VIAJEROS EN EL TIEMPO: FUNCIONARIOS vs MERCENARIOS

Por R. G. Wittener

 

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Vaya por delante que soy “ministérico” desde que la serie echó a andar. Aunque, por supuesto, al principio tuve miedo a que la incursión de TVE en la ciencia-ficción acabase siendo un fiasco; pero para el segundo episodio ya era un fan incondicional, y he disfrutado mucho cada temporada. Así que, cuando comenzó a circular la noticia de que la NBC había plagiado el Ministerio del Tiempo, y los foros se llenaron de aficionados que clamaban cielo por las malas artes de los americanos, no tardé en aprovechar la oportunidad y comprobar por mí­ mismo lo que se decí­a. De hecho, la he seguido hasta el último capítulo de su única (¿o no?) temporada. ¿Mi opinión? Que al final, y después de todo, son dos series de entretenimiento para los aficionados al viaje en el tiempo, pero se trata de dos productos diferentes.

¡OJO! Posibles SPOILERS a partir de este punto.

DIFERENCIAS SINGULARES:

Una de las bazas principales de El Ministerio, si no la más importante, es la de contar con personajes de distintas épocas históricas entre sus protagonistas y poder jugar con esa sorpresa respecto al presente, o a momentos de su “futuro relativo”. Y aunque con Amelia Folch se ha seguido un proceso muy rápido de asimilación al siglo XX, Alonso de Entrerrí­os sigue ofreciendo momentos simpáticos a costa de los choques culturales.  En cierto modo, es una fórmula similar a la usada en Star Trek o Los Guardianes de la Galaxia, ya que los guionistas disponen de una lista infinita de personajes del pasado para reclutar; y, como si de razas aliení­genas se tratasen, cada uno de ellos puede aportar su peculiar idiosincrasia a la trama argumental. En Timeless no disponen de ese ingrediente (y bien que les vendí­a contar con un Spínola o un Velázquez, por poner un ejemplo).

Otra diferencia radical entre ambas series radica en las puertas del Ministerio. La serie de la NBC juega con dos máquinas del tiempo que se persiguen la una a la otra (los protagonistas deben correr detrás de su enemigo para evitar que cumpla el malvado plan de turno), mientras que El Ministerio puede desarrollar sus tramas en múltiples momentos de la historia, ya que tiene acceso simultáneo a todos ellos. Eso le ha permitido desarrollar argumentos en las que sus patrulleros estaban resolviendo casos en diferentes épocas a la vez.

MDTT1En la última temporada de El Ministerio se han tomado algunas decisiones controvertidas, pero la máxima que lo rige está muy clara: preservar la historia, tal y como se conoce en la actualidad. En ese aspecto, Timeless es (era) totalmente divergente: desde el primer episodio (y aunque la idea de “proteger la historia” estaba ahí­), se ha ido cambiando el pasado; unas veces en aspectos relevantes y otras en detalles más nimios, pero el presente de sus protagonistas ha variado a medida que transcurrí­a la temporada. Algo que, por otro lado, constituye una de las premisas de la serie y define la naturaleza de su antagonista; pues el presente serí­a el resultado de la manipulación ejercida por una sociedad secreta (Rittenhouse), en su único beneficio. De hecho, este enemigo cuyos hilos invisibles lo emponzoñan todo (y que tendría entre sus miembros a Ford, Edison o Lindbergh) me resultó más atractivo que la organización Darrow (por más que fuera un guiño a Las Puertas de Anubis y, por ende, a los fans del género). Porque, como villano, me pareció más sólido.

A pesar de que ambos equipos son un trí­o, las diferencias entre ambos son mayores que sus parecidos. De hecho, como en Timeless ya contaban con dos personajes blancos, el tercero en discordia es negro (la cuota de minorías raciales, ya saben): un ingeniero en la mejor tradición del pardillo salido de un suburbio gracias a su cerebro, y con escaso talento social o para la acción. De hecho, mientras que Alonso de Entrerríos es “el músculo caballeresco” del equipo, y proporciona ese “sentido de la maravilla”, Rufus Carlin apenas cumple otra función que la de chófer en la máquina del tiempo, ya que la segregación racial lastra en demasía su capacidad para poder actuar con libertad en las misiones.

Por supuesto, las acusaciones de plagio contra la NBC debían de tener algún fundamento. Pero, aún así­, yo no acabo de ver tan claro que hubiese base para una demanda. En cualquier caso, estos serí­an los PARECIDOS RAZONABLES:

El viudo atormentado. En ambas series, uno de los protagonistas masculinos ha perdido a su pareja en circunstancias traumáticas y querrá enmendar ese “error” viajando al pasado. Situación que, de paso, se aprovecha para desarrollar una trama de tensión sexual “no resuelta” con su compañera de misión.

La mujer de ciencias. También hay parecidos entre Amelia Folch y Lucy Preston: las dos son “enciclopedias de historia”, sacadas del mundo académico y puestas al mando de sus patrullas que, además, acaban teniendo escarceos amorosos con sus compañeros, condenados a no llegar más lejos. Pero yo señalarí­a que, a Amelia, el Ministerio le ha servido para realizarse como persona. Sin renegar de su época, es obvio que prefiere el presente y la libertad de ataduras que le ofrece. Para Lucy, sin embargo, la máquina del tiempo es su única solución para recuperar una vida y una familia que ha perdido en el primer episodio, y que por tanto sólo le está causando dolor.

Las dos series cuentan, también con anarquistas del tiempo. Traidores que “desean crear un presente mejor”; cambiar la historia por los medios que sean precisos, aunque eso signifique matar. Ambos encarnan así­ la premisa principal de sus argumentos respectivos: la certeza de que, si tuviera los medios, cualquier ser humano intentarí­a cambiar la historia a su favor. Y aunque tengan motivaciones “nobles” (¿quién no querría ahorrarle a la humanidad tantas y tantas desgracias?), les acaba cegando su afán por cumplir esa misión (en el caso de García Flynn, en Timeless, impulsado por el deseo de venganza). Eso si­, mientras la Lola Mendieta de El Ministerio del Tiempo era el enemigo a batir desde un principio (aliada con el grupo Darrow), García Flynn comenzaba con ese mismo papel y luego íbamos descubriendo que, en realidad, era un trasunto de Sarah Connor: conocía el futuro y sabía lo que podí­a pasar si la máquina del tiempo acabase controlada por Rittenhouse. Y lo paradójico es que, en la serie donde el presente se volví­a cada vez más y más impredecible y peligroso, lo único inmutable era la certeza de que uno de los protagonistas acabaría aliado con el traidor.

Recapitulando, el resultado que obtengo al hacer esta comparación es que Timeless y El Ministerio son dos series con parentescos, pero diferentes (en cierta manera, ocurre una divergencia similar a la que hay entre la saga literaria de Juego de Tronos con la serie de televisión). Los aficionados a las tramas de conspiraciones en las sombras (con reminiscencias de Dollhouse) tienen la serie perfecta en Timeless; el Ministerio del Tiempo juega más en la categoría de las aventuras clásicas. No hay (o no habí­a, hasta ahora), una amenaza que se cierna sobre sus protagonistas, lista para atacarles donde menos se lo esperan. Y mientras los patrulleros harán lo imposible para devolvernos a esa realidad que, aunque áspera, tan familiar nos resulta, a los chicos de Timeless no sabemos qué presente (o futuro) les espera; pero la distopía llama cada vez con más fuerza a la puerta de su máquina del tiempo.

 

Las Puertas de Anubis, de Tim Powers

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.

lpdaHoy venimos con Las Puertas de Anubis, de mi idolatrado Tim Powers, uno de esos títulos imprescindibles que cualquier aficionado al género debería tener en su biblioteca y que ha sido reeditada por Gigamesh en su colección Omnium.

Brendan Doyle, un profesor de literatura especializado en el romanticismo inglés, es invitado a dar una conferencia sobre Coleridge y a viajar al Londres de 1810 para encontrarse con él. Pero su viaje se complica de forma inesperada y acaba varado en el pasado, prisionero de una compleja red de intrigas que transforman su vida en una pesadilla. Las puertas de Anubis, verdadera obra de culto de la fantasía, es una de las historias de viajes en el tiempo más elegantes jamás contadas, así como una prodigiosa novela de aventuras repleta de acción, imágenes inolvidables y continuos destellos de un finísimo sentido del humor.

Los viajes en el tiempo han sido siempre uno de esos temas que fascinan a los amantes del fantástico y buena muestra de ello es el innegable éxito que ha tenido esa pequeña joyita que es El Ministerio del Tiempo, serie española que ha creado un fenómeno fan sin precedentes y que le debe muchísimo a la obra que tenemos entre manos.

En Las Puertas de Anubis, Tim Powers  nos propone un viaje al pasado en el que nada sale como se esperaba, con esa fórmula que tan bien le funciona como es mezclar rigor histórico, escenarios reales y personajes reconocidos de la época con la magia más oscura y ancestral. Y siempre esa suerte de ejercicio metaliterario que es ya inherente en sus historias, en esta ocasión de un modo más evidente todavía.

Brendan Doyle, nuestro protagonista, es un profesor de literatura inglesa que se embarcará en una inesperada aventura en la que se suponía iba a conocer  a uno de sus autores románticos más admirados,  Samuel Taylor Coleridge . Lo que desconoce es que en realidad, va a ser víctima de un complot por parte de alguien que quiere cambiar el curso de la historia y que para ello, se valdrá de antiguos y oscuros poderes para traer de vuelta a los viejos dioses. Doyle se verá atrapado en una época que no le corresponde y va a conocer de primera mano ese Londres victoriano del que hablaba en sus clases, con sus maravillas y sus miserias.

Y es ahí, en la elaboración de ese Londres  decimonónico  donde Powers lo borda, aunque eso es algo que ya sabíamos. La descripción de la ciudad, de sus gentes, de sus callejones y tugurios, de sus claroscuros, de su faceta más deprimente y miserable, donde solo los oportunistas y los pillos logran sobrevivir.

lpda1Como en Gangs of New York, salvando las distancias, veremos como esos pequeños grupos de rateros, pordioseros y criminales se unen en bandas, casi hermandades, tomando el control de las distintas zonas  de la ciudad, rapiñando y creciendo  mientras mantienen las distancias con la competencia, en una guerra encubierta.  Esas bandas, son aquí retratadas con acierto y se convierten en un elemento fundamental para conocer la realidad de una metrópolis demasiadas veces idealizada. Con innegables reminiscencias a Dickens cuando se trata de conocer los laberínticos empedrados de la ciudad, de sus callejuelas más estrechas, sus alcantarillas, tejados, muelles y cementerios,los abusos de la ley y el ingenio de los mendigos y delincuentes, así como sus peculiares reglas y sentido del honor, resulta una verdadera delicia sentirse transportado a ese lugar, en ese momento. Personajes bien construidos y con carisma, que he de decir que en algún momento me han parecido mucho más interesantes que el propio héroe y que merecían tomar más protagonismo o incluso ser aprovechados para nuevas historias. Me ha fascinado como el autor se vale de ellos para tejer ambos aspectos: La realidad más cotidiana y el elemento terrorífico, a través de algunos de sus miembros. Criaturas con rasgos humanos, pero que son verdaderos monstruos, seres aterradores, figurados o reales.  Lo que en principio podría parecer casi una caricatura (el ejemplo más evidente es el de cierto payaso titiritero que después se muestra como un autentico monstruo o  esas pálidas y deformes criaturas, espectros femeninos habitantes del submundo, bajo los cimientos de la ciudad), dota a la lectura del mejor horror gótico, aunque a la vez también de una pátina de sutil e inteligente sentido del humor, que casa a la perfección con el tono de la novela. Es difícil conjugar esos distintos aspectos (el costumbrismo de la época, el terror y el humor), pero Powers lo logra sin aparente esfuerzo. Y la magia, el elemento paranormal, como excusa, como causa y como herramienta para contarnos las andanzas de un pobre diablo que al final, irónicamente si cumplirá su sueño, aunque no del modo que creía.

Desde el misticismo del Antiguo Egipto a nuestros tiempos, pasando por magos, doppelgängers  y maquiavélicas confabulaciones e intrigas, acecha la eterna pregunta sobre si el destino está ya escrito o podemos cambiar las cosas, si acaso somos nosotros quienes lo escribimos con nuestros actos y decisiones.Esos son los ingredientes de una maravillosa aventura que solo puedo recomendar a todo el que me pregunte. La considero una obra imprescindible.

Por cierto: Los Beatles molan. Y la pedazo ilustración de cubierta del maestro Corominas, todavía más…

 

Las puertas de Anubis

Tim Powers

Editorial: Gigamesh

Páginas: 439 pág.

PVP: 8 euros (Ómnium)

 

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