El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers

Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le ofrece un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.

La tripulación está compuesta por individuos de diferentes planetas, especies y géneros; desde Sissix, la amistosa piloto reptiliana, a Kizzy y Jenks, los ingenieros que mantienen la nave en funcionamiento; pasando por Lovey, la IA de la Peregrina. La vida a bordo es caótica, aunque bastante relajada: justo lo que Rosemary necesita.

Hasta que les ofrecen el trabajo de sus vidas: la oportunidad de construir un túnel hiperespacial a un lejano planeta. Si completan el encargo, ganarán el suficiente dinero para vivir holgadamente durante años… Pero antes deberán sobrevivir al largo viaje a través de los confines del espacio.

Sin embargo Rosemary no es la única persona a bordo con secretos que ocultar, y la tripulación pronto descubrirá que el espacio puede ser vasto, pero las naves espaciales son muy pequeñas.

 Hace ya semanas que terminé la lectura de la que quiero hablaros. Si he tardado tanto en escribir la reseña de EL LARGO VIAJE A UN PEQUEÑO PLANETA IRACUNDO, ha sido por un único motivo: Tenía tal subidón, me había parecido tan y tan redonda, que quise darme un margen razonable de tiempo, para que esa euforia desbocada se diluyese y poder distanciarme lo suficiente para  valorar el poso que había dejado tras la impresión inicial. El resultado no tiene misterio alguno: Me sigue pareciendo una jodida delicia, una de esas joyas que se va a quedar formando parte de mi selección personal de por vida. Una obra a la que sé que regresaré de vez en cuando para volver a disfrutar de lo que me ofrece, más allá de una simple lectura.

A partir de una premisa tan sencilla como es el relato de un largo viaje a bordo de una nave de trabajo, con una tripulación variopinta por la que sentiremos una empatía absoluta, esta suerte de road-movie  vestida de space opera se sirve de esa simple excusa para presentarnos a un grupo de seres tan dispares y distintos entre sí (y a la vez tan similares en algunos aspectos), que se encargarán de hacernos reflexionar sobre algunos de los grandes temas que siempre nos han llevado de cabeza a la raza humana., a través de sus aventuras y vivencias personales.

La novela, bien escrita, con un estilo en apariencia sencillo, pero con una  profundidad inesperada, que atrapa nuestra curiosidad desde el primer momento y nos hace sentir cómplices de la historia. Con capas y más capas donde en ese contexto de viaje espacial, de pequeña comunidad multicultural convertida casi en familia a causa de las circunstancias, los personajes te dan una lección de vida tras otra, mediante las peculiares formas de considerar y afrontar los hechos según su particular razonamiento, que entenderemos a través de sus experiencias vitales. En cierto modo, bien a ser como en esos viejos cuentos con moraleja, con la diferencia de que en este caso no hay espíritu adoctrinador alguno, sino que se limitan a ofrecemos alternativas que nos obligan a replantearnos ciertos aspectos de nuestra propia naturaleza. Todo ideas preconcebidas y condicionadas: Nuestros prejuicios, nuestros valores y nuestras verdades absolutas, puestas en entredicho. Distintas historias que incluyen a toda la tripulación o  de manera individual a alguno de ellos, y cuya intencionalidad última, uno pilla a la primera y nos hace meditar sobre aquello que creemos que nos distingue siempre a los humanos. Nuestros miedos, nuestros defectos, nuestras relaciones y nuestras esperanzas. Nuestras certezas y nuestras dudas, vistas desde una perspectiva distinta que nos obliga a abrir los ojos a una realidad que nos empeñamos en cuantificar, cualificar, catalogar y reducir hasta una visión tan ínfima, reducida y condicionada que nos impide crecer.

Mención aparte para el traductor de la obra, Alexander Páez, que ha sabido mantener ese tono, esa peculiaridad que define a cada uno de los personajes y que resulta tan importante para que la novela funcione. Un excelente trabajo por su parte.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo se ha convertido en uno de mis libros de referencia y tanto por  la historia, la prosa, la aventura que nos propone, los personajes y lo que encierra en sus páginas, sé con certeza absoluta que os va a encantar.

La editorial Insólita está haciéndose un nombre por méritos propios, publicando maravillas como esta, dejando el listón a niveles estratosféricos. Bien por ella.

 

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo

Becky Chambers

Insólita Editorial

ISBN: 978-84-947020-4-4

Páginas: 512 pág.

PVP: 22,95€

https://lektu.com/l/insolita-editorial/el-largo-viaje-a-un-pequeno-planeta-iracundo/8245

 

 

Vienen cuando hace frío, de Carlos Sisí

Buenas tardes/noches, mis queridos Lectores Ausentes…

Pues que me acabo de ventilar esta misma mañana Vienen Cuando Hace Frío, de Carlos Sisí y así tal cuál, en caliente, solo puedo decir que me lo he pasado como un jodido enano.

La crisis económica azota Estados Unidos. Joe Harper acaba de perder su empleo y decide abandonar Baltimore y mudarse a la cabaña que su abuelo, el mítico Cerón Harper, le dejó en herencia cerca de Sulphur Creek, en las montañas de Canadá. Es un lugar remoto y aislado, al lado de un parque natural, ideal para vivir con poco dinero mientras espera a que todo mejore. Para su sorpresa, pronto descubre que Sulphur Creek se vacía durante los duros meses de invierno. Con cualquier excusa, los lugareños abandonan el pueblo para mudarse temporalmente. Un hecho curioso, que Joe atribuye a las extremas temperaturas, pero que parece adquirir otro significado cuando uno de sus vecinos le susurra: «No pase aquí el invierno. Ellos vienen. Vienen cuando hace frío».

Me repatean esas afirmaciones tan gastadas de “fulano es el Stephen King español” y desde luego, Carlos no es King ni maldita falta que le hace. Sisí tiene su estilo propio, su sello reconocible y que define por si mismo sus obras al punto de decir cuando lees algo suyo aquello de: “Si, esto es de Carlos, sin duda“. Pero he de reconocer que en esta ocasión y sin que sirva de precedente, solo expuesto como algo anecdótico y siempre según mis impresiones, la verdad es que una vez pasada la última página, me ha venido a la cabeza una referencia, tanto a nivel narrativo como estilístico. Una de las obras del Maestro de Maine: Desesperación.

Más allá de buscar similitudes ni buscarle parecidos, es la propia narración en sí, tanto por su ritmo como por su forma y por su prosa, así como unos pocos elementos comunes que coinciden, que mi cerebro ha hecho esa conexión involuntaria y de la que he sido consciente sin venir a cuento.

Dejando esa asociación personal y sin fundamento alguno más allá de mi propia percepción, he de decir que Vienen cuando hace frío me ha parecido una jodida delicia. Un caramelito. Una chuchería, una pastilla de chocolate, dulce e intenso, que se deshace en la boca dejando ese regusto tan especial, que hace que sonriamos.

Ágil, muy fluida, con un ritmo siempre acertado y adaptándose a las necesidades que en cada momento requiere la narración, me ha hechizado ya desde las primeras paginas, trasladándome por completo a la historia, metiéndome en la trama y desconectándome del mundo real.

Un excelente tratamiento de los personajes ( pocos, pero más de lo que pensaba en un principio y además, más complejos de lo que pudiera parecer a priori), haciendo que empaticemos con un tipo que en un primer momento, no tiene nada que ver con nosotros y todo ello en un escenario que, a pesar de parecer recurrente dentro del género de terror, no tarda en darnos más de una sorpresa . O varias.

Diría que hay tres partes diferenciadas en la novela, aunque no sea algo especificado por el autor, sino por el propio devenir de los acontecimientos y la atmósfera que se respira en cada una de ellas, que hace que el lector sea consciente de esa evolución.
Muy bien escrita, atreviéndose a probar cosas nuevas y saliendo, de alguna manera que no sé bien cómo explicar, de su zona de confort, Carlos nos trae una historia de terror que va a más y más; y que no se queda solo en eso, sino que se arriesga a ir un paso más allá, por unos derroteros que sin abandonar el género, si se adentran en otras fórmulas del fantástico que, al menos a mi, me han encantado. Ya sabéis de mis gustos personales y cual de las facetas del mismo es la que más me apasiona, así que ahí lo dejo. Me atrevería a decir que esta novela se sitúa por méritos propios, aunque de forma inesperada, entre las tres mejores obras del autor.

No me enrollo más. Solo decir que la he disfrutado muchísimo, que se me ha hecho corta, pero siendo una experiencia muy, muy intensa. Que Sisí demuestra que aprende constantemente en su trabajo como autor, sorprendiéndonos con nuevas herramientas, registros,  recursos y trucos de magia del oficio de escribir, cosas chulas en cada nuevo proyecto que nos presenta y eso se nota a nivel de calidad literaria. Y que a pesar de todo, Carlos es de los que ve el vaso medio lleno, por jodidas que nos vayan las cosas a todos los niveles, sea en la ficción o en el mundo real, aunque no lo merezcamos.

Muy, muy, muy recomendable. Tardáis en poneros con ella.

 

Vienen cuando hace frío

Carlos Sisí

Editorial: Insólita

ISBN: 978-84-947020-2-0

PVP: 18,27€