¡Pues si, amiguitos! Recien llegado de Huesca, donde se han celebrado las IV Jornadas del Liter Imaginarius, en las que hemos disfrutado de la compañia de buenos amigos como David Jasso, Ángel Villan, Oscar Bribian, David Rozas, Juan Ángel Laguna Edroso, Rubén Sanchez, Fernando Lafuente, Roberto Malo, Jose Maria Tamparillas, Miguel Puente, Emilio Bueso, Ismael Martínez Biurrún, Fernando Martínez Gimeno, Juan Antonio Román y otros tantos grandes escritores y amantes del terror, no puedo evitar colgar esta entrada en el Athnecdotario.
Servidor ha tenido el placer de participar en esta edición del Liter, en calidad de ponente, presentando un nuevo proyecto editorial junto al bueno de Ángel Villan y también haciendo un análisis conjunto con Fernando Martínez de la que quizas sea la más conocida obra literaria de Clive Barker: Los Libros de Sangre.
Tanto Fer como yo mismo, habiamos trabajado en unos textos que habian de servir para cubrir la charla, pero como suele suceder en estos casos, y conste que es algo que resulta casi más entretenido que ver a dos tipos calvos hablando desde un escenario, tras las palabras de mi compañero de mesa se generó un intenso y fructifero debate en el que participamos todos los asistentes y que hizo que los 45 minutos de los que disponiamos se consumiesen de manera tan rapida como sorprendente.
Pese a que el texto que habia preparado no fuese utilizado y mi aporte a la charla fuese poco más que testimonial, creo que se consiguió lo que realmente buscabamos, que no era otra cosa que el público asistente se implicase en el tema,dando pie a una enriquecedor intercambio de opiniones, donde todo el mundo pudiese aportar sus propias ideas y percepciones.
Como el texto me parece adecuado y además, no quiero que el tiempo empleado en él sea para nada, he pensado que no hay otro lugar mejor que este para que si hay algún curioso al que le apetezca saber de que trataba, pueda acercarse a él.
Sin más, aquí lo teneis….
“…Lo que más me llama la atención sobre los relatos que se incluyen en los seis volúmenes originales de Libros de Sangre, es el peculiar modo en que lo hace Barker.
Pese a ser relatos más o menos cortos, Barker consigue historias bien desarrolladas, sin cabos sueltos, concisas y distintas a lo que suele ser habitual, otorgándole a la narración una sensación de angustia exquisita, basada en elementos verdaderamente absurdos e inesperados, pero desarrollados de una forma que uno no pude evitar ser arrastrado por la historia, por surrealista u onírica que pueda parecer en su planteamiento.
Su especialidad es en apariencia simple, pero compleja al mismo tiempo: Rasgar el velo de lo que consideramos normal y mostrarnos que es lo que se oculta debajo.
Sorprende que un relato, cuya premisa nos parecería a simple vista fruto de la mente de un perturbado cualquiera, sea capaz de prolongar la tensión del lector y arrastrarlo página a página, en total incertidumbre, hasta un desenlace generalmente fatídico y despiadado, que nos dejara atónitos.
Y eso es lo que ocurre con la mayoría de historias recopiladas en los volúmenes de Libros de Sangre. Historias en apariencia disparatadas, que terminan por sumergirnos en una vorágine de terror, sangre y sufrimiento,revelándonos una única verdad: La terrible certeza de que todas y cada una de nuestras pesadillas, por descabelladas que parezcan, tienen cabida en su particular visión del mundo y de la esencia humana.
La materia de la que está construida nuestra verdadera naturaleza. Nuestras debilidades y nuestros secretos. La curiosidad. El ansia. El pecado. La culpa. El miedo. La expiación. Todo desde una perspectiva que podemos considerar radical y llevada al extremo, pero que tiene su razón de ser. Lo imposible y lo real se dan la mano, se confunden de un modo perverso, enfermizo, con una crueldad incomprensible, pero inevitable.
Los Libros de Sangre, destacan sobretodo por su ambientación.
El modo en que los relatos logran contagiarnos con lo demencial de sus argumentos, pone de manifiesto el talento del autor para llevarnos por donde quiere, mostrándonos incluso más de lo que deberiamos conocer, en el justo momento en que debemos saberlo y otorgándole a la narración el enfoque y ritmo adecuados para que el lector quede atrapado bajo el influjo de sus palabras, sintiendo como propia esa sensación de fatalidad y resignación ante lo inevitable.
La morbosidad, la perversión y decadencia humana se describen a la perfección. No se trata solo de mostrar, si no mas bien de permitir que sea el lector quien lo experimente por si mismo una vez el autor se lo pone delante con una naturalidad pasmosa. Que tanto el horror como la sangre y otros fluidos más íntimos lleguen a salpicarle, sacudiendo su apacible existencia y haciendole participe de esa locura visceral y sin barreras.
Placer y dolor, sangre y semen, vida y muerte…. Tan opuestos y sin embargo, tan cercanos el uno del otro que resulta a veces difícil ver donde termina uno y empieza el
otro.
Todo ello hilvanado de manera tan natural, de un modo tan creíble pese a lo degenerado que pueda parecer el comportamiento de los personajes y criaturas que lo pueblan, que el resultado no podía ser mas coherente, dentro de lo surrealista de la mayoría de las historias.
Todos somos responsables de nuestros actos, incluso cuando no actuamos. Y eso implica consecuencias que la mayoría de veces no somos capaces de siquiera imaginar. Cuando esos actos vienen a cobrarse deudas pendientes, no hay forma de escapar. Incluso si es simplemente por puro azar, por el mero capricho de unos entes aburridos que se divierten a nuestra costa o porque simplemente somos unas criaturas débiles y enfermizas, que sucumben ante aquello que no son capaces de entender, nos resultara imposible eludir nuestro destino.
La muerte, la locura o la condenación serán inevitablemente lo que nos espera al finalizar nuestro viaje. Un castigo inevitable, tan merecido como desproporcionado, por romper tabúes, reglas y contenciones, a causa de a nuestros más básicos instintos.
Es el modo en que aceptamos esa revelación en lo que Barker ha profundizado, dejando al descubierto la fragilidad del alma humana. A nuestros miedos más irracionales y a los más cotidianos, a nuestros más oscuros apetitos, a la fina línea que separa la cordura de la demencia, a la incapacidad de perdonar y perdonarse y a los intentos desesperados por librarnos de esas cargas.
Libros de Sangre, en su conjunto, son un testimonio de esa fragilidad. De como nuestros instintos más primarios, la culpa y el miedo compiten entre si, transformando esa lucha en algo que consigue quebrar la realidad y que nos devora por dentro. De como ansiamos una escapatoria, un perdón que ni nosotros somos capaces de otorgarnos, porque quizás de algún modo sabemos que no merecemos. Una culpa que exige expiación, aunque sea castigándonos a nosotros mismos. Aunque el precio sea aniquilar de manera absoluta nuestra identidad como ser humano.
Y si no somos nosotros quienes guiamos nuestros pasos hasta el que será nuestro patíbulo personal, el propio universo se encargará de regurgitar alguna criatura, algún ente que se encargue de hacerlo. No es necesario buscar un motivo para justificar que nuestra realidad se desmorone, que nuestra confortable y monótona existencia se venga abajo y terminemos en las fauces del terror más inesperado.
Los relatos incluidos en Libros de Sangre son historias duras, violentas y sin concesiones, aunque no carentes de ironía y humor. Los excesos y la apología de la
autodestrucción puede ser un planteamiento difícil de digerir para los estómagos sensibles. Pero la honestidad que palpita en sus páginas es innegable y su mejor baza, el no censurarse a sí mismo en ningún momento. Crudo, directo a las entrañas, sin paliativos. La decadencia caminando de la mano de la belleza, lo visceral junto a lo profundo, los bajos instintos y el satisfacer nuestros deseos , la búsqueda del placer en contrapunto al miedo, lo repugnante, la inconformidad, la negación y la búsqueda de una respuesta que sabemos que no existe .
Hay quien pueda tachar a Baker de efectista, de llevar a los personajes hasta extremos demasiado radicales. Considerar su obra surrealista. Sórdida, abyecta y depravada. De partir de planteamientos tan absurdos como faltos de credibilidad. De rezumar obscenidad y violencia de manera gratuita. Incluso de pecar de caótica, excesiva y opiácea.
Se equivocan. O simplemente, son incapaces de ver más allá.
Tras esa aparente procacidad, de ese aparente catálogo de aberraciones, Barker habla de sentimientos. Del miedo. Del dolor. De nuestra verdadera naturaleza y de la del mundo. Una naturaleza que desconocemos porque permanece oculta ante nuestros ojos y que cuando se muestra, lo hace para engullirnos en una vorágine de locura y caos, de monstruos y seres imposibles. De almas atormentadas por sus propias debilidades y su incapacidad de vencerlas. Habla de la impotencia ante un destino tan infame como inevitable. Del temor a la perdida y al olvido, o a descubrir una verdad
que no seremos capaces de asimilar. De una inútil lucha contra nosotros mismos,
con nuestros propios monstruos o con entidades que van más allá de lo comprensible…”