SERIES: ALTERED CARBON, ¿El espíritu sobre la carne?

Por R. G. Wittener.

Si me guío por mi propia experiencia, la última serie de éxito producida por Netflix debe de estar haciendo muy felices a los aficionados a la Ciencia-Ficción. Para los veteranos, sobre todo, ofrece una combinación de elementos nuevos y “homenajes” a obras anteriores que ayudan a vincularla con universos ya conocidos por mera similitud visual.

En principio, Altered Carbon se presenta como una distopía ultra científica; pero desde el primer episodio comienza a desarrollarse bajo las líneas argumentales de una novela hard-boiled, evolucionando hacia el final de modo que acaba siendo una historia de aventuras a lo Misión Imposible (o un western de venganza, no sabría decidirme por estas dos opciones). La acción transcurre a finales del siglo XXIV, en una sociedad transformada por dos hitos científicos radicales: la capacidad para almacenar toda la información del cerebro humano en un dispositivo electrónico, y la posibilidad de crear cuerpos nuevos (con características por encima de lo normal, incluso) para sustituir a los dañados o afectados por enfermedades, la vejez, etc… De hecho, cambiar de cuerpo se considera tan habitual que el nuevo término para designarlo es “funda“. En términos sencillos, se ha puesto al alcance de la humanidad la inmortalidad. Sin embargo, como he dicho, este es un universo distópico, y los verdaderos avances de esta tecnología han quedado reservados para el uso y disfrute de quien pueda pagarlos. Limitando las opciones de la gente normal a “reutilizar” fundas de segunda mano, endeudarse para pagar la producción y mantenimiento de un clon al que ser transferido si ocurre algo malo, o permanecer “dormido” en el dispositivo que sirve de almacenamiento de memoria (la “pila“), a la espera de ser resucitado. Y toda la trama de la serie gira en torno a esta futurible sociedad, y a toda una variedad de problemas derivados de que esa tecnología se hiciera realidad, que se plantean al respecto.

El primer conflicto que se plantea es el de la identidad del individuo, y su vínculo entre lo físico y lo intelectual. Algo que aparece al presentarnos al protagonista, Takeshi Kovacs, cuya mente había permanecido encarcelada durante 250 años hasta que un Mats (abreviatura de Matusalén, usada para calificar a aquellos tan ricos y poderosos que llevan siglos transfiriéndose de un cuerpo a otro) paga su resurrección. Y entonces descubrimos que, sin el dinero necesario, las personas pueden acabar “re-enfundadas” en cuerpos de distinto sexo, o de edades diferentes (adolescentes en el cuerpo de ancianos), porque deben contentarse con lo que les ofrece el sistema penitenciario (que encierra mentes y saca tajada reaprovechando las fundas de sus reclusos, si es que ningún allegado paga por evitarlo).

El dilema de la identidad ligada a lo físico se plantea de diversas maneras durante la historia: desde el mero robo de identidad, si se consigue transferir la memoria a una funda idéntica a la que esté usando otra persona; al problema de encontrar el cuerpo de alguien que te importa “ocupado” por otra persona que ha sido re-enfundada en él; hasta el drama (o la comedia) de que un ser querido sea re-enfundado en un cuerpo que nos resulta totalmente ajeno. Y es que, en ese sentido, el universo de Altered Carbon se decanta por considerar casi indisoluble la mente con el cuerpo en el que nace; planteando la posibilidad de sufrir un trauma psíquico de resultas de ser re-enfundado en demasiados cuerpos distintos. Amén de que, para quienes pueden pagarlo, los implantes y las mejoras exóticas se convierten en una forma de unir el aspecto físico con el ego de la persona.

Todo lo anterior afecta en especial a la gente de a pie, pero pronto acabamos descubriendo que ni siquiera los Mats estarían a salvo de resultar perjudicados por este nuevo orden social. Para empezar, la vida eterna serían una jaula de cristal para los hijos de los Mats. Si tu padre no va a morir, la sucesión es una quimera. Para quienes no fueran capaces de buscar una vía para la “emancipación personal”, la serie les augura un futuro tratados como niños por muchos siglos que cumplieran. Y algo parecido se plantea con el matrimonio, ya que las parejas se verían abocadas a una convivencia infinita procurando aceptar (o ser ciegos) a los deslices del otro (una visión un poco reducida por parte de los guionistas, obviamente, ya que tampoco sería extraño pensar en todo lo contrario: que los Mats fueran cambiando de pareja a medida que se aburriesen el uno del otro).

Por encima de todo eso, sin embargo, asoma un problema mucho mayor: el hastío. Cuando uno dispone de todo el tiempo del mundo, cualquier cosa puede dejar de ser entretenida o divertida. Sentirse maravillado se vuelve más difícil. Y en la serie eso se considera como el motor hacia los peores instintos del ser humano. Los Mats, a pesar de sus cuerpos perfectos y sus hogares llenos de arte magnífico, no son elfos de Tolkien. En todo caso, serían elfos de la tradición nórdica. No solo le han perdido el miedo a la muerte, si no que han llegado al punto de disfrutar haciendo uso de su poder para ver morir a otros. Y, como de hecho están en una posición que les hace casi intocables por la ley, su morbo no se limitaría a simples juegos de gladiadores, dando riendo suelta a deseos mucho más horrendos. Al poder pagar un cuerpo de reemplazo, ¿por qué no permitirme un sadismo desbocado, si la otra persona puede ser transferida a un clon cuyo físico está intacto? ¿Por qué no ir un poco más allá?

Es el peligro de esta casta de inmortales deshumanizados contra lo que se postula la serie. Aunque, respetando su espíritu distópico, no llega a ofrecer una solución efectiva. Los movimientos revolucionarios que pusieran en peligro el status quo de los Mats estarían, obviamente, abocados a sufrir una represión absoluta por el gobierno (que sería decir lo mismo que los Mats); y la única vía de resistencia que se postula queda en mano de los ortodoxos religiosos, cuya renuencia a aceptar la prolongación de la vida se reduciría a las clases bajas.

En cuanto a la trama y su universo, creo que eso es todo lo que puedo comentar sin fastidiarle el visionado a nadie. Así que paso a comentar las similitudes estéticas y temáticas con otras obras de ciencia-ficción. De las cuales, la más obvia es Blade Runner. Con esas imágenes suburbiales, los toques de inspiración nipona, la oscuridad perenne y la lluvia constante, además de los aerovehículos que usan para desplazarse por Bay City. De hecho, teniendo en cuenta que hay la posibilidad de modificar las fundas con especificaciones muy por encima de la fuerza y la resistencia humana, extraña no ver un cuerpo policial específico (lo cual la acercaría también a Ghost in the Shell).

Por otro lado, hay varios momentos que se desarrollan en la realidad virtual, con una estética y una interacción que no queda lejos de Matrix (aunque, por necesidades del guión, aquí se puede morir en el entorno virtual sin sufrir una muerte real), y el detalle que más me extraña a este respecto es que vemos usar la RV para tratar trastornos psíquicos pero no se habla de que la usen para reeducar a los presidiarios (una idea que bien podrían haber pedido prestada a Demolition Man, ya que su sistema presidiario consiste en “congelar en el tiempo” a los criminales).

Por último, y en contraposición con todo ese Cyberpunk oscuro “clásico”, tenemos el universo élfico de los Mats, marcado por el vestuario desinhibido y una perfección física que, como ya he dicho, solo sirve para disimular una conducta propia de seres que van camino de perder toda la humanidad. Un marco visual que ya hemos visto en películas futuristas y, en mi caso, me recuerda al habitual recurso del anime japonés de utilizar el estilo decimonónico para proyectar poder y tradición sostenidos a lo largo del tiempo.

¿Mi opinión? Que esta serie, y sus futuras temporadas (si se desarrolla la saga literaria original) puede convertirse en un referente ineludible al considerar las opciones del transhumanismo (las IAs, aunque presentes, tienen un protagonismo menor). Y, además, lo está haciendo de un modo entretenido. Algo que quizás no satisfaga a quienes querrían un tono más duro o filosófico de una distopía, pero no impide que, después de acabar de verla, te sigas planteando preguntas de gran calado. En especial, la que toda especulación de Ciencia-Ficción tiene detrás “¿…y si esto fuera posible?”

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The Ritual, de David Bruckner y basada en la novela de Adam Nevill (Netflix)

Vista The Ritual, debo aclarar que todavía no he tenido ocasión de leer la novela en la que se basa, así que mis opiniones se centran exclusivamente  en  el film, ajeno a si es fiel o no a la obra original y centrándome únicamente en lo que me ha parecido la película por sí misma.

Personalmente, me ha encantado. Buena  mezcla de conceptos y ambientación de las que me gustan. Cuatro amigos, la inmensidad de las montañas, la soledad del bosque, el silencio solo quebrado por el crujir de las ramas rompiéndose mientras algo se acerca, la cabaña abandonada y lo que puede ocultarse allí, la paranoia adueñándose de la mente de los personajes, enfrentándolos,  y una atmósfera realmente angustiosa, sombría y claustrofóbica. Curiosa mezcla que nos puede sonar al principio como algo ya visto, pero que toma su propio camino y lo hace con acierto. Como decía muy acertadamente el bueno de Sergio Morcillo en su muro de Facebook, hay mucho de La bruja de Blair, de The Descent y de La Bruja, aunque yo añadiría El hombre de mimbre y As Above, So Below  a la ecuación. Esa extraña mezcla entre terror puro, delirio paranormal y survival horror le sienta como anillo al dedo, haciendo que el interés del espectador no decaiga durante todo el puñetero metraje. Lástima que ya en su desenlace, no logre estar a la altura y opte por irse a lo fácil. Es una pena, pero los cinco minutos finales, la forma en que cierra, me ha decepcionado ya a punto de terminar. Cinco puñeteros minutos en la conclusión pueden estropear el conjunto y devaluar una obra que hasta entonces, era casi perfecta.

Esperaba un acto final de contrición y penitencia, porque durante toda la peli, lo sucedido me ha parecido una suerte de alegoría sobre esa sagrada trinidad que tanto me gusta: Culpa, Castigo y Redención, como si el encuentro con lo que habita en el bosque, esa vieja herencia del folclore local y la mitología que se muestra como más allá de simples leyendas, hubieran  provocado eso, que esa entidad antigua, ese poder ancestral, estaba de algún modo probando al protagonista, dándole una oportunidad o castigándole por sus pecados.

ALERTA BREVE SPOILER.                                                                       

No sé si resultaría demasiado convencional o todo lo contrario, pero he estado esperando como un tonto a que el viejo dios olvidado le obligase a elegir y el protagonista volviese a aparecer entre las estanterías de la licorería e hiciera lo que se supone debía de hacer, vencer a su miedo y actuar, y si es necesario, sacrificarse en lugar de su amigo, una vez perdido el miedo, tras todo lo que ha perdido y haberse enfrentado a lo que se ha enfrentado, ya completamente agotado, solo queriendo librarse de esa carga.

FIN SPOILER

Ojo, paranoias mías, seguro. De todos modos, ya digo, salvo esos últimos cinco minutos, el resto me ha parecido una jodida delicia y pese a sus fallos y carencias (que las tiene), muy superior a lo que nos suelen ofrecer últimamente las pelis de este tipo.

Nadie que sea amante del género debería perderse esta pequeña joyita. Muy recomendable.

 

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Dark, de Baran bo Odar y Jantje Friese, de lo más recomendable de Netflix

Por Loren Lumiére López.

¿Alguien está viendo o ha visto Dark, la nueva serie de producción alemana emitida por Netflix? Tras verla, en mi caso tengo que decir que me ha gustando bastante. He leído por ahí que la comparan con ‘Stranger Things’ y no puedo estar para nada de acuerdo, salvo alguna cosa concreta que tiene en común. Son series con intenciones y trasfondo totalmente distinto.

Para empezar, Dark se aleja mucho del tono buenrollero de Stranger Things; es mucho más fría, sórdida y adulta en su conjunto, y porqué no decirlo, también en su guión y personajes (no digo que sea mejor o peor, solo que es muy distinta).

La serie maneja el suspense bastante bien y es mejor verla sin saber nada de ella. A destacar su ambientación, (que me parece muy particular y crea buena atmósfera), y el guión, que es muy bueno, el como se va hilvanando todo, y pese a que nos podemos oler la tostada en el capítulo 3 o 4, realmente la serie no va de “quién“, sino de “cómo” y “cuando” (como reza una de sus frases promocionales). Y ahí es donde Dark saca todo su potencial. Como punto negativo reconozco que en algunos tramos, llegando al final de la temporada, tanta información de los diferentes personajes y sus respectivos acontecimientos me llegaron a confundir y hacer que me perdiera un poco. No sé si será cosa mía, que soy muy torpe o quizás no está del todo bien explicado debido a la “densidad” de información, algo confusa a veces, aunque la serie hace todo lo posible por explicarlo (supongo que son conscientes de ello).

Más allá de su argumento me ha gustado mucho también la construcción (y deconstrucción) de los personajes. Aquí no tenemos buenos muy buenos o malos muy malos, son gente digamos gris, con sus virtudes, sus secretos y defectos, lo que los hace digamos más cercanos, pese a que por ello puedan crear a veces cierta antipatía; pero creo que es una virtud en este caso, sobre todo cuando ves la evolución de los mismos a lo largo de la temporada.

Hablar de cualquier otra cosa de ‘Dark’ sería rozar el spoiler, pero creo que es una buena serie, buena trama, curiosos personajes, bien llevada y bastante adictiva con un puntito “original” o digamos más “exótico” alejando del tono USA. El tema central por el que gira la serie me apasiona, da mucha chicha y creo que lo han explotado bastante bien.

Muy buena serie, muy recomendable.

 

Series: 3% (T1), en Netflix

Por Karol Scandiu

serie2Apostando por producciones propias y de calidad (la mayoría en mi opinión) Netflix llegó pisando fuerte a nuestros hogares. Un gran ejemplo de eso es la serie “3%” que ha sido para mí una de las sorpresas más gratas y frescas dentro del abanico de novedades actuales.

Grabada en Brasil (la primera serie por la que apostó Netflix en otro idioma que no el inglés), “3%” nos presenta un futuro distópico original y dramático, que ha logrado traernos con la primera temporada una gran premisa para su continuación que se encuentra en pleno rodaje.

La serie se centra en un futuro en el cual la élite social reside en una isla paradisíaca, lejos de las barriadas superpobladas. Para poder llegar allí y ser uno más de los privilegiados, una vez al año se llevan a cabo una serie de pruebas durante lo que llaman “El Proceso”; jóvenes que cumplen los 18 años se presentan en las sedes que están destinadas a eso, pero solo un 3% de cada grupo logra salir de la miseria y llegar a esa tierra prometida. Los que no consiguen hacerlo, regresan a las urbes y deben seguir sus vidas entre la pobreza que les rodea.

Una trama original, sencilla si solo se tiene en mente la sinopsis, sin embargo, al adentrarte en el mundo de “3%”, descubres los entresijos de una sociedad elitista e inmoral que lleva a cabo, nada menos, que una criba humana anual bajo la promesa de la vida perfecta que mantiene a los seres humanos sobreviviendo a toda costa decididos a cumplir con el sueño, otros a merced de un futuro incierto si no lo logran, y a los que finalmente lo hacen… ahí ya tengo que dejarles a vosotros descubrir lo que ocurre.

3%

Sin demasiadas florituras ni el uso exagerado de efectos visuales o especiales, ese futuro que podría estar tan cerca, nos trae sobre todo una crítica humana y social realista (algo que creo que debería hacernos sentir las obras dentro de ese género en concreto), un futuro que podría ser cierto sin ir más lejos de la propia actualidad en la que vivimos si no se cambia el rumbo; sin necesidad de catástrofes químicas, seres que regresan de la tumba, páramos desolados y rodeados de horrores, nos presenta ese mundo donde el que tiene, lo tiene todo, y el que no, solo dispone de una única oportunidad para conseguirlo… pero ¿a qué precio?

Recomendada al 100% para los amantes de las distópias limpias y sin más pretensiones que la de hacernos pensar y valorar (y también disfrutar de su historia) una serie para tener en cuenta y, por supuesto, estoy deseando esa segunda temporada, pues la primera nos presenta esa sociedad, sus reglas… lo que pasará de ahora en adelante, será todo un mar de sorpresas.

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Con guión de Pedro Aguilera y dirigida por grandes del cine brasileño como César Charlone, Daina Giannecchini, Dani Libardi y Jotagá Crema, espero con ganas su continuación para conocer más (y mejor) a los protagonistas. Con actores como Bianca Comparato (Michelle) o João Miguel (Ezechiel), “3%” ha empezado, lo que espero, sea un nuevo mercado de productos por los que apueste Netflix más allá de las fronteras de Hollywood, deseando con ganas que las producciones sigan este camino y esperando ver más series y películas con esa carga de originalidad y propuestas patrias.

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Cine: Soy la bonita criatura que vive en esta casa , de Osgood (Oz) Perkins

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Título original: I Am the Pretty Thing That Lives in the House

Año: 2016

Duración: 87 min.

País: Estados Unidos

Director: Osgood Perkins (AKA Oz Perkins)

Guión: Osgood Perkins (AKA Oz Perkins)

Fotografía: Julie Kirkwood

Reparto: Ruth Wilson, Lucy Boynton, Debbie Harry, Bob Balaban, Erin Boyes, Brad Milne

Productora: Netflix / Paris Film / Zed Filmworks / Go Insane Films

Género: Terror. Thriller | Casas encantadas

Sinopsis: Lily (Ruth Wilson), una enfermera muy asustadiza, entra a vivir en una casa llena de secretos. Su trabajo es atender a una escritora de novelas de terror muy desmejorada. (FILMAFFINITY)

Opinión personal

Acabo de ver “Soy la bonita criatura que vive en esta casa´´ y solo se me ocurre una palabra para definirla: Tediosa.

Lenta, aburrida, sin ritmo ni tensión. Recreándose en sí misma para no contarnos nada, salvo una brevísima historia que daba para corto de diez minutos. El miedo no se logra solo con oscuridad, planos supuestamente sugerentes y entidades que pasan por casualidad. Una trama que sí tenía chicha, pero que se ejecuta con un aire tan impostado, tan autocomplaciente, tan pretencioso, que olvida cuál es su verdadera función.

Estéticamente perfecta y sugerente, pero totalmente vacía de contenido y sentido narrativo. Pretende ser poética, intimista y evocadora, pero lo único que logra es aburrir al espectador.  Hay una tenue y frágil línea entre el preciosismo y  la ampulosidad y en esta ocasión se ha cruzado de largo, pasándose de frenada de manera imperdonable. Se salvan cinco minutos de la parte final y nada más. Y me chincha, porque la premisa es muy buena e intuyo que el propósito también, pero el mirarse el ombligo es lo que tiene, que no da para más…

 

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