Juglar, de Rafael Marín

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

juglarHoy venimos con Juglar, de Rafael Marín, novela que  resultó finalista del Premio Minotauro en el 2006 y que Sportula ha tenido a bien en recuperar en una nueva edición y nueva portada, permitiendo de este modo que todos aquellos que no pudieron disfrutar de ella en su momento,  tengan ahora  la oportunidad de dejarse seducir por una obra donde la mejor fantasía histórica, el género de aventuras e incluso la picaresca tradicional en todo su esplendor tienen cabida.

Abandonado de niño en un monasterio, Esteban de Sopetrán parece destinado a pasar su vida entre monjes, libros y rezos… Pero el destino no quiere que esa sea su vida: no tardará en abandonar el monasterio como escudero de don Fernán y, de manos de su señor, descubrirá que el mundo está plagado de oscuras fuerzas mágicas para las que está dotado de un modo innato. A partir de ese momento, su vida se convertirá en una sucesión de aventuras y desventuras, una búsqueda personal en la que su camino se cruzará varias veces con el de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

A caballo entre la fantasía y la historia, el horror y la magia, la guerra y el amor, Rafael marín construye en Juglar una epopeya fascinante en la que lo picaresco, lo mágico y lo épico se combinan a la perfección para reconstruir un siglo XI fantástico e inquietante.

Cabe destacar lo ambicioso de la obra. Una prosa trabajada, con cadencia y ritmo, muy entretenida, que nos presenta a unos personajes bien construidos y que nos sumerge por completo en una época de nuestra historia maravillosa y trascendental, utilizando elementos fantásticos que se alejan de la corriente anglosajona y recuperan la imaginería popular, trayendo de vuelta esos mitos y leyendas que nos son propios y que desgraciadamente, han quedado demasiado relegados en el olvido.

Esteban de Sopetran, nuestro protagonista principal, es toda una imagen arquetípica. Huérfano. Aventurero. Juglar. Pícaro desvergonzado. Escudero. Mago.  Un héroe por excelencia, destinado a vivir mil aventuras y dejar huella allí por donde pasa. Tras ser abandonado en un monasterio y quedando al cuidado de los monjes, su destino le llevará años después a abandonar el convento  siendo el escudero de un noble que le iniciará en los secretos de la Magia y también, a conocer a quien en el futuro, se convertirá en un héroe legendario: Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid Campeador. Ambos personajes se reencontrarán a lo largo de sus vidas en reiteradas ocasiones, como si sus destinos estuviesen ligados de algún modo. Y al final del camino, cuando al valiente Rodrigo le llega la hora, cuando con su muerte nace la leyenda que  ha perdurado hasta nuestros días, Esteban estará allí, como parte fundamental de la misma, aunque su nombre no sea recordado en la posteridad.

Resulta curioso que la presencia del Cid sea a la vez, uno de los mayores alicientes de la obra y al mismo tiempo, uno de sus mayores  hándicaps. Es evidente que cuando Rodrigo hace aparición, la novela gana enteros y eso es porque su figura llega a eclipsar al verdadero protagonista.  Esteban, aún con todo su carisma y personalidad, a pesar de todas sus aventuras y sus tribulaciones, palidece y queda relegado a un segundo plano ante la imponente figura de Rodrigo, que acapara toda nuestra atención. Mientras el Campeador no entra en escena, las andanzas de Esteban nos resultan más que interesantes; divertidas en ocasiones, trágicas en otras, interesantes todas ellas.  Su talante, su desparpajo, su forma de hacer las cosas, nos enamora por completo y resulta uno de los mejores personajes que uno pueda encontrar en una novela de este tipo. Pero es que El Cid se lo come, casi sin pretenderlo. Buena culpa de ello es el peso de su imagen en el colectivo popular, en cómo ha calado en nuestras mentes y lo arraigada que tenemos su figura en nuestro subconsciente. La mitomanía generada alrededor de Rodrigo la llevamos instalada de fábrica y resulta imposible competir contra eso.

rafaOtro detalle que hay que señalar es la cantidad de cosas que le suceden a Esteban. Un personaje como este, necesitaría de muchísimas páginas más para desarrollarse como merece.  Las aventuras de nuestro héroe dan para varios volúmenes y el aglomerarlos todos en una sola novela, hace que en ocasiones  la narración se vuelva algo atropellada, sin lugar para el descanso, sucediéndose situaciones y sucesos uno tras otro, sin dejar respirar al lector. No hay transición entre unos hechos y otros, a pesar del tiempo y la distancia entre ellos. Eso hace que nos quedemos a veces con ganas de saber, de conocer más a fondo o simplemente,  de tomarnos un respiro, algo que no sucede, obligándonos a seguirle ese ritmo endiablado a la historia. Estamos ante uno esos raros casos en que uno pediría muchas más páginas, no para que nos cuente nuevas historias, sino para que se explayase con las que ya contiene. No hay paja ni relleno y le vendría bien poder desarrollar sin prisas ni vértigo lo que se nos expone. Me atrevería incluso a pensar en que una saga en condiciones le haría justicia, un par de títulos, donde el ritmo fuese ligeramente más pausado y  deteniéndose en los detalles, en las formas, en profundizar, sin agobios ni apremios.

A pesar de estos dos puntos mencionados, hay que dejar claro que Juglar es una obra muy, muy recomendable,  que se lee en un suspiro y que  cumple con creces nuestra expectativas.  Una lectura muy satisfactoria, que como digo, nos trae de vuelta  a un héroe por el que muchos sentimos pasión, con un protagonista  de esos que calificamos emblemático, como un golfo encantador con talento y gracia, y lo que más me ha gustado: El hacer uso de una tradición fantástica propia, nuestra, que resulta un placer recuperar y ver utilizada con tanto acierto, con un nivel muy por encima de lo que suele ser habitual en este tipo de historias.

 

 Juglar

 Rafael Marín

 Editorial: Sportula

ISBN: 9788415988397

Páginas: 292 pág.

PVP: 16€ (eBook: 3,50€)