Las estrellas, mi destino (Tigre, tigre), de Alfred Bester

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy quiero hablaros de Las estrellas, mi destino (también conocida como Tigre, Tigre), de Alfred Bester, una novela que a mi juicio, es una de las mejores obras de ciencia ficción que me he echado a la cara.

En el siglo xxv, cuando las técnicas de teleportación han cambiado de forma radical la sociedad de la Tierra, un hombre motivado por pasiones extremas emprende un carrera desesperada por cambiarse a sí mismo. Gully Foyle fue abandonado a su suerte y logró sobrevivir milagrosamente a una situación sin esperanzas; desde entonces ha venido acumulando riquezas y poder con un único objetivo: vengarse.

Alfred Bester nos ofrece una revisión de otro viejo clásico como es El conde de Montecristo, pero lo hace con una historia futurista cruda, violenta y que se aleja de cualquier atisbo de nobleza o de heroicidad. Su protagonista se mueve por el odio más visceral, intenso y desproporcionado que haya visto antes y cualquier medio, cualquier acción que le permita llevar a cabo su venganza, es válido, sin temer ni preocuparse por a quienes pueda dañar en su locura. El personaje, un tipo rudo, tosco y embrutecido, carente de cualquier tipo de remordimiento, solo tiene un objetivo tras sobrevivir al episodio que en apariencia, da lugar a todo y eso hace que resulte prácticamente imposible sentir empatia por él. No hay justificación alguna para sus acciones, más las que ese deseo de venganza que a todas luces, resulta excesivo y desproporcionado, convirtiéndole a si mismo en un villano despreciable que campa a sus anchas, dejando tras de si un rastro de dolor, traiciones y destrucción. Hay que reconocerle el valor que surge de la locura, desesperación y la obsesión, que le hacen tan temerario e impredecible como para salir de cualquier situación, por peliaguda que sea, pero no hay nada de admirable en ello, si no algo que temer.

No es el amor lo que todo lo puede, la fuerza más poderosa del universo. Es el odio, convertido en motivación, en combustible, en razón única para seguir adelante, alimentándose de él para seguir en pie. Tanto es así, que el autor logra con su personaje que uno, de manera extraordinaria, olvide por un momento su aversión y asco generalizado por los héroes inmaculados y de pureza absoluta, amparados por la verdad y la razón, y vea al rebelde, no como un héroe que salva la situación enfrentándose a las injusticias del poderoso, sino como un ser vulgar, subversivo y sin moral alguna, un villano en potencia, un ser despreciable que hará cualquier cosa por alcanzar su objetivo, cosa que en cierto modo, no me desagrada en absoluto. No lucha por la libertad, ni por el honor, ni siquiera por defender al débil o al oprimido. Lucha por su propia causa, ya no perdida, si no absurda, demencial e interesada.

Y al llegar al final, la sorpresa. El ser humano, capaz de las más increíbles maravillas y de las más terribles bajezas. Es su condición. Reyes, mendigos, nobles o perversos. No hay un destino prefijado. No hay un Dios que marque nuestro devenir. Cada uno de nosotros elige su camino, dirige sus propios pasos, toma sus propias decisiones, es dueño de sus actos y así debe ser. No importa si eso nos lleva a la grandeza o si nos convertimos en monstruos. No importa si vence la luz o si el fuego nos destruirá. Ese poder de elección es lo que nos hace humanos.

Gigamesh recupera esta vieja joya de la ciencia ficción en su colección Omnium, en un formato económico, pero de gran calidad, apto para todos los bolsillos y con una edición cuidada con esmero pese a su condición de bolsilibro.

Una lectura muy, muy recomendable, un clásico por méritos propios por todo lo que supone y que creo que cualquier aficionado al género debería conocer, ahora sin excusas.Las estrellas, mi destino.


Alfred Bester
Editorial. Gigamesh (Omnium)
ISBN: 9788416035953
Páginas: 240 pág.
PVP: 8€

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SERIES: ALTERED CARBON, ¿El espíritu sobre la carne?

Por R. G. Wittener.

Si me guío por mi propia experiencia, la última serie de éxito producida por Netflix debe de estar haciendo muy felices a los aficionados a la Ciencia-Ficción. Para los veteranos, sobre todo, ofrece una combinación de elementos nuevos y “homenajes” a obras anteriores que ayudan a vincularla con universos ya conocidos por mera similitud visual.

En principio, Altered Carbon se presenta como una distopía ultra científica; pero desde el primer episodio comienza a desarrollarse bajo las líneas argumentales de una novela hard-boiled, evolucionando hacia el final de modo que acaba siendo una historia de aventuras a lo Misión Imposible (o un western de venganza, no sabría decidirme por estas dos opciones). La acción transcurre a finales del siglo XXIV, en una sociedad transformada por dos hitos científicos radicales: la capacidad para almacenar toda la información del cerebro humano en un dispositivo electrónico, y la posibilidad de crear cuerpos nuevos (con características por encima de lo normal, incluso) para sustituir a los dañados o afectados por enfermedades, la vejez, etc… De hecho, cambiar de cuerpo se considera tan habitual que el nuevo término para designarlo es “funda“. En términos sencillos, se ha puesto al alcance de la humanidad la inmortalidad. Sin embargo, como he dicho, este es un universo distópico, y los verdaderos avances de esta tecnología han quedado reservados para el uso y disfrute de quien pueda pagarlos. Limitando las opciones de la gente normal a “reutilizar” fundas de segunda mano, endeudarse para pagar la producción y mantenimiento de un clon al que ser transferido si ocurre algo malo, o permanecer “dormido” en el dispositivo que sirve de almacenamiento de memoria (la “pila“), a la espera de ser resucitado. Y toda la trama de la serie gira en torno a esta futurible sociedad, y a toda una variedad de problemas derivados de que esa tecnología se hiciera realidad, que se plantean al respecto.

El primer conflicto que se plantea es el de la identidad del individuo, y su vínculo entre lo físico y lo intelectual. Algo que aparece al presentarnos al protagonista, Takeshi Kovacs, cuya mente había permanecido encarcelada durante 250 años hasta que un Mats (abreviatura de Matusalén, usada para calificar a aquellos tan ricos y poderosos que llevan siglos transfiriéndose de un cuerpo a otro) paga su resurrección. Y entonces descubrimos que, sin el dinero necesario, las personas pueden acabar “re-enfundadas” en cuerpos de distinto sexo, o de edades diferentes (adolescentes en el cuerpo de ancianos), porque deben contentarse con lo que les ofrece el sistema penitenciario (que encierra mentes y saca tajada reaprovechando las fundas de sus reclusos, si es que ningún allegado paga por evitarlo).

El dilema de la identidad ligada a lo físico se plantea de diversas maneras durante la historia: desde el mero robo de identidad, si se consigue transferir la memoria a una funda idéntica a la que esté usando otra persona; al problema de encontrar el cuerpo de alguien que te importa “ocupado” por otra persona que ha sido re-enfundada en él; hasta el drama (o la comedia) de que un ser querido sea re-enfundado en un cuerpo que nos resulta totalmente ajeno. Y es que, en ese sentido, el universo de Altered Carbon se decanta por considerar casi indisoluble la mente con el cuerpo en el que nace; planteando la posibilidad de sufrir un trauma psíquico de resultas de ser re-enfundado en demasiados cuerpos distintos. Amén de que, para quienes pueden pagarlo, los implantes y las mejoras exóticas se convierten en una forma de unir el aspecto físico con el ego de la persona.

Todo lo anterior afecta en especial a la gente de a pie, pero pronto acabamos descubriendo que ni siquiera los Mats estarían a salvo de resultar perjudicados por este nuevo orden social. Para empezar, la vida eterna serían una jaula de cristal para los hijos de los Mats. Si tu padre no va a morir, la sucesión es una quimera. Para quienes no fueran capaces de buscar una vía para la “emancipación personal”, la serie les augura un futuro tratados como niños por muchos siglos que cumplieran. Y algo parecido se plantea con el matrimonio, ya que las parejas se verían abocadas a una convivencia infinita procurando aceptar (o ser ciegos) a los deslices del otro (una visión un poco reducida por parte de los guionistas, obviamente, ya que tampoco sería extraño pensar en todo lo contrario: que los Mats fueran cambiando de pareja a medida que se aburriesen el uno del otro).

Por encima de todo eso, sin embargo, asoma un problema mucho mayor: el hastío. Cuando uno dispone de todo el tiempo del mundo, cualquier cosa puede dejar de ser entretenida o divertida. Sentirse maravillado se vuelve más difícil. Y en la serie eso se considera como el motor hacia los peores instintos del ser humano. Los Mats, a pesar de sus cuerpos perfectos y sus hogares llenos de arte magnífico, no son elfos de Tolkien. En todo caso, serían elfos de la tradición nórdica. No solo le han perdido el miedo a la muerte, si no que han llegado al punto de disfrutar haciendo uso de su poder para ver morir a otros. Y, como de hecho están en una posición que les hace casi intocables por la ley, su morbo no se limitaría a simples juegos de gladiadores, dando riendo suelta a deseos mucho más horrendos. Al poder pagar un cuerpo de reemplazo, ¿por qué no permitirme un sadismo desbocado, si la otra persona puede ser transferida a un clon cuyo físico está intacto? ¿Por qué no ir un poco más allá?

Es el peligro de esta casta de inmortales deshumanizados contra lo que se postula la serie. Aunque, respetando su espíritu distópico, no llega a ofrecer una solución efectiva. Los movimientos revolucionarios que pusieran en peligro el status quo de los Mats estarían, obviamente, abocados a sufrir una represión absoluta por el gobierno (que sería decir lo mismo que los Mats); y la única vía de resistencia que se postula queda en mano de los ortodoxos religiosos, cuya renuencia a aceptar la prolongación de la vida se reduciría a las clases bajas.

En cuanto a la trama y su universo, creo que eso es todo lo que puedo comentar sin fastidiarle el visionado a nadie. Así que paso a comentar las similitudes estéticas y temáticas con otras obras de ciencia-ficción. De las cuales, la más obvia es Blade Runner. Con esas imágenes suburbiales, los toques de inspiración nipona, la oscuridad perenne y la lluvia constante, además de los aerovehículos que usan para desplazarse por Bay City. De hecho, teniendo en cuenta que hay la posibilidad de modificar las fundas con especificaciones muy por encima de la fuerza y la resistencia humana, extraña no ver un cuerpo policial específico (lo cual la acercaría también a Ghost in the Shell).

Por otro lado, hay varios momentos que se desarrollan en la realidad virtual, con una estética y una interacción que no queda lejos de Matrix (aunque, por necesidades del guión, aquí se puede morir en el entorno virtual sin sufrir una muerte real), y el detalle que más me extraña a este respecto es que vemos usar la RV para tratar trastornos psíquicos pero no se habla de que la usen para reeducar a los presidiarios (una idea que bien podrían haber pedido prestada a Demolition Man, ya que su sistema presidiario consiste en “congelar en el tiempo” a los criminales).

Por último, y en contraposición con todo ese Cyberpunk oscuro “clásico”, tenemos el universo élfico de los Mats, marcado por el vestuario desinhibido y una perfección física que, como ya he dicho, solo sirve para disimular una conducta propia de seres que van camino de perder toda la humanidad. Un marco visual que ya hemos visto en películas futuristas y, en mi caso, me recuerda al habitual recurso del anime japonés de utilizar el estilo decimonónico para proyectar poder y tradición sostenidos a lo largo del tiempo.

¿Mi opinión? Que esta serie, y sus futuras temporadas (si se desarrolla la saga literaria original) puede convertirse en un referente ineludible al considerar las opciones del transhumanismo (las IAs, aunque presentes, tienen un protagonismo menor). Y, además, lo está haciendo de un modo entretenido. Algo que quizás no satisfaga a quienes querrían un tono más duro o filosófico de una distopía, pero no impide que, después de acabar de verla, te sigas planteando preguntas de gran calado. En especial, la que toda especulación de Ciencia-Ficción tiene detrás “¿…y si esto fuera posible?”

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BINTI, de Nnedi Okorafor (Crononauta, 2018)

Una reseña de FJ Arcos Serrano

 

Su nombre es Binti, y es la primera de los himba a la que se le ha ofrecido una plaza en Oomza Uni: la mejor institución de enseñanza superior de la galaxia. Aceptar esta oferta significará abandonar su casa, su familia y viajar a través de las estrellas entre extraños que no comparten su forma de ser ni respetan sus costumbres.

Lo que Binti no sabe es que el conocimento le costará caro. Una sanguinaria raza alienígena, las medusas, amenazan su viaje y, para poder sobrevivir, necesitará la ayuda de su pueblo y de la sabiduría contenida en la Universidad.

 Binti es una pequeña novela (poco más de 100 páginas) ganadora de un premio Hugo en 2016, un Nébula en 2015 y nominada al Locus, escrita por Nnedi Okorafor, una autora que lleva en esto de la ciencia ficción más de 10 años, y es ahora cuando por fin alguien se anima a darla a conocer en nuestro país con la traducción al español de una de sus más premiadas obras.

Hay que mencionar que la editorial que ha apostado por este título es una joven y prometedora asociación que ha sorprendido a propios y a extraños con este lanzamiento, posicionándose así en el mercado de una forma enérgica; así que desde aquí no puedo dejar pasar la oportunidad de agradecer y apoyar este tipo de proyectos.

Centrándonos ya de lleno en Binti, decir que estamos ante la historia de crecimiento personal y espiritual de una muchacha de dieciséis años que debe sobreponerse a una situación vital para poder de esa forma salvar el mundo tal y como lo conocemos.

La escritora utiliza un estilo directo basado en la primera persona donde prima por encima de todo la sencillez para mostrarnos los hechos, pero más que nada, nos detendremos en la psique de nuestra protagonista y la manera tan peculiar que tienen sus pensamientos en adentrarse en un potente conflicto interno.

La historia desprende una denuncia hacia el racismo y ciertamente está dedicada/dirigida a todas aquellas etnias minoritarias que tanto han sufrido en la historia de la humanidad y deja la puerta abierta hacia otras temáticas como pueden ser el entendimiento entre razas diferentes, la fuerza de la unión o la identidad….asuntos que Okorafor va desplegando sin apenas darnos cuenta, detalle que es lo que verdaderamente se queda cuando cierras el libro.

También es cierto que se trata de una novela con cierto desequilibrio al no estar igualmente bien desarrolladas ambas partes de la misma, dejándonos con un cierto sabor agridulce al esperar quizás algo más que no termina de llegar.

En definitiva, Binti es una nouvelle que se lee del tirón y que va directamente al meollo del asunto casi desde el principio. Echo en falta una mayor profundización del personaje principal (y de su aparatejo llamado astrolabio, cuyo funcionamiento no me acaba de quedar claro…) o un mayor desarrollo de las medusas…pero eso no quita las fascinantes intenciones de la escritora ni de su buen hacer, así que desde aquí recomiendo la lectura de esta interesante historia y de sus posibles ramificaciones, ya que se trata de una trilogía de novelas que irán llegando a España poco a poco.

 

Ficha técnica

Título: Binti

Autora: Nnedi Okorafor

Editorial: Crononauta

Páginas: 115

ISBN: 978-84-947958-1-7

Precio: 14 euros

 

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El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers

Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le ofrece un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.

La tripulación está compuesta por individuos de diferentes planetas, especies y géneros; desde Sissix, la amistosa piloto reptiliana, a Kizzy y Jenks, los ingenieros que mantienen la nave en funcionamiento; pasando por Lovey, la IA de la Peregrina. La vida a bordo es caótica, aunque bastante relajada: justo lo que Rosemary necesita.

Hasta que les ofrecen el trabajo de sus vidas: la oportunidad de construir un túnel hiperespacial a un lejano planeta. Si completan el encargo, ganarán el suficiente dinero para vivir holgadamente durante años… Pero antes deberán sobrevivir al largo viaje a través de los confines del espacio.

Sin embargo Rosemary no es la única persona a bordo con secretos que ocultar, y la tripulación pronto descubrirá que el espacio puede ser vasto, pero las naves espaciales son muy pequeñas.

 Hace ya semanas que terminé la lectura de la que quiero hablaros. Si he tardado tanto en escribir la reseña de EL LARGO VIAJE A UN PEQUEÑO PLANETA IRACUNDO, ha sido por un único motivo: Tenía tal subidón, me había parecido tan y tan redonda, que quise darme un margen razonable de tiempo, para que esa euforia desbocada se diluyese y poder distanciarme lo suficiente para  valorar el poso que había dejado tras la impresión inicial. El resultado no tiene misterio alguno: Me sigue pareciendo una jodida delicia, una de esas joyas que se va a quedar formando parte de mi selección personal de por vida. Una obra a la que sé que regresaré de vez en cuando para volver a disfrutar de lo que me ofrece, más allá de una simple lectura.

A partir de una premisa tan sencilla como es el relato de un largo viaje a bordo de una nave de trabajo, con una tripulación variopinta por la que sentiremos una empatía absoluta, esta suerte de road-movie  vestida de space opera se sirve de esa simple excusa para presentarnos a un grupo de seres tan dispares y distintos entre sí (y a la vez tan similares en algunos aspectos), que se encargarán de hacernos reflexionar sobre algunos de los grandes temas que siempre nos han llevado de cabeza a la raza humana., a través de sus aventuras y vivencias personales.

La novela, bien escrita, con un estilo en apariencia sencillo, pero con una  profundidad inesperada, que atrapa nuestra curiosidad desde el primer momento y nos hace sentir cómplices de la historia. Con capas y más capas donde en ese contexto de viaje espacial, de pequeña comunidad multicultural convertida casi en familia a causa de las circunstancias, los personajes te dan una lección de vida tras otra, mediante las peculiares formas de considerar y afrontar los hechos según su particular razonamiento, que entenderemos a través de sus experiencias vitales. En cierto modo, bien a ser como en esos viejos cuentos con moraleja, con la diferencia de que en este caso no hay espíritu adoctrinador alguno, sino que se limitan a ofrecemos alternativas que nos obligan a replantearnos ciertos aspectos de nuestra propia naturaleza. Todo ideas preconcebidas y condicionadas: Nuestros prejuicios, nuestros valores y nuestras verdades absolutas, puestas en entredicho. Distintas historias que incluyen a toda la tripulación o  de manera individual a alguno de ellos, y cuya intencionalidad última, uno pilla a la primera y nos hace meditar sobre aquello que creemos que nos distingue siempre a los humanos. Nuestros miedos, nuestros defectos, nuestras relaciones y nuestras esperanzas. Nuestras certezas y nuestras dudas, vistas desde una perspectiva distinta que nos obliga a abrir los ojos a una realidad que nos empeñamos en cuantificar, cualificar, catalogar y reducir hasta una visión tan ínfima, reducida y condicionada que nos impide crecer.

Mención aparte para el traductor de la obra, Alexander Páez, que ha sabido mantener ese tono, esa peculiaridad que define a cada uno de los personajes y que resulta tan importante para que la novela funcione. Un excelente trabajo por su parte.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo se ha convertido en uno de mis libros de referencia y tanto por  la historia, la prosa, la aventura que nos propone, los personajes y lo que encierra en sus páginas, sé con certeza absoluta que os va a encantar.

La editorial Insólita está haciéndose un nombre por méritos propios, publicando maravillas como esta, dejando el listón a niveles estratosféricos. Bien por ella.

 

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo

Becky Chambers

Insólita Editorial

ISBN: 978-84-947020-4-4

Páginas: 512 pág.

PVP: 22,95€

https://lektu.com/l/insolita-editorial/el-largo-viaje-a-un-pequeno-planeta-iracundo/8245

 

 

CÁNTICOS DE LA LEJANA TIERRA, de Arthur C. Clarke

Por R. G. Wittener

 

Año 3827. La plácida colonia del planeta Thalassa escucha el rugido de una nave interestelar por primera vez en ocho siglos, y con ese estruendo premonitorio se anuncia el encuentro inminente de dos sociedades muy distintas que nunca deberían haberse encontrado: la de los humanos nacidos y criados en Thalassa, y la de los terrestres de la nave Magallanes, en ruta a un nuevo planeta al que llamar hogar.

La novela de Arthur C. Clarke elucubra, de manera principal, sobre el tipo de tecnología que debería desarrollarse para dar a la humanidad la capacidad de alcanzar los planetas fuera del sistema solar; postulando por otro lado un ideal filosófico, que impidiera a esas nuevas sociedades humanas replicar los peores defectos de los terrestres. El primer tercio de la novela es, en ese sentido, el más “hard”, pues nos habla de todos los conceptos científicos en los que se basaría ese hipotético viaje interestelar; lo cual hace que pueda resultar un poco pesado para los lectores que no sean medianamente aficionados a la ci-fi. Aunque son episodios cortos, y se entremezclan con la historia de la Tierra moribunda y el desarrollo de Thalassa.

El resto de la novela gira en torno al choque cultural de “los últimos terrestres” con los Thalassos, pues los unos cargan con todo el bagaje de la extinta Tierra y los otros se han desarrollado en una sociedad utópica, de modo que está siempre en juego la posibilidad de “contaminar” a los Thalassos con conceptos e ideas que los siglos de educación programada habrían logrado eliminar (la idea de dioses o religiones, la violencia, el patriarcado…). Aunque, como es de suponer, alcanzar esa utopía tenía un precio. Y para los aficionados al arte no podría ser más ominoso: a los Thalassos se les habría negado la posibilidad de conocer la casi totalidad de la literatura universal (Clarke lo justifica en el hecho de que, en esas nuevas sociedades, las obras carecerían de sentido una vez perdido el trasfondo cultural y filosófico que las sustenta), y en menor medida la música (Clarke purgaría la ópera, y bromea sobre la paradoja de artistas con “sinfonías perdidas”), y las artes visuales. Eliminando así cualquier expresión artística que pudiera vincularse con esos elementos sociales negativos (de hecho, en cierto momento se descubre que la Magallanes transporta una fracción de los museos terrestres, como solución última a que esos tesoros se perdieran junto con el planeta).

En conjunto, la novela es entretenida. El planteamiento de una Tierra moribunda y de naves generacionales como solución de supervivencia recuerda un poco a la reciente Interestellar, si bien Clarke juega con una herramienta recurrente en el género: la evolución tecnológica que hace obsoleto el sistema de transporte usado con anterioridad (y que explica por qué la Magallanes no es un simple contenedor de material genético y tiene tripulación humana). Eso sí, le achaco un excesivo optimismo a la mayoría de sus supuestos; a pesar de estar escrita en la época en que la Guerra de bloques comenzaba a distenderse y la colaboración internacional se volvía habitual, considerar posible que la Humanidad hiciera frente común para lograr la supervivencia cuando la amenaza queda a un milenio de distancia me parece… excesivo.  Y en cuanto a la sociedad utópica alcanzada en Thalassa, se le nota demasiado a Clarke la seducción que ejerció sobre él Sri Lanka, el lugar donde decidió refugiarse a los cuarenta años para pasar el resto de su vida.

Por otro lado, expone de manera muy clara cómo cada uno de esos planetas terraformados daría lugar a grupos que, en definitiva, serían alienígenas entre sí, pues las condiciones medioambientales de cada colonia condicionaría con toda seguridad su evolución posterior. Además,un elemento menor de la trama (pero relevante en las consideraciones reales para la colonización de otros planetas), es la posibilidad de encontrarse con especies indígenas inteligentes. Clarke prefiere dejar el tema abierto, aunque no puede evitar que el natural recelo a lo desconocido marque la respuesta de los Thalassos hacia una raza submarina con evidentes señas de ser una sociedad organizada. Y ese miedo hacia la lucha por “la tierra prometida” se deja ver también, en cierto modo, a través de las tentaciones que sienten parte de los tripulantes de la Magallanes por olvidar su destino original y asentarse en Thalassa; recordando los enfrentamientos entre pioneros en el Salvaje Oeste y otros terrenos colonizados.

Así pues, una lectura recomendada para aficionados a la Ci-Fi espacial que aún no hayan profundizado en la obra de Clarke, y para aquellos interesados en las novelas que se centran más en el conflicto social. Dudo que salgan decepcionados.

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ARTEMISA, de Andy Weir (B de Books, 2017)

Una reseña de FJ Arcos Serrano.

 

Jazz Bashara es una criminal… O al menos lo parece. La vida en Artemisa, la primera y única ciudad de la Luna, es difícil si no eres un turista adinerado o un multimillonario excéntrico. Así que hacer un poco de contrabando de lo más inofensivo no cuenta, ¿verdad? Sobre todo cuando hay que pagar deudas y tu trabajo como transportista apenas paga el alquiler.

De pronto, Jazz ve la oportunidad de cambiar su destino cometiendo un delito a cambio de una lucrativa recompensa. Y ahí empiezan todos sus problemas, pues al hacerlo se enreda en una auténtica conspiración por el control de Artemisa que le obliga a poner en peligro su propia vida…

A estas alturas creo que Andy Weir no precisa de presentación alguna, pero para los más despistados decir que es autor de ‘El Marciano’, un auténtico éxito en todo el mundo y que alcanzó las listas internacionales de bestsellers, llegando a Hollywood hasta convertir su adaptación cinematográfica en una de las mejores películas del 2015.

En Artemisa volvemos al espacio donde no faltan tecnología ni ciencia espacial, ofreciendo un cocktail muy personal que encandilará sobre todo a todos aquellos que disfrutaron con su anterior novela, no sintiéndose defraudados por el camino, detalle muy importante que hay que tener en cuenta.

Tenemos a la inteligente Jazz, -personaje al cual le coges cariño muy rápidamente-, inmersa en un gran y peligroso lío repleto de riesgos. Weir nos narra todo su periplo a través de un estilo directo y muy cinematográfico que hace de su lectura todo un auténtico placer.

Su personaje principal nos habla directamente en primera persona, consiguiendo así un importante vínculo que se hará cada vez más intenso conforme avanzamos en la narración, conociendo cada vez un poco más a Jazz y empatizando así con todo lo que la rodea.

La particularidad de esta voz es su singular sentido del humor, narrándonos los hechos con un toque jocoso, elemento que choca un poco con alguna de las situaciones de tensión/dramáticas por las que pasa nuestra protagonista y que podría ser, sin lugar a dudas, uno de esos contrapuntos controvertidos para más de un lector.

En definitiva: Artemisa es una trepidante y divertida aventura espacial con elementos de verosimilitud científica ideal para una lectura ligera y sin complicaciones.

 

Ficha técnica

Título: Artemisa

Autor: Andy Weir

Editorial: B de Books

Páginas: 384

ISBN: 9788466662277

Precio: 21 euros

 

 

Donde habitan androides y monstruos, una antología solidaria.

¡Hey, tú! Sí, tú. ¿Podrías dejar lo que estés haciendo, aunque sea solo un par de minutos? Es que quiero contarte algo y creo que es importante. De verdad, solo dos minutos.

Quería presentarte a un amiguete. Se llama Sergio de la Fuente, tiene catorce años y padece una enfermedad degenerativa rara, distrofia muscular de cintura.

A pesar de ello, Sergio es un chaval alegre y optimista, que disfruta de la vida y de la gente que le quiere. Cursa sus estudios, juega al futbolín y tiene grandes sueños.
El problema es que cada vez le cuesta más el desplazarse y aunque al principio la idea no le hacía nada de gracia, ha entendido que quizá, con una silla de ruedas motorizada, podría seguir corriendo aventuras y haciendo grandes cosas.

El problema es que el puñetero cacharro vale un dineral y aquí es donde entramos La Pastilla Roja Ediciones y vosotros. Junto a Luís Martínez Vallés, director del programa radiofónico Luces en el Horizonte y quien me dio a conocer a Sergio y su historia, decidimos que quizá podríamos aportar nuestro granito de arena a la causa. ¿El modo? De la única forma que sabemos, a través de la literatura.

Es por eso que contactamos a unos cuantos colegas de letras, autores con un nivel y calidad humana acorde con su talento artístico. Gente a la que todos conocéis (o al menos, deberíais), y que no dudaron ni un momento en echarnos una mano con este proyecto.

Después de mucho trabajo, os damos ahora  la oportunidad de colaborar con nosotros y ayudar a nuestro amiguete de la forma más sencilla. Os presentamos `Donde habitan androides y monstruos´, una antología solidaria de ciencia ficción y terror, que acaba de salir en formato digital y cuyos beneficios irán destinados íntegramente y en exclusiva para Sergio y su silla.

Donde habitan androides y monstruos.
Diecisiete autores. Diecisiete relatos. Diecisiete historias donde la ciencia ficción y el terror se unen por una causa común: Ayudar a Sergio, que pese a sus dificultades, no teme a los monstruos y llegará más allá del espacio exterior si se lo propone.

Podéis haceros con ella aquí mismo:
https://www.amazon.es/Donde-habitan-androides-y-monstruos-ebook/dp/B079SGJDQR/ref=sr_

Y también desde Lektu:
https://lektu.com/l/la-pastilla-roja-ediciones/donde-habitan-androides-y-monstruos/8602

Os dejo el listado de relatos y a los autores que participan en ella, a quienes quiero reiterar de nuevo mi profundo agradecimiento por su interés por el caso y su solidaridad.

Portada de Néstor Allende
Prólogo del propio Sergio de la Fuente.
Entrevista, de Cristina Jurado.
Mary Jane, de Daniel Gutiérrez.
El último paseo por el valle inquietante, de Mar Goizueta.
Casi como hermanos, de Pily Barba.
Sari vuelve a la guerra, de M.J. Sánchez.
Tic Tac, de Pepa Mayo Osorio.
La pregunta, de Luis Martínez Vallés.
Hoy tampoco es tu día, de Sergio Moreno Montes.
Salto al vacío, de José Antonio Campos (Toluuuu).
El misterio de la creación, de Carlos Sisí.
Veinticinco de enero, de Álex Puerta.
Aquelarre, de Nuria C. Botey.
Another Chance, de Adriana LS Swift.
Náufrago en el océano del cambio, de Ramón San Miguel.
Candy Candy, de Claudio Cerdán.
El gran hombre, de David Gambero.
Sombras, de Javier Quevedo Puchal.

Por si queréis saber más de Sergio, os dejo un par de enlaces donde se habla de él, de sus innumerables amigos y de sus aventuras diarias.

https://www.youtube.com/watch?v=q_I82n1s4tg
https://www.youtube.com/watch?v=5m4SDBvTmIk&t=508s

Ahora os toca a vosotros dar el paso. Uno tan sencillo para vosotros y que supone tanto para él.
Gracias a todos. Ale, ya está. Sigan con lo suyo…

 

 

El portal de los obeliscos (La Tierra Fragmentada 2), de N.K. Jemisin (Nova, 2018)

Una reseña de FJ Arcos Serrano.

 

Así es como se acaba el mundo… por última vez.

Ha dado comienzo una estación de desenlaces.

Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol.

Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida.

Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar.

El lugar es la Quietud, un continente acostumbrado a la catástrofe en el que la energía de la tierra se utiliza como arma. Y en el que no hay lugar para la misericordia.

Hoy os traigo por aquí la esperada continuación de La Quinta Estación, novela que me dejó un estupendo sabor de boca  y que para servidor supuso una de las mejores lecturas del pasado año. Decir que El portal de los obeliscos fue ganadora de nuevo del premio Hugo como mejor obra de ciencia ficción del año 2017….detalle nada baladí y que ratifica de nuevo la calidad como escritora de N.K. Jemisin.

Me encuentro de nuevo en una tesitura especial al querer hablar de este libro sin incurrir en spoilers o datos importantes, así que doy por hecho de que quien vaya a leer esta reseña se ha leído la primera novela de la trilogía; en caso contrario: quedas advertido, amigo lector.

Si bien ya comentaba que La Quinta Estación tenía un pequeño problema de ritmo, es en esta segunda parte donde la autora ha cogido el timón de la narración para justamente de esta forma pulir posibles males de este tipo, presentándonos un libro totalmente adictivo.

Así conoceremos mejor a gran parte del elenco para empezar a atar cabos y descubrirnos nuevos misterios que rodean a la Quietud, sorprendiendo y estremeciendo al lector por el camino, senda bien surtida con una buena lista de preguntas (entre ellas están los diferentes bandos pertenecientes a esa guerra ancestral que lleva miles de años librándose entre la Tierra y sus habitantes y que debido a lo ambiguo del tema por parte de la escritora vamos a tener que ser nosotros, los lectores, quienes tendremos que ir uniendo las diferentes pistas que sobrevuelan por toda la novela y llegar a alguna conclusión con respecto a todas estas incógnitas).

Me ha gustado mucho cómo la escritora nos vuelve a narrar el mismo inicio de la novela anterior, pero desde un prisma totalmente diferente y original, potenciando esa sensación de sense of wonder que cualquier lector demanda en este tipo de narración.

La novela vuelve a estar escrita con una prosa muy potente, representando siempre los sentimientos de sus personajes de una manera muy directa…estilo muy complicado de alcanzar a este nivel, ya que es difícil encontrarse tanta visceralidad en un libro de corte fantástico.

En definitiva: El portal de los obeliscos es una segunda novela mucho más oscura y crepuscular que la primera parte, incluyendo además, uno de esos finales que te vuelve a agarrar donde más duele, dejándote tocado por su calado emocional. Con estos mimbres es inevitable el desear que llegue cuanto antes a nuestro idioma la tercera y última entrega de esta Tierra Fragmentada que tantos buenos momentos de lectura nos está brindando…

 

Ficha técnica

Título: El portal de los obeliscos

Autora: N.K. Jemisin

Editorial: Nova

Páginas: 400

ISBN: 9788417347079

Precio: 20,90 euros

 

 

Última etapa: Los MAESTROS siguen vigentes, cuarenta años después.

Por R. G. Wittener

Resulta muy curiosa la manera en que el destino hace que ciertos elementos acaben cruzándose en tu vida. Y, sí, eso significa que creo en que las casualidades ocurren. Pero es que resulta muy difícil no hacerlo, cuando te ocurren cosas como la compra del ejemplar de este libro. Porque llegó a mis manos en una compra de una librería “de viejo”, y yo no soy un gran cliente de las librerías de segunda mano. Ni siquiera un cliente asiduo. He visitado alguna, haciendo tiempo mientras esperaba a que llegase el amigo con el que había quedado, y he hecho uso de sus servicios para regalar algún libro que ya no se podía conseguir de otra manera; pero ese es el escaso bagaje de mi experiencia con estos comercios. En comparación con ciertas amistades, casi no soy ni un novato. Claro que, si no me preocupase el espacio que iban a a acabar ocupando en mi casa, quizás dejaría sueltas las riendas a mi curiosidad lectora y atacaría sus estanterías con más fervor. El hecho es que, durante la última HispaCon, y aprovechando el tiempo libre que me había quedado entre una charla y otra, me fui paseando por los puestos de las distintas editoriales y librerías. Con más intención de mirar y apuntar títulos con vistas a un futuro que con la idea de comprar, por miedo a volverme a casa con el doble de peso en la maleta. El caso es que uno de ellos, una librería de segunda mano, tenían bastante rebajados los precios. Y reconocí las portadas de varios libros de ciencia-ficción y fantasía, por los ejemplares que había leído en la biblioteca del barrio cuando era un adolescente y podía dedicarle toda la tarde a la lectura. Así que empecé a curiosear y a pensar en la cantidad de textos “clásicos” del género que aún tengo en el debe de lectura, y mi habitual renuencia a saturar la biblioteca de mi casa se relajó por un instante. Y, pensando en que lo mejor era jugar sobre seguro, escogí un par de libros cuyos autores estaban más que reconocidos. Pero ni por asomo se me podía ocurrir que iba a dar con semejante tesoro al elegir este ejemplar, de entre todos los libros que descansaban allí sus añosas portadas.

¿Por qué digo que este libro es un tesoro? Pues porque Última Etapa es una antología cuyo formato, si nadie se ha atrevido a imitarlo, debería de recuperarse ya. Ahora mismo. Aunque, si se publicase una antología a imitación de ésta, me pregunto si repitirían las temáticas. ¿Eliminarían alguna para introducir otras? ¿Harían la lista más extensa? ¿Son las predicciones sobre el cambio climático un tema con entidad propia, o seguiría dentro de la categoría del fin del mundo? Me gustaría verlo, desde luego. Y estoy seguro de que hay autores más que capacitados para compararse con los maestros de sus páginas, y presentar propuestas igual de válidas (Orson Scott Card, William Gibson, Úrsula K Leguin, Tim Powers, Greg Egan…). No solo por la calidad de sus textos, si no por las reflexiones finales que cada uno de sus autores expresaron respecto al tema que se les propuso, y las obras que ellos mismos recomendaron para quien tuviera interés. Cualquier aficionado a la ciencia-ficción que comprase este libro a mediados de los setenta, es probable que acabase leyendo veinte o cuarenta novelas y relatos de los mencionados en esa sección. E incluso a día de hoy es una guía más que válida para introducir a alguien en la época clásica del género.

Y ya, sin más preámbulos, paso a comentar los relatos que conforman la antología.

 

-Compramos gente, de Frederik Pohl.

Con la premisa de hablar sobre el Primer Contacto, Pohl desarrolló un relato muy crudo del que nadie querría ser protagonista. Y, salvo por el hecho de que su historia se fundamenta en la disponibilidad de la tecnología del “ansible”, lo que nos propone resulta terroríficamente plausible. Primero, porque las distancias que nos separan de otras civilizaciones avanzadas serán, con toda seguridad, astronómicas en un sentido muy literal; y las condiciones medioambientales en las que vivan tan diferentes, que nunca sería posible un “cara a cara”. Y en segundo lugar, porque creo que la naturaleza humana sería capaz de aceptar las condiciones de esa “compra de personas”, ya que está planteada muy bien para jugar con el conflicto interno entre valores morales y beneficios económicos. De hecho, el relato Space Traders, de Derrick Bell (convertido en guión para un episodio de una serie de ciencia-ficción negra, llamada Cosmic Slop, emitido por la HBO) sospecho que le debe bastante al relato de Pohl.

-Los exploradores del voor, de Poul Anderson.

Cuarenta años después, su propuesta puede seguir teniéndose en consideración como una opción válida a los problemas de su temática: la exploración del espacio. El principio tecnológico del relato, por desgracia, sigue siendo una utopía; pues aún no somos capaces de transferir el contenido de un cerebro humano a un procesador informático, y mucho menos lograr que la clonación física vaya pareja a una imitación de la personalidad del individuo inicial. En cualquier caso el relato, moviéndose entre lo romántico y lo dramático, elucubra con solvencia sobre qué sería de unos seres sentientes “obligados” a una eternidad de autoconsciencia sin todo aquello que los definía. Y plantea una interesante dilema sobre la forma de colonizar exoplanetas.

-Grandes giras de evasión, de Kit Reed.

Ante una temática como la inmortalidad, la autora planteó un remedo de solución, un tanto naïf, al dilema de la vejez. Y aunque su idea podría ser del agrado de muchos, no resultaría práctico (si bien soslaya el problema de la superpoblación de una humanidad inmortal). Al tener como protagonistas a un grupo de ancianos, y sobrevolar alrededor de ellos el sueño de recuperar la juventud, no pude evitar que me recordaran a la película Cocoon (y, de hecho, algún personaje me resultó bastante familiar); pero, a pesar de haber calificado su propuesta como inocente, el trasfondo del relato no deja de ser terrible: el deterioro de la edad, y el desesperado anhelo de conseguir lo que les ha vedado su clase social (porque aquí, como sería de esperar en la vida real, la inmortalidad está solo al alcance de quien puede pagarla).

-Esquemas para tres narraciones enigmáticas, de Brian W. Aldiss.

Inclasificable. Un ejercicio literario que ignoro si alguien había probado antes, o si se han atrevido a imitar después. La temática (el espacio interior), le sirve para explorar la consciencia propia de un modo muy poco ortodoxo. Porque, en ese contexto, creo que la propuesta de Aldiss no puede ser más genial. Como escritor, no se me ocurre mejor manera de describir la manera en que trabaja mi mente, que a través de la sinópsis “improvisada” de un relato; o de tres, como es el caso. Una lectura un tanto lisérgica ante la que nadie puede quedar impasible.

-¿Qué es el hombre?, de Isaac Asimov.

Usando la misma fórmula que lo convirtió en un clásico de la edad de oro de la ciencia-ficción, Asimov se despacha con una vuelta de tuerca irreversible contra los conceptos de su universo literario. Parece lógico que los responsables de la antología pensasen en él para hablar sobre robots y androides… Y eso es lo que hace aún más curioso que, el mayor exponente de la literatura de robots, aprovechase la oportunidad  para escribir su “último relato” sobre el tema; describiendo el discurso lógico que podría llevar a una IA autoconsciente a quebrar sus Tres Leyes de la Robótica. Ese ir en contra de su legado es lo más reseñable de una historia que, como suele ser costumbre en el maestro Asimov, no deslumbra con su prosa.

-Nosotros tres, de Dean R. Koontz.

Para cualquier lector familiarizado con el terror, la presencia de Koontz entre los autores anteriores le habrá resultado tan intrigante (supongo) como a mí, ya que nunca lo he relacionado con la ciencia-ficción. Aunque, desde luego, la temática que le ofrecieron (los niños extraños), suele tender a desviarse hacia lo oscuro y demostrar que la especulación científica no siempre es halagüeña (como el propio Koontz recuerda, al mencionar Más que humano entre las obras sobre la futura evolución de nuestra especie). Y aunque el concepto fundamental de su relato se puede catalogar de “ciencia-ficción blanda”, no tarda en sumergirse en las tenebrosas aguas del terror, con tres niños dignos de asustar a El pueblo de los malditos.

-Ratas espaciales del CCC, de Harry Harrison.

Al igual que Asimov, Harrison colabora en ésta antología con un relato que juega a ser “el último”. Con poco más que tres personajes, y un montón de estereotipos de la opereta espacial (armas desintegradoras, naves espaciales más rápidas que la luz, tecnología imposible…) articula una historia disparatada. Una parodia caústica que busca el corazón del género… para arrancárselo y pisarlo delante de nuestras narices. Aunque, quizás más interesante que el propio relato sea la reflexión final que la acompaña. Pues en ella postulaba Harrison que la space-opera era un género sin futuro y al que se debía enterrar a la mayor brevedad posible, pues ya había dado todo lo que podía ofrecer al desarrollo de la ciencia-ficción. Una condena que podía parecer irrefutable en 1975, cuando se publicó el libro… Y sobre la cual querría saber si meditó dos años después, con la entrada en escena de Star Wars.

-Viajes, de Robert Silverberg.

Todos somos hijos de nuestra época, y eso hace que muchas veces la sensación de familiaridad con un texto fluya en el orden inverso al que debería. Ese es el caso de esta historia de Silverberg, ya que todas las similitudes que pueda encontrar se basarán en obras posteriores a su relato, con casi total seguridad. Para empezar, su planteamiento de universos paralelos me recordó un poco a La tierra larga (salvando todas las distancias en sus fundamentos). Y, como aficionado a las ucronías, debo decir que admiro el trabajo de condensación de ideas que llevó a cabo con este relato. Solo en esas páginas hay bastante material con el que inspirarse para escribir una docena de novelas (aunque, como es de esperar, se dejase llevar por algunos de los tópicos de ese género). Y todo ello con la idea del viaje físico trasplantado al viaje entre universos: el impulso del retorno al hogar que anida incluso en los espíritus más vagabundos.

-El maravilloso y polivalente transmógrafo, de Barry N. Malzberg.

Mientras leía este relato, no dejaba de pensar en qué posibilidad había de que hubiese influído a Philip K. Dick parte de su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. Pero luego, revisando la cronología, descubrí que el Órgano de ánimos de Penfield podría ser anterior. En cualquier caso, el temor a que la humanidad pierda el contacto con la realidad (o decida evadirse por completo de un mundo que no le resulta soportable), parece que fue la previsión más evidente para ambos autores. El tema de la máquina incontrolable, en ese aspecto, sigue siendo igual de tenebroso, con la televisión como máximo exponente, incluso sin una revolución en la realidad virtual.

-El humo de su cuerpo se elevó para siempre, de James Tiptree Jr.

Este es el relato que más me chocó de la antología. Quizás porque se vale de un lenguaje “sucio”, que no tengo vinculado con los autores de esa época. Y, además, el narrador deja escapar ciertos toques de obsesión enfermiza que te hacen sospechar del  protagonista. Prefiero pensar que, como justificación de su historia, Tiptree escarba en las partes menos agradables de la naturaleza humana para poder dejarnos con ese sabor amargo al final de la narración; ya que, al fin y al cabo, cuando a alguien le plantean hablar sobre lo que puede quedar después del holocausto, no debe de ser fácil imaginarse un cuadro bucólico. Su reflexión final también es bastante interesante, al especular sobre las razones para el rechazo de los lectores hacia las distopías, y porque reconoce haberse inspirado en algunas ideas de un antiguo parapsicólogo para plantear el relato.

-Algo para nosotros, temponautas, de Philip K. Dick.

Supongo que, si algo define la base de la ciencia-ficción, es la idea de “ir más allá”. Por eso, muchos de sus temas son “el viaje”. Y además de otros mundos y los universos invisibles, el viaje en el tiempo es un clásico desde los inicios del género. Pero cuando el tema se deja en manos de Dick, resulta sencillo saber que no vamos a circular por una trama al uso. Así que aquí nos encontramos con la historia de unos viajeros del tiempo, narrada en clave similar a las misiones de la NASA en la época de la carrera espacial, con un desastre, y unos personajes que se han visto arrastrados a una trampa temporal que hasta el último momento no se revela en toda su crudeza. Un ejemplo de cómo ese espíritu optimista de la edad de oro de la ciencia-ficción se había desvanecido por completo a mediados de los setenta.

Es todo lo que puedo contar, salvo animaros a buscar un ejemplar en alguna biblioteca y comenzar a disfrutar de su lectura. Y, por supuesto, que os atreváis a desafiar a la casualidad, entrando en la librería de segunda mano más cercana.

 

THE POWER, de Naomi Alderman (Roca Editorial, 2017)

Una reseña de FJ Arcos Serrano

 

De pronto, todas las mujeres tienen un poder eléctrico que las hace superiores físicamente a los hombres. La novela desarrolla este “¿qué pasaría sí…?” mediante los personajes de una asesina, la hija de un mafioso, una política y un periodista.

The Power posee ese tipo de premisa magnética que atrae de manera irremediable al lector (al menos conmigo lo ha conseguido), tocando un tema un tanto polémico (y feminista, ¿para qué obviarlo?), ya que en estas páginas podemos ver como las mujeres campan a sus anchas por el mundo haciendo de las suyas con un poder inabarcable dentro de un marco distópico y caótico donde prácticamente todo vale, poniendo patas arriba la sociedad dominada por los hombres, destacando por encima de todo una transición extremista repleta de violencia que, a modo personal, me ha sorprendido por su crudeza.

Lo que más me ha atraído de la novela es esa secuencia narrativa basada en una cuenta regresiva a través de la cual se nos presentan a los personajes justamente contextualizados, aspecto que la propia escritora aprovecha para reforzar un catálogo de asuntos relativos a la cuestión de géneros, la igualdad entre hombres y mujeres y sus más que evidentes trastornos e inseguridades por ambas partes.

Junto a esta curiosa estructura tenemos capítulos breves e ilustraciones que, en su conjunto, atrapan de manera irremediable al lector, dejándonos llevar por una historia cargada por una fuerte carga subversiva.

Quizás le podamos achacar algunos peros a la idea tan ambiciosa que nos presenta Naomi Alderman en estas páginas, sobre todo en el desarrollo de su tercer acto, donde se puede comprobar que la autora se queda in media res con respecto a las grandes posibilidades que ofrecía a priori ese GRAN concepto inicial.

En definitiva: La autora nos ofrece una historia que invita a la reflexión con respecto a la situación actual de nuestra sociedad y de algunos aspectos de la misma así que podemos afirmar que The Power es una peculiar y notable novela de ciencia ficción especulativa y provocativa con una alta carga de literatura feminista y que ninguna mujer/hombre debería dejar pasar ya que remueve conciencias y te hace ver el mundo desde otras perspectivas muy interesantes.

No podemos olvidar la excelente edición por parte de Roca Editorial, ya que nos ha presentado el libro en una cuidada tapa dura con sobrecubierta cuya portada ya hace que el libro se venda prácticamente sólo.

 

Ficha técnica

Título: The Power

Autora: Naomi Alderman

Editorial: Roca

Páginas: 352

ISBN: 9788416700677

Precio: 18 euros