Última etapa: Los MAESTROS siguen vigentes, cuarenta años después.

Por R. G. Wittener

Resulta muy curiosa la manera en que el destino hace que ciertos elementos acaben cruzándose en tu vida. Y, sí, eso significa que creo en que las casualidades ocurren. Pero es que resulta muy difícil no hacerlo, cuando te ocurren cosas como la compra del ejemplar de este libro. Porque llegó a mis manos en una compra de una librería “de viejo”, y yo no soy un gran cliente de las librerías de segunda mano. Ni siquiera un cliente asiduo. He visitado alguna, haciendo tiempo mientras esperaba a que llegase el amigo con el que había quedado, y he hecho uso de sus servicios para regalar algún libro que ya no se podía conseguir de otra manera; pero ese es el escaso bagaje de mi experiencia con estos comercios. En comparación con ciertas amistades, casi no soy ni un novato. Claro que, si no me preocupase el espacio que iban a a acabar ocupando en mi casa, quizás dejaría sueltas las riendas a mi curiosidad lectora y atacaría sus estanterías con más fervor. El hecho es que, durante la última HispaCon, y aprovechando el tiempo libre que me había quedado entre una charla y otra, me fui paseando por los puestos de las distintas editoriales y librerías. Con más intención de mirar y apuntar títulos con vistas a un futuro que con la idea de comprar, por miedo a volverme a casa con el doble de peso en la maleta. El caso es que uno de ellos, una librería de segunda mano, tenían bastante rebajados los precios. Y reconocí las portadas de varios libros de ciencia-ficción y fantasía, por los ejemplares que había leído en la biblioteca del barrio cuando era un adolescente y podía dedicarle toda la tarde a la lectura. Así que empecé a curiosear y a pensar en la cantidad de textos “clásicos” del género que aún tengo en el debe de lectura, y mi habitual renuencia a saturar la biblioteca de mi casa se relajó por un instante. Y, pensando en que lo mejor era jugar sobre seguro, escogí un par de libros cuyos autores estaban más que reconocidos. Pero ni por asomo se me podía ocurrir que iba a dar con semejante tesoro al elegir este ejemplar, de entre todos los libros que descansaban allí sus añosas portadas.

¿Por qué digo que este libro es un tesoro? Pues porque Última Etapa es una antología cuyo formato, si nadie se ha atrevido a imitarlo, debería de recuperarse ya. Ahora mismo. Aunque, si se publicase una antología a imitación de ésta, me pregunto si repitirían las temáticas. ¿Eliminarían alguna para introducir otras? ¿Harían la lista más extensa? ¿Son las predicciones sobre el cambio climático un tema con entidad propia, o seguiría dentro de la categoría del fin del mundo? Me gustaría verlo, desde luego. Y estoy seguro de que hay autores más que capacitados para compararse con los maestros de sus páginas, y presentar propuestas igual de válidas (Orson Scott Card, William Gibson, Úrsula K Leguin, Tim Powers, Greg Egan…). No solo por la calidad de sus textos, si no por las reflexiones finales que cada uno de sus autores expresaron respecto al tema que se les propuso, y las obras que ellos mismos recomendaron para quien tuviera interés. Cualquier aficionado a la ciencia-ficción que comprase este libro a mediados de los setenta, es probable que acabase leyendo veinte o cuarenta novelas y relatos de los mencionados en esa sección. E incluso a día de hoy es una guía más que válida para introducir a alguien en la época clásica del género.

Y ya, sin más preámbulos, paso a comentar los relatos que conforman la antología.

 

-Compramos gente, de Frederik Pohl.

Con la premisa de hablar sobre el Primer Contacto, Pohl desarrolló un relato muy crudo del que nadie querría ser protagonista. Y, salvo por el hecho de que su historia se fundamenta en la disponibilidad de la tecnología del “ansible”, lo que nos propone resulta terroríficamente plausible. Primero, porque las distancias que nos separan de otras civilizaciones avanzadas serán, con toda seguridad, astronómicas en un sentido muy literal; y las condiciones medioambientales en las que vivan tan diferentes, que nunca sería posible un “cara a cara”. Y en segundo lugar, porque creo que la naturaleza humana sería capaz de aceptar las condiciones de esa “compra de personas”, ya que está planteada muy bien para jugar con el conflicto interno entre valores morales y beneficios económicos. De hecho, el relato Space Traders, de Derrick Bell (convertido en guión para un episodio de una serie de ciencia-ficción negra, llamada Cosmic Slop, emitido por la HBO) sospecho que le debe bastante al relato de Pohl.

-Los exploradores del voor, de Poul Anderson.

Cuarenta años después, su propuesta puede seguir teniéndose en consideración como una opción válida a los problemas de su temática: la exploración del espacio. El principio tecnológico del relato, por desgracia, sigue siendo una utopía; pues aún no somos capaces de transferir el contenido de un cerebro humano a un procesador informático, y mucho menos lograr que la clonación física vaya pareja a una imitación de la personalidad del individuo inicial. En cualquier caso el relato, moviéndose entre lo romántico y lo dramático, elucubra con solvencia sobre qué sería de unos seres sentientes “obligados” a una eternidad de autoconsciencia sin todo aquello que los definía. Y plantea una interesante dilema sobre la forma de colonizar exoplanetas.

-Grandes giras de evasión, de Kit Reed.

Ante una temática como la inmortalidad, la autora planteó un remedo de solución, un tanto naïf, al dilema de la vejez. Y aunque su idea podría ser del agrado de muchos, no resultaría práctico (si bien soslaya el problema de la superpoblación de una humanidad inmortal). Al tener como protagonistas a un grupo de ancianos, y sobrevolar alrededor de ellos el sueño de recuperar la juventud, no pude evitar que me recordaran a la película Cocoon (y, de hecho, algún personaje me resultó bastante familiar); pero, a pesar de haber calificado su propuesta como inocente, el trasfondo del relato no deja de ser terrible: el deterioro de la edad, y el desesperado anhelo de conseguir lo que les ha vedado su clase social (porque aquí, como sería de esperar en la vida real, la inmortalidad está solo al alcance de quien puede pagarla).

-Esquemas para tres narraciones enigmáticas, de Brian W. Aldiss.

Inclasificable. Un ejercicio literario que ignoro si alguien había probado antes, o si se han atrevido a imitar después. La temática (el espacio interior), le sirve para explorar la consciencia propia de un modo muy poco ortodoxo. Porque, en ese contexto, creo que la propuesta de Aldiss no puede ser más genial. Como escritor, no se me ocurre mejor manera de describir la manera en que trabaja mi mente, que a través de la sinópsis “improvisada” de un relato; o de tres, como es el caso. Una lectura un tanto lisérgica ante la que nadie puede quedar impasible.

-¿Qué es el hombre?, de Isaac Asimov.

Usando la misma fórmula que lo convirtió en un clásico de la edad de oro de la ciencia-ficción, Asimov se despacha con una vuelta de tuerca irreversible contra los conceptos de su universo literario. Parece lógico que los responsables de la antología pensasen en él para hablar sobre robots y androides… Y eso es lo que hace aún más curioso que, el mayor exponente de la literatura de robots, aprovechase la oportunidad  para escribir su “último relato” sobre el tema; describiendo el discurso lógico que podría llevar a una IA autoconsciente a quebrar sus Tres Leyes de la Robótica. Ese ir en contra de su legado es lo más reseñable de una historia que, como suele ser costumbre en el maestro Asimov, no deslumbra con su prosa.

-Nosotros tres, de Dean R. Koontz.

Para cualquier lector familiarizado con el terror, la presencia de Koontz entre los autores anteriores le habrá resultado tan intrigante (supongo) como a mí, ya que nunca lo he relacionado con la ciencia-ficción. Aunque, desde luego, la temática que le ofrecieron (los niños extraños), suele tender a desviarse hacia lo oscuro y demostrar que la especulación científica no siempre es halagüeña (como el propio Koontz recuerda, al mencionar Más que humano entre las obras sobre la futura evolución de nuestra especie). Y aunque el concepto fundamental de su relato se puede catalogar de “ciencia-ficción blanda”, no tarda en sumergirse en las tenebrosas aguas del terror, con tres niños dignos de asustar a El pueblo de los malditos.

-Ratas espaciales del CCC, de Harry Harrison.

Al igual que Asimov, Harrison colabora en ésta antología con un relato que juega a ser “el último”. Con poco más que tres personajes, y un montón de estereotipos de la opereta espacial (armas desintegradoras, naves espaciales más rápidas que la luz, tecnología imposible…) articula una historia disparatada. Una parodia caústica que busca el corazón del género… para arrancárselo y pisarlo delante de nuestras narices. Aunque, quizás más interesante que el propio relato sea la reflexión final que la acompaña. Pues en ella postulaba Harrison que la space-opera era un género sin futuro y al que se debía enterrar a la mayor brevedad posible, pues ya había dado todo lo que podía ofrecer al desarrollo de la ciencia-ficción. Una condena que podía parecer irrefutable en 1975, cuando se publicó el libro… Y sobre la cual querría saber si meditó dos años después, con la entrada en escena de Star Wars.

-Viajes, de Robert Silverberg.

Todos somos hijos de nuestra época, y eso hace que muchas veces la sensación de familiaridad con un texto fluya en el orden inverso al que debería. Ese es el caso de esta historia de Silverberg, ya que todas las similitudes que pueda encontrar se basarán en obras posteriores a su relato, con casi total seguridad. Para empezar, su planteamiento de universos paralelos me recordó un poco a La tierra larga (salvando todas las distancias en sus fundamentos). Y, como aficionado a las ucronías, debo decir que admiro el trabajo de condensación de ideas que llevó a cabo con este relato. Solo en esas páginas hay bastante material con el que inspirarse para escribir una docena de novelas (aunque, como es de esperar, se dejase llevar por algunos de los tópicos de ese género). Y todo ello con la idea del viaje físico trasplantado al viaje entre universos: el impulso del retorno al hogar que anida incluso en los espíritus más vagabundos.

-El maravilloso y polivalente transmógrafo, de Barry N. Malzberg.

Mientras leía este relato, no dejaba de pensar en qué posibilidad había de que hubiese influído a Philip K. Dick parte de su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. Pero luego, revisando la cronología, descubrí que el Órgano de ánimos de Penfield podría ser anterior. En cualquier caso, el temor a que la humanidad pierda el contacto con la realidad (o decida evadirse por completo de un mundo que no le resulta soportable), parece que fue la previsión más evidente para ambos autores. El tema de la máquina incontrolable, en ese aspecto, sigue siendo igual de tenebroso, con la televisión como máximo exponente, incluso sin una revolución en la realidad virtual.

-El humo de su cuerpo se elevó para siempre, de James Tiptree Jr.

Este es el relato que más me chocó de la antología. Quizás porque se vale de un lenguaje “sucio”, que no tengo vinculado con los autores de esa época. Y, además, el narrador deja escapar ciertos toques de obsesión enfermiza que te hacen sospechar del  protagonista. Prefiero pensar que, como justificación de su historia, Tiptree escarba en las partes menos agradables de la naturaleza humana para poder dejarnos con ese sabor amargo al final de la narración; ya que, al fin y al cabo, cuando a alguien le plantean hablar sobre lo que puede quedar después del holocausto, no debe de ser fácil imaginarse un cuadro bucólico. Su reflexión final también es bastante interesante, al especular sobre las razones para el rechazo de los lectores hacia las distopías, y porque reconoce haberse inspirado en algunas ideas de un antiguo parapsicólogo para plantear el relato.

-Algo para nosotros, temponautas, de Philip K. Dick.

Supongo que, si algo define la base de la ciencia-ficción, es la idea de “ir más allá”. Por eso, muchos de sus temas son “el viaje”. Y además de otros mundos y los universos invisibles, el viaje en el tiempo es un clásico desde los inicios del género. Pero cuando el tema se deja en manos de Dick, resulta sencillo saber que no vamos a circular por una trama al uso. Así que aquí nos encontramos con la historia de unos viajeros del tiempo, narrada en clave similar a las misiones de la NASA en la época de la carrera espacial, con un desastre, y unos personajes que se han visto arrastrados a una trampa temporal que hasta el último momento no se revela en toda su crudeza. Un ejemplo de cómo ese espíritu optimista de la edad de oro de la ciencia-ficción se había desvanecido por completo a mediados de los setenta.

Es todo lo que puedo contar, salvo animaros a buscar un ejemplar en alguna biblioteca y comenzar a disfrutar de su lectura. Y, por supuesto, que os atreváis a desafiar a la casualidad, entrando en la librería de segunda mano más cercana.

 

Todo lo que no puedes ver, de Joan Llensa

Buenos dí­as, mis queridos Lectores Ausentes

tlqnpv1Como todos sabéis, soy un gran amante del relato corto y un entusiasta de las antologí­as y recopilatorios, tanto colectivas como de un mismo autor. Considero al relato como un formato imprescindible dentro de la literatura y nunca entenderé esa aversión que tienen muchos lectores por acercarse y disfrutar a esta forma de lectura. Considerado un formato menor, ni siquiera las editoriales suelen apostar por él y es algo que me apena mucho, ya que en un mundo como en el que vivimos, con prisas y sin tiempo para nada,  las antologías resultan una forma perfecta para mantener el hábito y no tener que renunciar a disfrutar de nuestra pasión. Se estilan novelas de tropecientas páginas y sagas interminables que ya no se quedan en simples trilogías. Y eso está muy bien para leer en casa, con tiempo y de paso, ampliar biblioteca. Pero el placer de leer, de disfrutar de una historia que apenas te va a quitar tiempo, donde lo que de verdad importa es el tono, el ritmo y el giro de tuerca, es algo que esas obras no pueden ofrecer. Los relatos son inmediatez, intensidad, sorpresa y si es un buen relato, un puñetazo en los morros que te deja temblando, parpadeando incrédulo y sonriendo como un estúpido, para terminar relamiéndote con un excelente sabor de boca. No se trata de un ágape copioso, sino de saborear un dulce emponzoñado que nos implosiona en el paladar. Eso lo que más disfruto de un buen relato corto y si una antología consigue ofrecerme eso aunque sea en tan solo unas pocas de las historias que la componen, soy un tío feliz.

“Todo lo que no puedes ver”, es una escalofriante colección de historias que nos llevan al límite de lo que damos por real”. Jorge Magano.

Hay quien dice que el verdadero terror es el que procede de nuestro interior. Y si bien es cierto que la sociedad ha evolucionado a pasos de gigante, no ha ocurrido lo mismo con nuestros temores más profundos. Abrir la puerta a “Todo lo que no puedes ver” es adentrarse en un peligroso y oscuro mundo que nos aterra. 23 relatos cortos que te harán sentir inquietud en un marco muy variado. Un viaje a través de una atmósfera de suspense, que te llevará a replantearte la realidad tal y como la conoces. Los vecinos de al lado, la inmortalidad, la venganza, la reencarnación, un secuestro, el maltrato… cada uno de estos temas se entrelazan con lo sobrenatural, lo mí­stico y lo fantástico para hacerte dudar de aquello que das por sentado en tu vida cotidiana. Joan Llensa no pretende asustar. Este joven autor llega dispuesto a mostrar aquello que se oculta a nuestros ojos, a sorprender al lector cruzando con él la delgada línea que separa la luz de la oscuridad/la realidad de lo misterioso. Tras cada una de las historias, descubrirás un mundo que no pensaste tener tan cerca y que no podrás apartar de tu mente aunque cierres el libro.

¿Te atreves a cruzar la línea? 

tlqnpv2Todo lo que no puedes ver, el último trabajo de Joan Llensa, es un recopilatorio de relatos del autor en el que de entrada, el lector puede en principio no ver una relación entre los mismos, cosa que en cierto modo es cierta. Pero a poco que se pare a pensar sobre lo que ha leí­do, se dará cuenta de algo tan obvio que hasta ese momento le ha pasado desapercibido y es que sí hay un leit motiv en la obra: La realidad. Más allá de elementos paranormales o sobrenaturales, que también, si hay una constante en la antología es encontrar el terror en lo cotidiano, en el dí­a a día. La propia realidad puede resultar aterradora. Como siempre suelo decir, “los monstruos existen: somos nosotros“. Y aquí­ eso se pone en evidencia. Lo terrorí­fico no es siempre un caserón lúgubre y abandonado, ni el viejo cementerio, ni tampoco el manicomio clausurado. El terror se mantiene oculto a la vista, agazapado esperando su momento, incluso a plena luz del día, en tu propio  barrio. Tus vecinos, la dependienta de tu super habitual… Haz una prueba y échale un ojo a la sección de sucesos del periódico y me dices que tal todo en ese mundo normal en el que vives. Ahora súmale un poquito de mala baba por parte del autor y las herramientas y buen hacer tí­picos del género y voila!, empezarás a hacerte una idea de por dónde va la propuesta que nos ofrece Llensa. Partiendo del costumbrismo más común y envenenándolo con su oscuro talento y perversidad, añadiendo algunas gotas de fantasí­a oscura e incluso toques de ciencia ficción, el autor teje sus historias. La atmósfera, el enfoque bajo el que trata sus historias, bucear en esos miedos atávicos que se hallan impresos en nuestra propia conciencia colectiva…Historias encillas, sin pretensiones, siendo claro y sobre todo, honesto, dándonos aquello que buscábamos y arriesgándose a ser conciso en el desenlace, sin dobles lecturas ni finales abiertos. Esto es así, es lo que hay, te guste o no.

No es alta literatura, sea lo que sea que signifique esa expresión, pero ofrece aquello que promete y uno agradece ese detalle, tantas veces poco valorado. Entretenimiento puro y duro, pequeñas capsulas de horror que paladeamos con gusto. Las hay que saben a ambrosía, otras que simplemente cumplen e incluso alguna que ni tanto, pero al cerrar sus páginas al terminar el libro, el pequeño monstruo que todos tenemos habitando en nuestro interior sonríe satisfecho. Creo que huelga decir nada más.

 

Todo lo que no puedes ver

Joan Llensa

https://www.amazon.es/dp/1539815951/ref=cm_sw_r_tw_dp_x_3kfFzbWRTWK6K

 

El zoo de papel y otros relatos, de Ken Liu (Alianza, 2017)

Una reseña de FJ Arcos Serrano

 

ezdp1Quince relatos y novelas cortas de uno de los mejores escritores de ficción breve de la ciencia-ficción. “El zoo de papel” es la primera obra que ha obtenido los tres grandes premios del género en el mismo año.

Sigo con mi fiebre de leer y comentar todo lo que Alianza (en su sello Runas) está publicando de Ken Liu por nuestro país, así que hoy toca detenerme en esta antología compuesta de relatos y novelas cortas que está en boca de todo el mundo desde que salió en el pasado mes de abril.

En este caso en particular no voy a comentar los quince relatos aquí incluidos, ya que eso haría que esta reseña ocupara el triple (y no quiero aburrir al personal), pero lo que sí voy a hacer es hablar en líneas generales del estilo del autor y de algunos de sus temas recurrentes.

Para este primer libro de relatos, Liu no sólo seleccionó sus textos más famosos y premiados, sino que también incluyó otros que pasaron algo desapercibidos en su momento de publicación. Todo ello da como resultado una muestra certera y representativa de los intereses y obsesiones del propio escritor.

Sinceramente creo que todo el revuelo que está causando el amigo Ken Liu no es para nada gratuito. En estas quince historias asistimos como lectores privilegiados a un gran catálogo de diferentes y potentes sensaciones, las cuales te transportan sin esfuerzo alguno a otros mundos que en muchos de los casos se quedarán a vivir contigo durante semanas o incluso meses; así es la escritura de este escritor: tan poderosa como pueda ser la Ley de la Atracción.

ezdp3Al leer estos relatos uno se queda maravillado con ese tipo de narrativa profunda y subyugante (muy atípica por otra parte en la actualidad), así que creo que esta característica del autor es una por las que se está convirtiendo en una auténtica rara avis dentro del género.

No podemos pasar por alto la excelente edición por parte de Alianza: tapa dura con sobrecubierta, con portada que incluye el tigre de origami creado por el artista Quentin Trollip.

En definitiva: El zoo de papel y otros relatos está lleno de grandes tesoros para todos los gustos en forma de increíbles narraciones que, amigo lector, deberás descubrir por ti mismo.

 

 

Ficha técnica

Título: El zoo de papel y otros relatos

Autor: Ken Liu

Editorial: Alianza (sello RUNAS)

Páginas: 544

ISBN: 978-84-9104-687-5

Precio: 25,50 €

 

 

La opinión de Soraya: Mierda. VVAA.

Cuando me preguntan qué cualidades debe de tener una antología para que yo me sienta tentada de leerla, siempre respondo lo mismo: los autores.

¿Quién no mira los nombres de los que allí participan? Yo creo que lo hacemos prácticamente todos.  Leer varios de los nombres fue suficiente para mí, y eso que no soy muy de antologías colectivas. Prefiero las de un solo autor, pero ya os digo que conocer los nombres de algunos de ellos fue lo que me convenció para comprar un ejemplar  y no me arrepiento de ello.

MERDAAPMIERDA. Si, lo reconozco, el nombre me dejó un poco parada ¿Qué clase de relatos pueden salir  de algo tan asqueroso  como natural, aunque evidentemente restringido a nuestra cotidiana intimidad?  Entonces me dio por pensar en los autores que participaban y me reí un buen rato, tan solo imaginando que barbaridades habrían podido dejar. Tuve claro que era una antología especial y original.

El primer relato ya te avisa de lo que te espera según vayas avanzando. Comenzaremos con un viaje de avión algo accidentado, un viaje de mierda, pero de mierda, mierda. Seguiremos con un fumeta de heroína  dentro de unos baños públicos, que en pleno colocón escuchara una voz que le habla (aquí me reí lo que no os podéis ni imaginar. Cada vez que lo recuerdo, ains, jajaja). Conoceremos a tres griegos  filosofando sobre la mierda  y lo que dicha filosofía traerá. Cuando en un ascensor lleno de gente te agachas para que no se te escurra de la mano un paquete que llevas, pero se te escapa un pedo de esos silenciosos (El final es épico, en serio. Es juas, que final). O ese comerciante que se va a trabajar mientras deja en la bañera un pantalón lleno de mierda en remojo. ¿Y  recordáis aquella serie de Érase una vez el cuerpo humano? Nuestra protagonista ingresa en un hospital por una radiación. Al igual que en la serie, unos seres que se suponen viven dentro de nuestro cuerpo, tendrán un dialogo muy divertido mientras intentan sobrevivir.

Os aseguro que ya leyendo estos primeros, el descojone lo tenéis asegurado. Son historias cortas muy bien cuidadas y trabajadas, sin limitarse tan solo a dejaros algo chistoso para provocar las risas del lector. Son relatos bien escritos y eso se agradece.

Vamos a por más historias. ¿Os imagináis una España del futuro, donde enviemos hombres a la luna? Si, desde aquí mismo, nosotros. Dos de sus tripulantes son un vasco y un catalán. Si, parece un chiste, y en el fondo la historia lo será, porque yo “anda, anda, que risas´´. Me acorde, leyéndolo, de una tontería en la que decían que ningún español colocaría nunca una bandera de España en la luna, porque debería poner una bandera de cada Comunidad Autónoma, y llenaría la luna de banderas, jajajaaja. Pues el relato es muy parecido, pero en fin, leerlo y ya lo comentareis… Seguimos con arte moderno, con un escultor que mientras hace sus necesidades tiene una muy buena idea. Y otra historia de arte, aunque  nuestro nuevo artista tendrá una idea más asquerosa si cabe. Continuaremos con  un niño aburrido en un pueblo, que decide pasar el rato haciendo de superhéroe y veremos que no, que no es fácil buscar un nombre.

Todavía nos quedan un par de relatos más de MIERDA. A estas alturas ya sabréis que hay muchas clases de excrementos y sus posibilidades  son muchas más de las que pensábamos. Hay mierdas pringosas, mierdas asquerosas, incluso mierdas parlantes. Podemos tirar de la cadena o  podemos comentar sobre lo escatológico de todo ello, pero sobretodo,  podemos seguir leyendo.

Dicen que pisar una mierda trae buena suerte, pero para la protagonista de este relato, no lo parece. Un hombre obeso acude a un hechicero, el cual le recomendara seguir unas instrucciones que no van acabar muy bien. Tenemos a una directora bancaria que visitará a un empresario pueblerino para concederle un préstamo sobre un negocio de café. En el siguiente, algo flota dentro de un wáter, pidiendo ayuda. O el de unos amigos y ese plan que no puede fallar (En mi opinión, es el relato que detiene por un momento las risas, pero es una muy buena historia).

Las dos últimas historias: Una periodista que para salvar su trabajo hará la que ella considera es la mejor entrevista realizada desde tiempos inmemorables. Y esas preferentes, el trabajador del banco que tima a una mujer irlandesa y recibe una extraña vista con una maldición…

Pues ya termine de explicaros qué vais a leer. No os dejéis engañar por el título ni la portada. Son relatos de/sobre Mierda,  sí. Pero mierda  de calidad, mierda de esa que cagamos, así tal cual, tanto literal como metafóricamente.  Imaginaros por un momento en vuestro wáter, sentados, con esas caras que ponéis haciendo fuerza, con los pantalones por los tobillos y esa sensación de alivio y placer absoluto. O cuando te aprieta y llegas por los pelos de evitar una situación catastrófica. Va, no me digáis que no es algo para la risa. Las historias que  dejaron estos autores os harán reír, llevaros las manos a la cabeza y puede que incluso tal vez hasta aprendáis de algunos retortijones , pero ante todo mirar  los nombres de sus autores  porque ahí está la clave de todo .

Leed, reíros y disfrutar de unos relatos irrepetibles.

http://tienda.apachelibros.com/home/43-mierda-9788494625893.html

 

.

Montaña Rusa, de Fernando López Guisado

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy os voy a hablar de Montaña Rusa, una antología que ha llegado a tocarme la fibra de un modo inesperado. Su autor, Fernando López Guisado, es un reputado poeta y viejo conocido de esta casa, alguien que cuida y mima el lenguaje y sus formas, buscando la belleza y las emociones en cada escrito, haciendo de la poesía su forma de expresarse.  Pero en esta ocasión, el autor ha apostado por salir de su zona de confort y adentrarse en terreno virgen para él. Aficionado y amante de la literatura de género, no es de extrañar que su primera recopilación de relatos tuviese al terror y lo fantástico como lugar común, sin que ello suponga dejar a un lado aquello que mejor se le da: tocar ese punto sensible que todos tenemos y que es donde nacen sentimiento y emoción.

mrf1Terminé el libro hace unos pocos días y he querido dejar pasar este tiempo para poder hablar con perspectiva y comprobar si el poso que me ha dejado eran las mismas sensaciones que tuve cuando cerré sus paginas.

Pues si, tal cual. Es más, diría que esas impresiones se han intensificado y que pasado este lapso de tiempo, sigo teniendo muy presentes los mismos sentimientos que tuve entonces. Relatos intensos, evocadores, tristes y provocadores, llegando a conectar con esa parte de un servidor que normalmente no esta al alcance. Introspección disfrazada de relato de terror, de broma de mal gusto, de destino inevitable, de decisiones erróneas, de resignación, de batallas perdidas o de humor corrosivo. Intimista, con una prosa heredera de la faceta poética de su autor, bella y elaborada, en ocasiones onírica, en otras truculenta, pero siempre guardando las formas de aquel que moldea la esencia del lenguaje y le da vida.

mrf2Lo terrible, lo grotesco, el fatalismo más absoluto, pero envuelto en seda y cachemir. La belleza en lo decadente, la precisión quirúrgica a la hora de apuñalarnos el corazón y arrebatarnos el alma con las palabras adecuadas, el tono certero y el sentimiento forjado a conciencia. Escalofríos en la espalda. Sonrisas tristes y cansadas, pero cómplices. Carcajadas hilarantes cuando todo está perdido. El absurdo como certeza, con un peculiar sentido del humor (casi siempre cargado de ironía y sarcasmo), ante lo inevitable… Y pese a todo, un atisbo de esperanza, quizá falsa, quizá una mentira piadosa, pero que se vislumbra allí, al fondo, y a la que nos agarramos como tabla de náufrago…

Ha sido una verdadera delicia disfrutar de estos relatos, de la primera incursión de Fernando en este formato. Una antología donde las formas lo son todo y donde la poesía sigue muy presente, aunque no se manifieste en rimas, solo en emociones.

Totalmente imprescindible.

 

Montaña Rusa

Fernando López Guisado

Editorial: Vitruvio

ISBN: 9788494590405

Páginas: 260 pág.

PVP: 19,95€

http://www.casadellibro.com/libro-montana-rusa/9788494590405/3108395

 

 

Relatos incluidos en Antología “Miedos Oníricos, Terrores Bizarros”

 

Buenas noches, amigos.

 

Ha costado, lo sé…. Pero nunca es tarea fácil el llegar a un consenso, máxime cuando son tantos los relatos que participan y tanta su calidad. Hay que estar ahi para entender todo el tiempo dedicado, las varias relecturas, votaciones y debates, hasta llegar a decidir cuales son aquellos que merecen estar dentro.

 

Asi que , sin más dilación, estos son los relatos que se incluiran en la Antología:

 

-Muerte contra Muerto, de Carlos L. Hernando

-La Reina de Lemu, de Ana Morán

-Esos Brillantes Ojos, de Alvaro Peiró

-Dulces Sueños, de Juan Ángel Laguna Edroso

-Sueño Vacio, de Alejandro Valiente Lourtau

-Los Dos Lados de un Espejo, de Tomás Sendamobias García

-Pasaje y Guia, de Santiago Sánchez Pérez

-Pasajeros, de David Marugán

-Un sueño de verano, de Ángel Luis Sucasas Fernandez

-Tia Beatríz, de Ana Luna Oscura

.
Enhorabuena a los que entrais dentro y muchisimas gracias a todos los participantes. Ha sido un placer el ver la aceptación que ha tenido este certámen y lo mucho que nos habeis sorprendido con vuestras historias.

Darles las gracias tambien a los miembros del jurado y a su inestimable ayuda a la hora de seleccionar tan solo diez relatos entre tantas historias interesantes y bien logradas.  Un abrazo para Ángel Villán, Ivan Mourin, Silvia Ibañez, Victor Martinez y Fernando Martinez Gimeno. Sois grandes, gente!

PD- Me olvidaba. El ganador , cuyo relato ha reunido la mayor cantidad de votos, ha sido Carlos L. Hernando, con su relato  “Muerte contra Muerto”. Enhorabuena, amigo. En breve nos pondremos en contacto contigo para comentarte unas cositas.

 

Y para cerrar, os dejo con un pequeño montaje, a modo de booktrailer, donde podreis ver la excelente portada que nos ofrece Nacho de Marcos, grandisimo ilustrador y amigo de esta casa.

.

.