa Marín, Rodolfo Martinez, Juan M. Aguilera, Ángel Torres Quesada… a los que acompañan “nuevas plumas” como Pilar Barba, Laura López Alfranca, Alfredo Álamo o Ramón San Miguel.

Una vez hechas las presentaciones, ¿cuál es mi impresión? Pues, en términos generales, el resultado es desigual. Como en algunos equipos deportivos, las tablas acumuladas por los veteranos se hacen de notar al compararlos con los “novatos”. El manejo de los recursos del género, e incluso la capacidad para hacer género con textos que no lo parecen a primera vista, les ponen un par de escalones por encima; de modo que el nivel final del conjunto acaba siendo un tanto heterogéneo. Lo peor, aunque se trate de casos aislados, son los relatos cuyo estilo narrativo me ha recordado esos tópicos negativos que se le aplicaban antaño a las obras de Ci-Fi: narraciones un tanto acartonadas, reiteración de explicaciones científicas, personajes demasiado estereotipados… lo cual, en cierto sentido, tampoco deja de ser coherente con la idea de “revival” de las historias de hace medio siglo que subyace en la antología. En cualquier caso, como digo, no se trata de un defecto generalizado y, si lo comento, es precisamente por la extrañeza que causa en una publicación actual. Aparte de eso, y dado que hay relatos “recuperados”, me atrevo a aconsejar a JCP que para próximas ediciones añadan una nota para saber dónde y cuándo fueron publicados originalmente.

En cuanto a los relatos en sí, mi lista de preferencias estaría compuesta por cinco de ellos (que, en realidad, son siete):

Con dados cargados“, de Rodolfo Martínez. Mi favorito, probablemente por su temática (los viajes en el tiempo), que exprime a la perfección y que ha servido para que aumente mi admiración por él tras leerle en “La sabiduría de los muertos”. Su relato nos presenta el duelo de lógica entre un viajero “fuera de la ley” y el agente enviado a detenerle para que nunca finalice su ingenio… con un final insospechado que te obliga a querer saber más sobre cuántica y singularidades temporales.

Harím no podía llorar“, de Alfredo Álamo. Historia centrada en los avances en la clonación, la ingeniería genética, la acumulación de poder por grandes conglomerados financieros y la prolongación de la vida por medios mecánicos, cuya ambientación en la cultura hindú me hizo recordar por momentos “La chica mecánica” de Paolo Bacigalupi. Desarrollado en torno a un asesinato y un personaje resentido con su posición en ese mundo, es uno de esos relatos que te dejan con ganas de pedirle al autor que continúe explorando los límites de su universo y creo que lo disfrutarán sobre todo los fans de Blade Runner.

Ángel exterminador“, de Rafa Marín. Replicando muchos clichés de bandos polarizados que poblaban los libros y películas en la Guerra Fría, Marín desarrolla el encuentro en el espacio entre la multicultural embajada de la humanidad y una raza alienígena con la que, tras años de guerra, pretenden firmar un armisticio. Una historia de recelos continuos respecto “del otro” que podría recordarnos a un episodio de Star Trek.. si Marín no acabase llevándonos con una brutalidad inexorable hacia una versión muy pesimista ¿o debería decir realista? de lo que se podría esperar.

Amanecer en la playa“, de Ángel Torres Quesada. Junto con “Atardecer en la playa” y “Anochecer en la playa” se trata, en realidad, de una historia sobre el fin del mundo dividida en tres relatos, que se han repartido a lo largo de la antología. Y el resultado es muy original; aunque, al primar en el primer fragmento lo místico-religioso, me dio la impresión de no encajar con el resto; mientras que el segundo te pilla de sorpresa al traer de vuelta a los personajes desde un punto de vista diferente, y el tercero cierra el círculo de la narración con unos de esos finales que te hacen imaginar al autor, riendo de forma siniestra en una noche tormentosa.

Todo lo que un hombre puede imaginar“, de Juan M. Aguilera. Homenaje a uno de los padres de la Ci-Fi, que comienza con lo que debe de ser un sueño para muchos aficionados: viajar al pasado para conocer en persona a Jules Verne. La segundo mitad, sin embargo, me resultó mas compleja porque Aguilera pasa a hablar de realidades autocontenidas como matrioskas rusas, describiendo una estructura de esfera armilar cuya apariencia y dimensiones no me fueron fáciles de asimilar.

Aparte de estos, también quiero reseñar “El intruso fantasma“, de Ramón San Miguel, que se basa en la problemática de las paranoias en los viajes interestelares para desarrollar su historia bajo un esquema de terror y posesiones; “Cromatóforo“, de León Arsenal, con una narración muy sencilla y austera sobre los misterios que les aguardan a los colonos de otras planetas (desarrollando, de paso, la previsible evolución de sociedades y morales divergentes con respecto a la Tierra, y entre los distintos planetas); “No significa nada“, de Anika Lillo, que repasa un tópico del género como los contactos con alienígenas de una forma muy breve; y “Cuestión de circuitos“, de Laura López Alfranca, con una historia sobre los riesgos de que la cibernética acabe por permitir a terceros el manipular nuestros sentidos y la propia realidad que nos rodea, haciéndonos vivir el espejismo (o la pesadilla) que elijan.

En definitiva, una colección de relatos que, como poco, hará pasar un rato entretenido a los aficionados a la Ci-Fi, y servirá para tratar con esta mezcla de veteranos y primerizos del género… espero que para despertar la curiosidad y querer leer más cosas de ellos.

El futuro es ahora. VVAA
Editorial: James Crawford Publishing
Fecha de publicación: Septiembre 2017
Precio: 10€ / Ebook: 2,95€
Páginas: 256
Formato: 13×20 cm. Rústica
ISBN: 978-15-39081-64-7

 

Juglar, de Rafael Marín

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

juglarHoy venimos con Juglar, de Rafael Marín, novela que  resultó finalista del Premio Minotauro en el 2006 y que Sportula ha tenido a bien en recuperar en una nueva edición y nueva portada, permitiendo de este modo que todos aquellos que no pudieron disfrutar de ella en su momento,  tengan ahora  la oportunidad de dejarse seducir por una obra donde la mejor fantasía histórica, el género de aventuras e incluso la picaresca tradicional en todo su esplendor tienen cabida.

Abandonado de niño en un monasterio, Esteban de Sopetrán parece destinado a pasar su vida entre monjes, libros y rezos… Pero el destino no quiere que esa sea su vida: no tardará en abandonar el monasterio como escudero de don Fernán y, de manos de su señor, descubrirá que el mundo está plagado de oscuras fuerzas mágicas para las que está dotado de un modo innato. A partir de ese momento, su vida se convertirá en una sucesión de aventuras y desventuras, una búsqueda personal en la que su camino se cruzará varias veces con el de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

A caballo entre la fantasía y la historia, el horror y la magia, la guerra y el amor, Rafael marín construye en Juglar una epopeya fascinante en la que lo picaresco, lo mágico y lo épico se combinan a la perfección para reconstruir un siglo XI fantástico e inquietante.

Cabe destacar lo ambicioso de la obra. Una prosa trabajada, con cadencia y ritmo, muy entretenida, que nos presenta a unos personajes bien construidos y que nos sumerge por completo en una época de nuestra historia maravillosa y trascendental, utilizando elementos fantásticos que se alejan de la corriente anglosajona y recuperan la imaginería popular, trayendo de vuelta esos mitos y leyendas que nos son propios y que desgraciadamente, han quedado demasiado relegados en el olvido.

Esteban de Sopetran, nuestro protagonista principal, es toda una imagen arquetípica. Huérfano. Aventurero. Juglar. Pícaro desvergonzado. Escudero. Mago.  Un héroe por excelencia, destinado a vivir mil aventuras y dejar huella allí por donde pasa. Tras ser abandonado en un monasterio y quedando al cuidado de los monjes, su destino le llevará años después a abandonar el convento  siendo el escudero de un noble que le iniciará en los secretos de la Magia y también, a conocer a quien en el futuro, se convertirá en un héroe legendario: Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid Campeador. Ambos personajes se reencontrarán a lo largo de sus vidas en reiteradas ocasiones, como si sus destinos estuviesen ligados de algún modo. Y al final del camino, cuando al valiente Rodrigo le llega la hora, cuando con su muerte nace la leyenda que  ha perdurado hasta nuestros días, Esteban estará allí, como parte fundamental de la misma, aunque su nombre no sea recordado en la posteridad.

Resulta curioso que la presencia del Cid sea a la vez, uno de los mayores alicientes de la obra y al mismo tiempo, uno de sus mayores  hándicaps. Es evidente que cuando Rodrigo hace aparición, la novela gana enteros y eso es porque su figura llega a eclipsar al verdadero protagonista.  Esteban, aún con todo su carisma y personalidad, a pesar de todas sus aventuras y sus tribulaciones, palidece y queda relegado a un segundo plano ante la imponente figura de Rodrigo, que acapara toda nuestra atención. Mientras el Campeador no entra en escena, las andanzas de Esteban nos resultan más que interesantes; divertidas en ocasiones, trágicas en otras, interesantes todas ellas.  Su talante, su desparpajo, su forma de hacer las cosas, nos enamora por completo y resulta uno de los mejores personajes que uno pueda encontrar en una novela de este tipo. Pero es que El Cid se lo come, casi sin pretenderlo. Buena culpa de ello es el peso de su imagen en el colectivo popular, en cómo ha calado en nuestras mentes y lo arraigada que tenemos su figura en nuestro subconsciente. La mitomanía generada alrededor de Rodrigo la llevamos instalada de fábrica y resulta imposible competir contra eso.

rafaOtro detalle que hay que señalar es la cantidad de cosas que le suceden a Esteban. Un personaje como este, necesitaría de muchísimas páginas más para desarrollarse como merece.  Las aventuras de nuestro héroe dan para varios volúmenes y el aglomerarlos todos en una sola novela, hace que en ocasiones  la narración se vuelva algo atropellada, sin lugar para el descanso, sucediéndose situaciones y sucesos uno tras otro, sin dejar respirar al lector. No hay transición entre unos hechos y otros, a pesar del tiempo y la distancia entre ellos. Eso hace que nos quedemos a veces con ganas de saber, de conocer más a fondo o simplemente,  de tomarnos un respiro, algo que no sucede, obligándonos a seguirle ese ritmo endiablado a la historia. Estamos ante uno esos raros casos en que uno pediría muchas más páginas, no para que nos cuente nuevas historias, sino para que se explayase con las que ya contiene. No hay paja ni relleno y le vendría bien poder desarrollar sin prisas ni vértigo lo que se nos expone. Me atrevería incluso a pensar en que una saga en condiciones le haría justicia, un par de títulos, donde el ritmo fuese ligeramente más pausado y  deteniéndose en los detalles, en las formas, en profundizar, sin agobios ni apremios.

A pesar de estos dos puntos mencionados, hay que dejar claro que Juglar es una obra muy, muy recomendable,  que se lee en un suspiro y que  cumple con creces nuestra expectativas.  Una lectura muy satisfactoria, que como digo, nos trae de vuelta  a un héroe por el que muchos sentimos pasión, con un protagonista  de esos que calificamos emblemático, como un golfo encantador con talento y gracia, y lo que más me ha gustado: El hacer uso de una tradición fantástica propia, nuestra, que resulta un placer recuperar y ver utilizada con tanto acierto, con un nivel muy por encima de lo que suele ser habitual en este tipo de historias.

 

 Juglar

 Rafael Marín

 Editorial: Sportula

ISBN: 9788415988397

Páginas: 292 pág.

PVP: 16€ (eBook: 3,50€)