Donde habitan androides y monstruos, una antología solidaria.

¡Hey, tú! Sí, tú. ¿Podrías dejar lo que estés haciendo, aunque sea solo un par de minutos? Es que quiero contarte algo y creo que es importante. De verdad, solo dos minutos.

Quería presentarte a un amiguete. Se llama Sergio de la Fuente, tiene catorce años y padece una enfermedad degenerativa rara, distrofia muscular de cintura.

A pesar de ello, Sergio es un chaval alegre y optimista, que disfruta de la vida y de la gente que le quiere. Cursa sus estudios, juega al futbolín y tiene grandes sueños.
El problema es que cada vez le cuesta más el desplazarse y aunque al principio la idea no le hacía nada de gracia, ha entendido que quizá, con una silla de ruedas motorizada, podría seguir corriendo aventuras y haciendo grandes cosas.

El problema es que el puñetero cacharro vale un dineral y aquí es donde entramos La Pastilla Roja y vosotros. Junto a Luís Martínez Vallés, director del programa radiofónico Luces en el Horizonte y quien me dio a conocer a Sergio y su historia, decidimos que quizá podríamos aportar nuestro granito de arena a la causa. ¿El modo? De la única forma que sabemos, a través de la literatura.

Es por eso que contactamos a unos cuantos colegas de letras, autores con un nivel y calidad humana acorde con su talento artístico. Gente a la que todos conocéis (o al menos, deberíais), y que no dudaron ni un momento en echarnos una mano con este proyecto.

Después de mucho trabajo, os damos ahora a vosotros la oportunidad de colaborar con nosotros y ayudar a nuestro amiguete de la forma más sencilla. Os presentamos `Donde habitan androides y monstruos´, una antología solidaria de ciencia ficción y terror, que acaba de salir en formato digital y cuyos beneficios irán destinados íntegramente y en exclusiva para Sergio y su silla.

Donde habitan androides y monstruos.
Diecisiete autores. Diecisiete relatos. Diecisiete historias donde la ciencia ficción y el terror se unen por una causa común: Ayudar a Sergio, que pese a sus dificultades, no teme a los monstruos y llegará más allá del espacio exterior si se lo propone.

Podéis haceros con ella aquí mismo:
https://www.amazon.es/Donde-habitan-androides-y-monstruos-ebook/dp/B079SGJDQR/ref=sr_

Y también desde Lektu:
https://lektu.com/l/la-pastilla-roja-ediciones/donde-habitan-androides-y-monstruos/8602

Os dejo el listado de relatos y a los autores que participan en ella, a quienes quiero reiterar de nuevo mi profundo agradecimiento por su interés por el caso y su solidaridad.

Portada de Néstor Allende
Prólogo del propio Sergio de la Fuente.
Entrevista, de Cristina Jurado.
Mary Jane, de Daniel Gutiérrez.
El último paseo por el valle inquietante, de Mar Goizueta.
Casi como hermanos, de Pily Barba.
Sari vuelve a la guerra, de M.J. Sánchez.
Tic Tac, de Pepa Mayo Osorio.
La pregunta, de Luis Martínez Vallés.
Hoy tampoco es tu día, de Sergio Moreno Montes.
Salto al vacío, de José Antonio Campos (Toluuuu).
El misterio de la creación, de Carlos Sisí.
Veinticinco de enero, de Álex Puerta.
Aquelarre, de Nuria C. Botey.
Another Chance, de Adriana LS Swift.
Náufrago en el océano del cambio, de Ramón San Miguel.
Candy Candy, de Claudio Cerdán.
El gran hombre, de David Gambero.
Sombras, de Javier Quevedo Puchal.

Por si queréis saber más de Sergio, os dejo un par de enlaces donde se habla de él, de sus innumerables amigos y de sus aventuras diarias.

https://www.youtube.com/watch?v=q_I82n1s4tg
https://www.youtube.com/watch?v=5m4SDBvTmIk&t=508s

Ahora os toca a vosotros dar el paso. Uno tan sencillo para vosotros y que supone tanto para él.
Gracias a todos. Ale, ya está. Sigan con lo suyo…

 

 

El portal de los obeliscos (La Tierra Fragmentada 2), de N.K. Jemisin (Nova, 2018)

Una reseña de FJ Arcos Serrano.

 

Así es como se acaba el mundo… por última vez.

Ha dado comienzo una estación de desenlaces.

Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol.

Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida.

Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar.

El lugar es la Quietud, un continente acostumbrado a la catástrofe en el que la energía de la tierra se utiliza como arma. Y en el que no hay lugar para la misericordia.

Hoy os traigo por aquí la esperada continuación de La Quinta Estación, novela que me dejó un estupendo sabor de boca  y que para servidor supuso una de las mejores lecturas del pasado año. Decir que El portal de los obeliscos fue ganadora de nuevo del premio Hugo como mejor obra de ciencia ficción del año 2017….detalle nada baladí y que ratifica de nuevo la calidad como escritora de N.K. Jemisin.

Me encuentro de nuevo en una tesitura especial al querer hablar de este libro sin incurrir en spoilers o datos importantes, así que doy por hecho de que quien vaya a leer esta reseña se ha leído la primera novela de la trilogía; en caso contrario: quedas advertido, amigo lector.

Si bien ya comentaba que La Quinta Estación tenía un pequeño problema de ritmo, es en esta segunda parte donde la autora ha cogido el timón de la narración para justamente de esta forma pulir posibles males de este tipo, presentándonos un libro totalmente adictivo.

Así conoceremos mejor a gran parte del elenco para empezar a atar cabos y descubrirnos nuevos misterios que rodean a la Quietud, sorprendiendo y estremeciendo al lector por el camino, senda bien surtida con una buena lista de preguntas (entre ellas están los diferentes bandos pertenecientes a esa guerra ancestral que lleva miles de años librándose entre la Tierra y sus habitantes y que debido a lo ambiguo del tema por parte de la escritora vamos a tener que ser nosotros, los lectores, quienes tendremos que ir uniendo las diferentes pistas que sobrevuelan por toda la novela y llegar a alguna conclusión con respecto a todas estas incógnitas).

Me ha gustado mucho cómo la escritora nos vuelve a narrar el mismo inicio de la novela anterior, pero desde un prisma totalmente diferente y original, potenciando esa sensación de sense of wonder que cualquier lector demanda en este tipo de narración.

La novela vuelve a estar escrita con una prosa muy potente, representando siempre los sentimientos de sus personajes de una manera muy directa…estilo muy complicado de alcanzar a este nivel, ya que es difícil encontrarse tanta visceralidad en un libro de corte fantástico.

En definitiva: El portal de los obeliscos es una segunda novela mucho más oscura y crepuscular que la primera parte, incluyendo además, uno de esos finales que te vuelve a agarrar donde más duele, dejándote tocado por su calado emocional. Con estos mimbres es inevitable el desear que llegue cuanto antes a nuestro idioma la tercera y última entrega de esta Tierra Fragmentada que tantos buenos momentos de lectura nos está brindando…

 

Ficha técnica

Título: El portal de los obeliscos

Autora: N.K. Jemisin

Editorial: Nova

Páginas: 400

ISBN: 9788417347079

Precio: 20,90 euros

 

 

La opinión de Soraya: Plata pura, de Nuria C. Botey

Por Soraya Murillo.

Una novela que simplemente no te dejará indiferente. Llevo buena racha en lecturas, eso es verdad, pero no es cuestión de suerte , hace tiempo que busco lo que dejan los mejores en este gremio de la escritura.

Perdonadme, si no empiezo hablar ya del libro, dejadme un momento para que mi cabeza entienda las trescientas y pico página que acabo de terminar. Mientras, os hablaré de su escritora, Nuria C. Botey.

Me abruman, me aburren y hasta me irritan estas escritoras que dejan lamentos por las redes sociales, diciendo que no las leen por ser mujeres. Lo siento por ellas, si han llegado a esa conclusión, pero yo de Nuria lo he leído todo y regreso a ella siempre que mi dinero me lo permite. Cuando se trata de una buena escritora, alguien con talento, más pronto que tarde los lectores la encontraremos. Otra cosa es que no la veamos por falta de promoción y por eso ahora yo voy a intentar ser parte de la solución y que sepáis más de ella.

La novela empieza fuertecita y directa, con un contrato para matar a una mujer llamada Miss Mary, tan misteriosa que no sabréis de su verdadera identidad hasta el final de la historia.

Una lectura clara, no hace falta leer otra vez nada de lo leído para ir entendiendo la trama, lo cual hará que sea amena, avanzando por ella sin que os deis cuenta.

Max Kepler es el protagonista principal. Ya en las primeras páginas nos relatará su verdadero origen, sin que tengamos muy claro cómo llegó a ser lo que es. Nuria cuidó ese detalle; en todo momento irá siempre por delante de ti, así que relájate, lee y disfruta. No intentes atar cabos tan pronto. Nuestra escritora es una mujer inteligente, quiere que leas.

Mientras, Max usa todos sus sentidos para buscar y matar, oliendo el miedo, el sudor… El inspector Alonso, sin saberlo, entra en la telaraña que se tejió ajena a él. Buen hombre, honrado y justo, buscará justicia para dos malhechores que han encontrado muertos. No será fácil: apenas tiene pistas pero cualquier hilo le vale para ir tirando.

Quiero que entendáis lo que vais a leer: Un inspector que no quiere que unos asesinos queden impunes. Le da igual que haya gente poderosa detrás. Cree en la justicia, en su placa, en su trabajo. Max, en cambio, sólo cree en una cosa: en él mismo. Le pagan y le gusta acabar su trabajo, cumplir sus contratos. Pero en su camino se cruza un hombre cuya belleza será descrita como el de una hermosa niña. Sus encuentros sexuales llenan páginas de sexo cruel, agresivo, sangriento, un éxtasis de dolor y placer. No son pinceladas sexuales, describiendo los encuentros por encima, no. Nuria lo describe de forma verdaderamente brutal, no le tiembla el pulso.

Te sorprenderá el cambio de estilo narrativo de la autora. Igual es dulce, con descripciones sobre un rayo de sol que entra por la ventana, que cambia de registro a palabras directas como paquete, mierda en los cristales, etc… Diálogos muy, muy buenos, dentro del mundo policial.

Un thriller de novela negra y fantasía, ambientada en un Madrid de ahora .

Siempre con esa pregunta: ¿Quién es Miss Mary?

Y todo avanzará, con algunos momentos en los que os sentiréis inteligentes y pensareis que ya tenéis clara la historia, pero no. Nuria guarda otro as en la manga. Joder Nuria, por unos momentos me hiciste volver aquella película de “La parada de los monstruos”.

Termino con buen sabor de boca, tras paladear el talento de una gran escritora y un libro que nunca controlé, pues su autora no me lo permitió.

https://www.amazon.es/Plata-Pura-lobo-hombre-Madrid/dp/1520996403/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1518040017&sr=8-1&keywords=plata+pura

 

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In Memoriam: Jack Ketchum ha muerto. Reflexiones de su “Hijo Bastardo Idiota”, por Turner Mojica

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

Hace apenas diez días,  nos decía adiós alguien muy querido y admirado por esta casa. Dallas Mayr, más conocido como Jack Ketchum, quien con su partida, nos ha dejado tristes y un poco más huérfanos de referentes de esos que de verdad, nos han marcado el camino a seguir a muchos de nosotros. No voy a extenderme en alabar su trayectoria literaria (insuficientemente reconocida en nuestro país, si se me permite el inciso), ni a caer en el error de hablar de él a nivel personal. Me pareció siempre un tipo interesante, honesto consigo mismo y con los demás, pero no lo traté en persona y es por eso que prefiero que sea alguien que sí le conocía bien, de manera íntima, quién venga a hablarnos ya no del escritor, sino del hombre que era.

Gracias a Soraya Murillo, quién mantenía desde hace tiempo una buena relación con el autor a través del email y las redes sociales, he conocido a Turner Mojica, alguien muy, muy cercano a Ketchum y que ha tenido el detalle de autorizarnos a traducir y publicar esta misiva, a modo de homenaje póstumo a quien, en sus propias palabras, ha sido como un padre para él.

Agradecer a Pili Rosique Aysel sus labores de traducción, a Soraya por el contacto, al propio Turner Mojica por su amabilidad y como no,  a Jack Ketchum, allá donde esté, por habernos dado tanto… Que la tierra te sea leve, Dallas.

Os dejo con el texto:

 

In Memoriam: Jack Ketchum ha muerto. Reflexiones de su “Hijo Bastardo Idiota”

Se ha ido. Se ha ido de verdad”. Me tumbo en la hamaca, contemplo el Pacífico y dejo que esas palabras se hundan en el azul resplandeciente. Busco en Spotify y pongo a Tom Waits, “Sins of the Father”, y me balanceo durante un momento con los ojos cerrados. “Kissed my sweetheart by the chinaball tree. Everything I done is between God and me”. La tristeza se apodera de mí y lucho por empujarla hacia ese oscuro lugar donde esperan las lágrimas. Me lleva a la puerta de cristal y me guía a través de la villa blanca hasta la cocina. Cojo el cuchillo, corto un pedazo de mango y apoyo mi mano sobre la encimera de mármol negro. Cruzando el suelo de losetas blancas en un baile lento y aburrido, me lleva escaleras abajo y yo la sigo fuera, cerrando la puerta tras de mí.

La música se desvanece y camino los cincuenta pasos hasta la orilla de Playa Marbella, en Costa Rica. No siento el calor del sol, ni el de la arena, tampoco oigo el canto de los pájaros y el aullido de los monos. Soy sordo a las iguanas que me sisean y a las olas que me golpean mientras me alejo nadando. Otras cincuenta brazadas y miro hacia la orilla. Contengo la respiración y me sumerjo en la corriente.

Conocí a Dallas Mayr, su nombre real, en un encuentro de alumnos del Emerson College en el centro de Manhattan. Lo sacaron de un grupo de admiradores, mujeres en su mayoría, y me lo presentaron. Bebíamos el mismo whisky escocés: Dewar´s con hielo. Le acepté un Winston, lo que se convertiría después en un ritual para nosotros. Parecía que nos conociéramos de antes y el resto de la fiesta se disipó, salvo por las mujeres a nuestro alrededor. Al día siguiente, quedamos a las cuatro y media para lo que él llamó “The Meeting”, en lo que por aquel entonces era el World Café en el Upper West Side, no muy lejos de donde él residía. Supe que volvería para vivir cerca de él.

Cuando me instalé en Manhattan desde Boston, poco después de graduarme, “The Meeting” se convirtió en parte de mi vida. Escritores, artistas, actores, ejecutivos y obreros mezclados con el ritmo vibrante del Lincoln Center y los cercanos ABC Studios. Dallas me guió como Charon a través de sus aguas. Los hombres y mujeres que asistían se convirtieron en mi gran familia. Los primeros años no había leído ninguno de los libros de Dallas, ya que no eran fáciles de encontrar por aquel entonces. No fue hasta que conseguí un trabajo de marketing en Playboy y me tropecé con un ejemplar de “Joyride” en Barnes & Noble. Tenía que hacer algo. Sólo dos copias. Me encargué de preparar su primer kit de prensa, todos sus materiales de RR.PP., todo aquello sobre lo que que pude poner las manos. Me zambullí en un tesoro escondido de material guardado en su apartamento en la calle 69 con Broadway, donde conocí a Paula y sus gatos. Bestia se convirtió en mi favorito.

Realicé su primera fiesta de presentación de libros en Nell´s para ”The Girl Next Door: Special Edition” en la calle 14. Aquel evento fue el comienzo de nuestras promociones juntos que, para mí, eran meras excusas para beber, fumar, hablar y reírnos juntos. Él había conocido cada amor de mi vida, sido testigo de cada ruptura, visto mis ascensos y mis muchos descensos al infierno. Dallas fue el responsable de mi traslado a Italia. “Vete” es lo que dijo, “sal de aquí y alcanza Grecia también”. Lo dejé todo y me fui, pero siempre mantuvimos el contacto.

Dallas y yo comimos, bebimos, fumamos y viajamos juntos por docenas de ciudades en Italia: de Milán a la costa de Amalfi, a la isla de Malta y las playas de Costa Rica, donde me instalé después de trece años en Italia. Me convertí en lo que él llamó su “hijo bastardo idiota”, sacado de una canción de Frank Zappa. Llevé esa insignia con honor y casi toda mi correspondencia con el acababa con “XO HBI”

Hice que Dallas volara a visitarme en Playa Tamarindo para consultarle sobre un guión que estaba escribiendo y su valoración fue maravillosa. Estaba pálido y frágil, sus ojos eran grises y no del azul penetrante al que yo estaba acostumbrado. Su andar era lento, pero sonreía a través del dolor. El clima cálido le venía bien. Estaba de mejor humor. Después, su cáncer remitió.

Volví a traerle a Costa Rica para trabajar más en el guión, pero mi verdadera motivación era que pasásemos su cumpleaños juntos. Escapó del invierno de Nueva York y estaba encantado con nuestro progreso en el guión.

Le estaba muy agradecido, pero también abrumado porque su cáncer había reaparecido. Tenía mejor aspecto que la vez anterior, pero algo me decía que aquella sería la última vez que le viera vivo. En aquel viaje, poco a poco, me fui desmoronando y desarrollé lo que él llamaba “flopsweat”. Un miedo nervioso a fallarme, lo que para mí significaba fallar a Dallas. Me tragué un combinado de sus pastillas y las pasé con botellas de whisky escocés y enfermé del alma, pero Dallas me sacó adelante. Él sabía que estaba sufriendo. El miedo a perderle era insoportable. Aquel hombre me era más cercano que mi propio padre.

Mientras me sumerjo bajo el agua, oigo su risa. La música de Tom Waits vuelve a mi cabeza. “Hoist That Rag” ruge bajo la superficie. “We stick our fingers in the ground, heave and turn the world around”. Respiro con dificultad, vuelvo nadando a la orilla y me tumbo exhausto y riendo en la playa. Mi padre se ha ido, pero me ha dejado las palabras más poderosas, que para mí tienen tanto significado como “Jesús lloró” y esas palabras eran “palabras evocadoras”. Estoy conociendo a la tristeza y bailando con ella. Siento a Dallas aquí conmigo, en la playa, y dejo que la avalancha de recuerdos me llene de alegría.

Mi padre era un alma generosa y amable; bebedor, fumador y picaflor, como me gustaba llamarle. Simplemente resultó ser Jack Ketchum. Me enseñó lecciones que no se pueden encontrar en ningún libro y predicó con el ejemplo. Stephen King lo llamó “un arquetipo”. Lo era en todos los sentidos de la palabra, en el trabajo y en el juego.

Camino de vuelta a la villa, me sirvo un té helado y llevo mi portátil desde la mesa a la hamaca. Veo mujeres hermosas en la playa y perros jugando. Tomo un sorbo del vaso y comienzo a escribir.

1- N.del T “Besé a mi amor bajo el árbol de las lilas. Todo lo que he hecho queda entre dios y yo”
2- N. del T. “La chica de al lado: Edición especial”
3- N. del T. ” Hundimos nuestros dedos en el suelo, tiramos y cambiamos el mundo

 

Corazón americano, alma europea y sangre costarricense. Turner Mojica es escritor, consultor de gestión internacional, estratega de marca para las industrias de las artes y el entretenimiento. Graduado por la Emerson College, es ex coordinador de prensa del senador estadounidense Edward M. Kennedy, ex gerente de marca de Playboy Enterprises Inc, ministro de propaganda de The Ronnie King Group, asesor de gestión de Mario Cardona Lang y Zen Entertainment Latin America y Consultor de Gestión Internacional e Hijo Bastardo Idiota de Toda la Vida de Jack Ketchum.Enterprises Inc, ministro de propaganda de The Ronnie King Group, asesor de gestión de Mario Cardona Lang y Zen Entertainment Latin America y Consultor de Gestión Internacional e Hijo Bastardo Idiota de Toda la Vida  de Jack Ketchum.

 

EL CÍRCULO. El paso 3: La versión que cambió el cine de terror y sus secuelas directas.

Tercera parte de la serie de artículos donde analizamos la obra cumbre del terror japonés.

Por José Luis Carbón.

1998 -Ringu (The Ring)                     -Director: Hideo Nakata

1998 -Rasen (Ring: The Spiral)         -Director: Joji Iida

1999 -Ring 2 (The Ring 2)                 -Director: Hideo Nakata

 

AVISO DE SPOILERS

De sobras es conocido para todos los aficionados al cine fantástico y, en particular, a los amantes del terror que una cinta como The Ring (Ringu, 1998, dirigido por Hideo Nakata) representó el nacimiento para el mundo occidental del terror oriental. Fue el pistoletazo de salida de lo que a partir de ese momento se llamó J-terror (expresión que sólo quiere decir “terror japonés”, ¡qué cool queda decirlo abreviado!) con todo el boom de películas de terror japonesas que a partir de ese momento inundaron festivales y cines por toda Europa y Estados Unidos.

Ya Mark Cousins, en su celebrada Historia del Cine (1) nos dice que en The Ring “se combina elementos de El Exorcista con espectros de Mizoguchi en una de las mejores películas de terror con una mujer como protagonista”. Bien, dejando de lado la referencia al hecho de que la protagonista sea mujer (recordemos que en la novela original de Koji Suzuki era un hombre) es interesante el hecho de que aluda a referencias tanto occidentales (el clásico imperecedero de William Friedkin) como los propio orientales en el caso de Mizoguchi, y más en concreto su obra maestra Cuentos de la luna pálida.

Voy a decirlo ya: The Ring (1998) es una obra excepcional, un clásico en toda regla. Y como todos los clásicos sigue teniendo validez el verla en la actualidad, en su caso, dos décadas después. A pesar de que el cine fantástico de terror, en el subgénero de los fantasmas, haya tenido un pasado lleno de obras maestras y referenciales en todas las décadas (La caída de la casa Usher, dirigida por Jean Epstein, en los años 20; Sobrenatural, dirigida por Victor Halperin, en los 30; Al caer la noche, film de episodios, en los 40; para los 50 ya hemos nombrado Cuentos de la luna pálida; en los 60 una joya como Suspense, de Jack Clayton, seguramente la mejor de las numerosas adaptaciones de la inmortal obra de Henry James Otra vuelta de tuerca; La leyenda de la casa del infierno, de John Hough, con guión de, no podía faltar, Richard Matheson;  la siempre reivindicable Al final de la escalera, dirigida por Peter Medak inaugurando la época ochentera, y por cierto, que el final de esta maravilla recuerda a muchos el final de The Ring, pozo incluido; en los 90 una película como Candyman hacía saltar butacas y ya la generación milenial descubriría que directores españoles podían asustar al personal: Los Otros, de Alejandro Amenábar…¡perdón por tan largo paréntesis, la cita de estas maravillosas películas lo merecía!), lo cierto es que el film de Hideo Nakata fue algo nuevo para el espectador occidental. Como bien comenta José Manuel Serrano en su referencial obra Horrormanía, enciclopedia del cine de terror (2) nos dice al respecto: “Desde Japón tenía que venir una película que aportara un halo de aire fresco al tan enquistado cine de terror, especialmente yanqui”. También para el oriental en cierta medida fue nuevo, en cuanto nueva relectura del viejo folklore japonés en los conocidos yorei, esos fantasmas que vuelven de entre las sombras del más allá para vengarse o complicar la vida de los vivos. Que fueran en su mayoría mujeres, vestidas de blanco, con el pelo largo y negro no deja de ser sintomático de una cultura que nos era hasta muy pocos años lejana, y no sólo en el espacio.

Dentro de los yurei tenemos a los onryo, el fantasma japonés más popular, el que lleva su maldición hasta las últimas consecuencias, y Sadako uno de sus más característicos personajes.

Como ya comentamos en el capítulo anterior, la trama de The Ring, novela, sigue la investigación del periodista Kayukuzi Akasawa de unas muertes extrañas, causadas por la visión de un video maldito. Y la película cambia el sexo del protagonista en Reiko Akasawa, aparte de unas cuantas concesiones como el hecho de que la matara su padre (en la novela fue un médico que trabajaba en hospital donde estaba ingresado el padre), que los poderes de Sadako estén más limitados en la novela. Vimos también que la primera adaptación en formato telefilm sí seguía a pies juntillas casi toda la novela. Pero la versión de 1998 revela una nueva trama que dará pie a toda una saga como vamos a ver a continuación y a todo un universo, podríamos decir paralelo, en el que los remakes van a dar nuevas lecturas de este mundo sobrenatural lleno de terror, horror y tristeza.

La mayoría de los que han alabado la película hablan de su atmósfera. Y no les falta razón. The Ring (1998) es una película que crea un clima sugerente, en el que todo te va llevando en busca de lo mismo que quiere averiguar la protagonista (la solución a un enigma) y, además, como espectadores oímos, vemos, percibimos mucho más que los propios personajes. En un juego meta cinematográfico visionamos a Reiko visionando  la cinta maldita, y de ahí surge la empatía en la búsqueda de la verdad. Como bien expresa el crítico italiano Pier Maria Bocchi, recogido en el volumen Cine fantástico y de terror japonés (1899-2001) (3): “El aire y la atmósfera quedan paralizados, absorben la lógica y anulan la sonoridad del lenguaje. Los personajes –y el espectador- fluctúan en un mundo donde las cosas que deben comprenderse, las cosas que deben descubrirse no pueden descubrirse, porque todo es al mismo tiempo negro-transparente-invisible.”

Resulta curioso que ahora mismo que vivimos una época donde los digital mueva nuestras vidas y los ultra-mega-hiper-super HD o imagen en 4K se presentan como lo más novedoso (hasta que aparezca algo mejor, faltaría más!) visionar The Ring supone toda una experiencia cinematográfica, y por ende, también vital. El hecho sobrenatural que hace que Sadako imprima las imágenes en una cinta analógica es algo puramente circunstancial (recordemos que la novela se publicó en 1991, cuando el VHS dominaba el mercado –el DVD no se comercializó de forma masiva hasta 1995). Yo mismo he sido testigo, al pasar la película en una sesión de cine fórum escolar, en 2010, de reacciones muy curiosas de los adolescentes: recuerdo que tras la película la mayoría comentaba qué hubiera hecho si supieran que unas imágenes podrían matarte, y de ahí el tema derivaba a cómo ciertas imágenes pueden perturbar nuestra mente.

Un estudio fundamental de la película es el de Julio Ángel Olivares Merino: The Ring Una mirada al abismo (4), obra fundamental que no sólo estudia la película sino todo lo que representó en su momento, punta de lanza de un nuevo terror cinematográfico. De forma magistralmente poética este estudioso del terror, en todas su manifestaciones, nos define The Ring en estos términos (5): “El filme de Nakata encadena marcos de silencio y suspiro, cuadros en los que se inserta o se “anillan” otros enmarques, dándose eso que hemos venido a llamar juego de espejos, de reflejos –como una poética de la autorreflexión, tan característica de lo posmoderno-, siempre con el constante flujo y reflujo desde la realidad hasta lo irreal, desde lo virtual a lo tangible y sensible, dimensiones no desvinculables entre sí”. No puedo estar más de acuerdo.

The Ring ya forma parte de esas películas que forman parte del imaginario colectivo, con imágenes ya icónicas, como la de Sadako, en el aterrador clímax final, en el televisor, saliendo del pozo para salir literalmente por la pantalla (que la película utilizara elementos occidentales nunca fue discutido: o Poltergeist (1982, Tobe Hooper o Videodrome (1983, David Cronemberg) contienen escenas de ese calibre).

Y como no teníamos suficiente con el impactante final donde Sadako se deja ver y Reiko se dirige a salvar a su hijo (que vio accidentalmente la cinta maldita), los espectadores japoneses que el 31 de enero de 1998 disfrutaron con la obra fílmica de Hideo Nakata pudieron disfrutar del doblete al ver la secuela directa de The Ring en una de las historias cinematográficas más curiosas de la historia del  cine. La secuela se tituló Rasen (en Inglaterra se retituló  The Spiral, como se conoce algunas ediciones en DVD y Blu-ray), dirigida por Joji Iida y con varios de los protagonistas de The Ring. Esta continuación es la gran desconocida de toda la saga. Y ello se debe, principalmente a las malas críticas en el momento de su estreno, al hecho de que se desmarcara de su predecesora en cuanto a ambiente y tono, y por el hecho de que Hideo Nakata rodara otra secuela directa titulada, para eludir el film de Iida, The Ring 2 (1999).

Es Rasen, cuanto menos, un film atípico. Basada en el segundo libro de Suzuki, Spiral, publicado en 1995, se nos presenta la historia justo tras el final del film de Nakata: Ryuji Takayama es asesinado por Sadako y Reiko va en busca de si hija para salvarlo. En Rasen, Mitsuo Ando, patólogo, ha de hacer la autopsia de su amigo Ryuji. Ando vive obsesionado con la trágica muerte de su hijo (observamos cómo el tema de la muerte de un hijo es recurrente en la obra de Suzuki y en gran parte de la saga: es el tema del miedo al perder a un ser querido, el horror ante lo que se considera anti natura: sobrevivir a un hijo). Conoce a la amiga de Ryuji, Mai Takano, que tiene el poder de ver el sufrimiento de los demás (por supuesto, ve el de Ando). ¿Y qué es de Sadako? Naturalmente un yurei siempre clamará venganza, algo que hará a partir del diario que escribió Reiko, y del que surgirá un nuevo virus, que se esparcirá por todo el mundo a partir de la publicación del diario. Así, todo el que lo lea se contagiará. Lo que en The Ring era la visión del video, ahora será la lectura del diario.  Muchos críticos no entendieron este cambio de rumbo. Sadako aparece en algunas secuencias, aunque el verdadero protagonismo es el de Mai Takano. Ando hace el amor con Mai, lo que desencadena lo más surrealista del film: Sadako necesita un cuerpo para poder renacer de nuevo, oportunidad dada por Ando. Realmente a partir de eso momento entramos más en la ciencia ficción que en el terror. A veces criticamos la secuelas que son realmente un calco de la original, y Rasen quiso distanciarse expresamente. Pero una cosa es eso y otra que todos los elementos tengan su papel en la obra cinematográfica y en este caso la trama juega a muchas bazas, bascula entre la ciencia ficción y el terror , y no falta el drama, sin decantarse por ninguna, hace que nos planteemos más preguntas en lugar de dar algunas respuestas. El final es si cabe más surrealista: Sadako junto a Ryuji, en una especie de limbo, ante Ando, muestra lo que le puede pasar a la humanidad cuando den a conocer el diario de Reiko. Un  nuevo orden, o nueva carne que diría David Cronemberg (salvando las distancias), está servido. Pero no todo es negativo. Uno de los aspectos más interesantes de esta entrega es que, al volverla a ver, y una vez vista la secuela que preparó Hideo Nakata, entramos en una especie de What If…? que titularon los de la Marvel en el mundo del cómic cuando explicaban la historia que hubiera ocurrido si algunos acontecimientos no hubieran tenido lugar, qué juego dan los universos paralelos en la ficción!!! Por eso asistimos a esa continuidad de la historia y que hace que veamos a los mismos personajes (interpretados por los mismos actores, Mai Takano interpretada por Miki Nakatani, Ryuji Takayama interpretado por Hiroyuki Sanada, lo que refuerza ese universo alternativo). Este film daría pie a una serie de televisión.

Todos los sinsabores de esa secuela quedaron olvidados cuando Hideo Nakata fue contratado de nuevo para rehacer la franquicia con lo que se conoce como la secuela oficial de la original: The Ring 2 en 1999.

De nuevo volvemos a oír la música de Kenji Kawai, que también trabajó el sonido en las dos películas de Nakata, con esa atmósfera que impregna toda la historia y con los momentos cumbres llenos de terror y espanto repartido entre los sintetizadores y lo sinfónico, que hacen de The Ring 2, de nuevo, una experiencia visual interesante, aunque no son pocas las voces que la consideran como poco digna de su predecesora. No coincido con lo apuntado en el volumen Cine fantástico y de terror japonés 1899-2001 (6) donde se apunta: “en lugar de prolongar o enriquecer la anterior, en cualquier sentido, más bien vulgariza sus aciertos” porque entiendo que el verbo vulgarizar es demasiado extremo y no hace justicia a toda la atmósfera creada de nuevo por los sonidos, la música, la interpretación verosímil y algunas escenas. También es cierto que tras el impacto de la película original era difícil seguir en la misma línea y ser original.
La trama sigue, como lo hacía Rasen, justo donde terminaba The Ring. El protagonismo vuelve a recaer en Mai Takano, quien conecta con el hijo de Reiko, nuevo receptáculo de la maldad de Sadako. Más personajes enriquecen la historia, como la de Masami Kurahashi, una amiga de la sobrina de Reiko, recluida en centro psiquiátrico al ver a Sadako (cuando mató a sus amigos) y que Mai y el periodista amigo de Ryuji visitan, o el médico del centro, el doctor Kawajiri, que es el que va a intentar liberar al mundo de Sadako. Vueltas de tuerca en un final impactante en el descenso pozo, cual remedo de la inmortal obra de Dante La Divina Comedia, donde el fantasma de Ryuji aparece para absorber el mal de Sadako que pueda haber en su hijo y Mai en lucha para salir con el hijo de Reiko, Yoichi, de ese virus de maldad que se extiende sin mesura.

Para el anteriormente citado Julio Ángel Olivares Merino, The Ring 2 “gana en la expresión de los registros emocionales” (7), algo lógico si ya hemos compartido con ellos toda su experiencia con el mal desde la primera parte, aunque en sentido negativo critica que no aporte “algo que no sea la estilización gratuita e innecesaria de muchos de los puntos argumentales de The Ring” (8). La revista de cine fantástico Scifiworld dedicaba uno de sus números (9) a la figura de Hideo Nakata y señalaba que The Ring 2 “deja de lado el terror durante la mayor parte del metraje, a excepción de escenas concretas muy bien repartidas, otorgando todo el peso de la trama a la investigación y la búsqueda de un remedio que termine finalmente con el mal que Sadako ha generado.”

El mal se ha instalado en el mundo ficticio, como hemos visto hasta ahora, por un telefilm y la primera película con sus dos primeras secuelas (cómics aparte). Y ese mundo ficticio se reinstala en nuestra mente, en ese subconsciente donde los miedos tienen siempre un lugar privilegiado. El arte reproduce la vida y la muerte. Y es el miedo a la muerte, esa desconocida, la que se activa cuando sabes que tus días están contados, como en las víctimas de Sadako. Y no sólo eso: el miedo a la muerte se vuelve peor cuando temes la pérdida de un ser querido, de un hijo, como ya hemos comentado más arriba. Lo hemos visto en cada una de las entregas de esta saga. Pero la saga continúa.

NOTAS:

(1)   Mark Cousins: Historia del Cine, 2005, Ed. Blume, pág. 475

(2)   José Manuel Serrano Cueto: Horrormanía, Alberto Santos Editor, 2007, pág. 330

(3)   VVAA: Cine fantástico y de terror japonés (1899-2001), Donostia Kultura, 2001, págs.. 192-193

(4)   Julio Ángel Olivares Merino: The Ring, una mirada al abismo, Ediciones Jáguar, 2005

(5)   op. cit. Pág. 150

(6)   op. cit. Pág. 192

(7)   op. cit. Pág. 52

(8)   op. cit. Pág. 55

(9)   Scifiworld, nº 57, enero 2013, pág. 31

 

Próxima entrega: El Círculo 4: las series de televisión, Ring: The Final Chapter (1999) y Rasen (1999), el remake coreano The Ring Virus (1999) y la precuela Ring 0 (2000).

 

La opinión de Soraya: Veinte, de Manel Loureiro

Por Soraya Murillo.

Si debo decir la verdad, tenía dudas de si opinar o no sobre este libro. Siempre lo hago de los que me han gustado, para que sepáis de ellos. Pero aquí me encontraba con la duda. ¿Me ha gustado lo bastante para escribir un comentario?

Puse en una balanza imaginaria lo bueno y lo malo, y sí, hay suficientes razones para emplear mi tiempo con la reseña. Aunque ando por el face, en realidad vengo de un foro de lectura donde junto a otros lectores solíamos comentar libros. Algunos se vinieron a Facebook y me vine con ellos. ¿Por qué os cuento esto? Porque una vez discutimos el motivo que ha llevado al escritor Dan Brown a ser uno de los escritores más vendidos, cuando solo aportaba aventuras y no dejaba ningún poso de grandeza en sus obras. Entonces alguien dijo: Si ayuda con sus libros a que la gente lea, ya es un logro… Y pensé, bueno, que razón no le falta.

Vais a leer seiscientas páginas de una historia distópica sobre la vida en la tierra después de un apocalipsis. El autor al terminar el libro dejó un pequeño escrito en el que se preguntaba: ¿Qué pasaría si quisieran destruir la raza humana y saliera bien?

Empecemos.

Unos días antes de Navidad el mundo entrará en un caos de muerte. La humanidad (sin que se sepa el motivo), se está suicidando de las maneras más horribles imaginadas, pero lo terrorífico es que lo hace con una sonrisa en su rostro. Un camión militar recogerá a los supervivientes que fueron vacunados a tiempo y entre ellos, estará nuestra protagonista, Andrea.

Dos siglos más tarde, Andrea sigue viva, la vacuna tuvo el don de darle la inmortalidad a ella y a otros vacunados. Ahora viven en un asentamiento de los pocos que quedan en la tierra. El suyo lleva el nombre de La lanza. Prácticamente viven como en la edad media, apenas sin medios, donde los llamados ancianos (gente inmortal), enseña a los nuevos jóvenes todo aquello que recuerdan de sus tiempos para seguir vivos. Más o menos llevan una vida tranquila, donde una extraña leyenda cuenta sobre la vida en el interior del bosque, de aquellos que ellos nombran como los hostiles. Una mañana, sobre los campos sembrados encontrarán docenas de pájaros muertos. La pesadilla empezará de nuevo: la plaga antigua ha regresado y el numero veinte será la línea entre la vida y la muerte.

Creo que este resumen es suficiente para despertar vuestro interés, así que ahora vayamos a otro asunto, las preguntas: ¿Qué clase de plaga hace que la gente se suicide? ¿Quiénes son esos que llaman Los hostiles? ¿Por qué volvió de nuevo el apocalipsis? ¿Quién es en realidad Andrea? Tranquilos, encontrareis la respuesta para todo, el autor se tomó su tiempo para que podáis entender las cuestiones que propone la novela.

Y volvemos al principio de mi escrito. Entonces… ¿es un libro a lo Dan Brown? Sí, lo leeréis prácticamente de una tirada, aunque sean seiscientas páginas. Loureiro escribió una novela adictiva, de fácil lectura, de las que yo llamo pasar páginas y seguir leyendo. ¿Entonces es un mal libro? No, no lo es. Hay una diferencia muy importante: El autor supo dejar un fondo para que en algún punto os detengáis y penséis. Me preocupaba ese grupo de jóvenes que de repente se ven con la responsabilidad de seguir adelante prácticamente solos, ya sabéis. A veces dices: “joder, yo con esa edad no pensaba como un adulto”. Manel fue inteligente, dejó que fueran los llamados ancianos, los maestros encargados de formarlos y tutelarlos a todos. Y así sí, cuando te enseñan aprendes; tengas la edad que tengas, aprendes.

Las primeras páginas son bestiales, cómo trasmite el miedo, dejándote solo con la imagen que se ve detrás de un cristal, esa gente muerta, ese vació, ese silencio…

Los hostiles, ya, sé lo que estaréis pensando: “va, ya sabemos quiénes pueden ser…” Pues mirad, el autor pensó lo mismo, y no, no son lo que creéis, ahí jugó bien. Más, sí hay más, ya os dije que hay un trasfondo en el libro por el cual merece que esté escribiendo todo esto.

Manel, comentará lo que ocurre cuando un individuo llega al mando (esa persona no inventó nada nuevo, sino tomó el dominio), el poder absoluto y para ello hay que someter a los demás. Obligarlos a hacer lo que uno desea y a aquél que simplemente te contraríe en lo más mínimo, se le elimina. Reducir todos a su voluntad, y convertirlos en ovejas. Un mundo sin normas, porque cuando hay normas, el rebaño que ha creado puede pedirle a él mismo que las siga. Sin ellas, no tiene que dar explicaciones ni someterse.

Aprenderemos que nunca debemos dejar que nadie piense ni tome el control por nosotros.

Quizás demasiado larga, podía haber llegado al mismo final con menos páginas. Una humanidad que se niega a desaparecer, donde el ADN es la clave de toda la historia.

Una novela juvenil que sí merece la pena ser leída, donde nuestro autor dejará unas terribles palabras finalizando el libro. Y el resultado es estremecedor, porque es una posibilidad real.

https://www.amazon.es/Veinte-Autores-Españoles-e-Iberoamericanos/dp/8408165143/ref=asap_bc?ie=UTF8

 

 

El Círculo: Paso 2 (2ª parte) Las palabras cobran vida: La novela y su primera adaptación en RINGU (1995)

Segunda parte de la serie de artículos dedicados a The Ring.

Por José Luis Carbón Tirado.

En 1991 se publicaba en Japón la novela Ringu, del autor Koji Suzuki (nacido en 1957). Rápidamente se convirtió en lo que ya popularmente se conoce como best-seller. Ya sabemos que un gran nivel de venta no está relacionado con su valor artístico. No obstante, también es cierto que puede darse el caso de novelas superventas con una calidad literaria fuera de toda duda. En nuestro caso, hay, como es de esperar, opiniones para todos los gustos. En mi caso estoy entre los que considera Ringu una buena novela a la que le faltan algunos puntos para ser considerada como excelente. Nota a tener presente: mi desconocimiento de la lengua japonesa condiciona la lectura en una traducción al castellano (la de Javier Calvo, para la editorial Mondadori) que hace que no podamos disfrutar de la obra al 100%. Las metáfora, los dobles sentidos, los tempos narrativos, en fin, todo lo que tiene que ver con las palabras, se pierde, huelga decir, en una traducción, por lo que en algunos momentos, durante la lectura de la obra, podemos tener siempre esa sensación de que nos perdemos algo.

Para aquellos no que no hayan leído la obra vaya el primer apunte: leer la novela después de haber visto la película, o películas, tiene su lado bueno: volver al origen de todo, al parto de Sadako. De hecho, en mi caso, y en el de la mayoría de aquellos o aquellas que conozco, hambrientos de literatura y cine fantástico y de terror, me leí la novela después de haber conocido visualmente varias entregas de la saga. Eso es algo anecdótico, en cualquier caso. Si no hubiera leído la novela, no cambiaría la opinión que tengo de las películas. O viceversa.

La novela se inicia de la forma más directa posible. La información justa para situarnos en un paraje urbano actual (el de 1991 no dista mucho del de 2017, acaso más luces de neón y un móvil para cada ser viviente, cuando el sol deja de ser naciente). Un piso en Yokohama. Una joven, Tomoko Oishi, en casa, sola. Es verano. Hace calor. Demasiado calor aunque fuera verano. Tomoko siente dolor en el pecho. Teme a algo o alguien relacionado con algo que le pasó. Algo que le pasó a ella y a unos amigos. Como podemos observar, ya de entrada nos situamos en la esfera de lo que se conoce como ghost story, las  maldiciones, junto con otro gran tema de la literatura fantástica: la haunted house. De tanto una como de otra, grandes fuentes de todo el fantastique, bebe Ringu. De eso y de lo que se llama leyenda urbana.

Este collage de elementos es el que configura la novela de Suzuki y el que condiciona parte de su contenido. ¿Es original la novela? Naturalmente, el tratamiento que se le da a los fantasmas o a los elementos que aparecen en las casas encantadas (y dentro de ellas, las que tienen como protagonista a un pozo) sí podríamos considerarlo novedoso (imagen creada en la mente y grabada en una cinta VHS). Por lo tanto, el hecho de leer la novela ahora nos quitaría ese elemento ¿sorpresa? Puede ser. Pero al leer la novela te mueves en un terreno siempre apasionante: el ir viviendo todo en tu pensamiento en un tempo subjetivo, el que tú marcas, el que visualizas en esa película, una nueva versión que nos hacemos si hemos visto la versión de Nakata. Y por eso recomendaré leer la novela sabiendo que es la ficción de la que parte todo. De lectura ágil, directa (domina el diálogo en buena parte de los momentos más angustiosos de la trama), la novela logra transmitir el terror de forma paulatina a medida que vamos descubriendo más sobre la maldición de Sadako. Como muy bien apuntó Andrés Díaz Hidalgo en 2015 (1): “El libro transmite con gran maestría, gracias a la prosa de Koji Suzuki, una sensación de opresión y horror que se va incrementando lentamente. Como si fuese testigo del fin del mundo, el lector tiene la impresión de que ese mal que crece y se aproxima a Akasawa y su familia, como un gigantesco monstruo, no va a poder ser contenido.” La perspectiva del tiempo (26 años de su publicación) hace que podamos criticar ciertas escenas ambiguas (en el personaje de Ryuji, del que se dice que violó en secundaria a una chica y más adelante que no había tocado a ninguna mujer) o momentos muy repetitivos como el esquema narrativo en el que Akasawa, el periodista que investiga los extraños sucesos que rodean la muerte de unos jóvenes, en el que está su sobrina, va descubriendo poco a poco todo el misterio de Sadako casi página a página, sin descanso, a partir del video maldito que él mismo vio, en cada una de sus breves escenas.

Cuatro años después de la publicación de la novela, en 1995, la productora japonesa Fuji Television Network produjo para el incipiente mercado del Laser Disc el film Ringu, dirigido por Chisui Takigawa, su segundo trabajo tras la interesante serie de terror Yo nimo kimyo na monogatari (1990-1992).

Recordemos que el Laser Disc fue el primer sistema de almacenamiento en disco óptico que se comercializó en el mundo. De hecho, fue mucho más popular en Japón que en los USA. Y de hecho se hizo muy popular esta primera versión de la historia de Sadako en Laser Disc.

El film Ringu (abreviación de su título original: Ringu: Jiko ka! Henshi ka! 4-tsu no inochi wo ubau shôjo no onnen) se presentó en l cadena de televisión Fuji Film y más tarde se editó como Ring:Kanzenban (la palabra japonesa kanzenban sería el término que se usa para referirse al lanzamiento especial de una obra impresa o fílmica). Así en esta nueva edición, lo especial aparece en algunas escenas de desnudos. No conozco edición en DVD pero sí se puede ver en el canal YouTube (2) la versión íntegra con subtítulos. Aunque la imagen deje mucho que desear, al menos puede verse completa.

El film, telefilm o TV-movie, como aparece en diferentes páginas web o blogs, es la única versión conocida que sigue casi línea a línea la novela de Koji Suzuki. Y eso es precisamente lo que la hace tanto innecesaria como interesante: innecesaria porque a excepción de algunas escenas, el resto es plano, sin alma, un encadenado de secuencias que en una novela al ser leída atraen de una forma distinta pero al ser vistas no atraen; interesante porque al ser la primera versión, podemos comparar con el resto de versiones, ver la lectura de la obra en su mismo contexto histórico y social.

La novela es un thriller con momentos de terror. Esta primera versión busca el terror más efectivo. Como comenta con gran acierto Mark Hodgson en su blog Black Hole (3): ”It’s fascinating to watch one of the greatest ever ghost stories being treated like a bad horror movie. Over-the-top camerawork, flashing lights, and exaggerated acting all demonstrate perfectly how not to film Ring”. En efecto, Ringu es efectista, ya desde sus primeras imagines, en las que el compositor Yoshihiro Ike (uno de los más prolíficos compositores japoneses) marca en sus tonos lo sobrenatural, con ascensos de volumen, ambiente opresivo con el estilo electrónico, muy a lo Goblin en las primeras películas de Dario Argento (no es casualidad que films como Suspiria –1977- o Tenebre -1983- hubieran sido auténticos éxitos en Japón). Lo que pasa es que si en los films del maestro italiano la música era un buen amante de la imagen, en nuestro caso, Ringu, flojea, chirría en la mayor parte del metraje.

Sólo en varias escenas aflora verdadero cine y parte del espíritu de la obra de Suzuki:

-la escena en la que Akasawa ve el video maldito

-la escena en la buscan los restos de Sadako en el pozo

-la escena en la que Ryuchi ve el espectro de Sadako

En la primera escena, Akasawa, periodista interpretado, y a la vez sobreactuado, por Katsunori Takahashi, ve el video maldito que ha producido varias muertes. En el hotel da al play del VHS y todo a su alrededor cambia de color, de forma, la pantalla traspasa más allá (algo que el film de Hideo Nakata llevará hasta sus últimas consecuencias). La planificación de esa escena es interesante. Y por una vez, la música está en consonancia con la imagen, lo mismo que el excelente trabajo de sonido. Una lástima que no hayan tenido esto en cuenta para otras secuencias menos efectivas pero no menos trascendentales en la búsqueda de la verdad por parte de Akasawa y Ryuchi. Y la interpretación, en esa sobreactuación, en esta escena irónicamente se convierte en adecuada. Lo que ve en el video es literalmente lo que se dice en la novela. Uno de los temas de la novela, la vampirización de la imagen, lo observado como nueva realidad, está aquí presente. Somos lo que vemos. Nacemos y morimos con las imágenes. Y en la historia del video maldito, literalmente es ver su contenido, y morir. La muerte desde el más allá.

La escena en la que tanto Akasawa como Ryuchi (interpretado, y en este caso, magistralmente, por Yoshio Harada) buscan los restos de Sadako en el pozo es de las más interesantes de la película. Llegamos ya a ese momento donde todo lo que han podido averiguar el periodista Akasawa y el profesor Ryuchi ha de tener sus frutos en los restos de Sadako, lo que esperamos como público, lector o espectador. El pozo, ese símbolo de portal al inframundo, se convierte en metáfora de la maldad humana. En la novela fue lanzada a él en un acto de suicidio: Nagao, doctor que cuidaba de su padre, sintió un deseo incontrolable de poseerla, y al descubrir que poseía feminización testicular, se alejó, pero Sadako entró en su mente y éste, al sentir miedo, la lanzó viva al pozo.

En la versión todo esto aparece. Y es ahora, al volver al pozo, cuando todo se remueve, tanto literalmente (han de quitar agua y barro) como temáticamente (Sadako, sus restos, su alma, necesita ser sacada del pozo). El pastiche visual en esta escena es muy sugestivo: Akasawa está sacando agua del pozo, que pasa a Ryuchi. El reloj de Ryuchi va marcando los segundos que faltan hasta las 22:10. Algo fuera de la casa se dirige hacia ellos (un plano calcado de la obra seminal de Sam Raimi, Evil Dead -1982-). Akasawa oye risas. Unas manos le abrazan de espaldas. Es Sadako. Y mientras se abrazan, Ryuchi le grita desde arriba. Baja a ver a su compañero. Akasawa está abrazando a un cráneo, el de Sadako. Una escena bella.

 

Nota: Los dos siguientes párrafos contienen spoilers de la novela de Suzuki y el film Ringu (1995)

Y por último, la escena en la que Ryuchi se encuentra con el espectro de Sadako. Que esta escena sea la continuación de la anterior es la muestra que el film deja lo mejor para el final. Como ya ocurre en la novela, el desenlace conlleva tener presente todo lo presentado. Y es precisamente el final en ambas obras lo mejor: ese angustioso y trepidante clímax en el que por un lado las palabras, en la novela, y por otro las imágenes, en el film, se revelan adecuadas, emotivas, bellas. Pero en el film tenemos una visualización de lo que en la novela es una intuición. Sadako es un ente en la novela, presente, omnisciente durante todos los pasos de Akasawa y Ryuchi para resolver el enigma de las muertes tras la visión del video. En el film de 1995 Ryuchi ve al espectro de Sadako, cual fantasma decimonónico, aunque con una diferencia: Sadako va desnuda, con un bebé entre sus brazos, y aparece ante él con las rayas típicas que podíamos ver siempre en una cinta VHS (detalle simpático, a la vez que sociológico: Sadako desnuda, pero con un halo de esplendor que impide ver sus partes íntimas). Sadako estrangula a Ryuchi. El sortilegio no ha funcionado para este personaje, como sí lo hizo para Akasawa. El hecho de que Akasawa hiciera una copia para Ryuchi de la cinta maldita lo salva de esa maldición que Sadako impuso a aquellos que vieran la cinta. Y el mismo Akasawa, a la vez, tendrá un dilema, cuando se dé cuenta que sólo te podrás salvar cuando hagas una copia de esa cinta y la pases a otra persona, y este otro haga lo mismo. Y el dilema es: le digo a mi familia que haga la copia y la pase a mis suegros, y así los salvo, o no les digo nada y así al morir, todo acaba y se salva la humanidad. Tema eterno el de la muerte, y mucho más el del dolor por la pérdida de los seres queridos. El propio escritor Koji Suzuki manifestó en una entrevista en 2003 en Japan Review, a propósito de su novela más conocida y las diferentes adaptaciones que había tenido, cómo este tema le influyó en la concepción de la novela (4): “Cuando escribía esta novela estaba cuidando de mis dos hijas. (…) De esta forma el tema de Ring es realmente sobre el amor que tengo a mis hijas. En mi libro, no hay una heroína, sino un héroe: Akasawa Kazuyuki. Es un padre. Tiene una hija y una esposa. Y como muchos hombres, su mayor miedo es perder a su esposa o hija.”

El pozo, que desde la mitología, fue requerido como un principio femenino, ese vientre de la Gran Diosa. La mujer, ya desde la más remota antigüedad, fueron consideradas seres mágicos: sangraban y no morían. Por supuesto, la fertilidad está muy presente en la historia de Sadako: se dice que tiene feminización testicular o también llamado Síndrome de Insensibilidad Androgénica (nota), lo que la imposibilita para concebir. Todo esto no lo podemos perder de vista cuando vemos las películas de la saga Ringu. Y de ahí que la escena de Sadako con el bebé en brazos tenga tanta importancia. Es una yurei, un fantasma atado a este mundo por su trágico trauma, y también un onryo, ser espiritual que quiere venganza (5). El personaje de Ryuchi investiga sobre el tema y al recordar que los virus usurpan estructuras vivas con el fin de reproducirse, da la pista para que la maldición se rompa: copiar la cinta y mostrarla a otra persona. El círculo, de momento, no se cierra.

PRÓXIMA ENTREGA:

EL CÍRCULO: EL PASO 3: LA VERSIÓN QUE CAMBIÓ EL CINE DE TERROR Y LAS SECUELAS DIRECTAS:

  1. 1998 –Ringu (The Ring) -Director: Hideo Nakata
  2. 1998 –Rasen (Ring: The Spiral) -Director: Joji Iida
  3. 1999 –Ring 2 (The Ring 2) -Director: Hideo Nakata

 

NOTAS

(1)  reseña.org/thering-kojisuzuki-78/

(2)  https://www.youtube.com/watch?v=ow3G7e_EN-Y&t=912s

(3)  http://blackholereviews.blogspot.com.es/2006/08/not-on-dvd-9-ring-kanzenban-1995-first.html

(4)  http://jornadasdeliteraturaycineuma.blogspot.com.es/2013/04/entrevista-koji-suzuki.html

(5)  Recomiendo para un vistazo rápido a los diferentes seres mitológicos japonenes el artículo web: https://conoce-japon.com/cultura-popular-2/mitologia-y-folclor-japones-yurei/

 

 

Última etapa: Los MAESTROS siguen vigentes, cuarenta años después.

Por R. G. Wittener

Resulta muy curiosa la manera en que el destino hace que ciertos elementos acaben cruzándose en tu vida. Y, sí, eso significa que creo en que las casualidades ocurren. Pero es que resulta muy difícil no hacerlo, cuando te ocurren cosas como la compra del ejemplar de este libro. Porque llegó a mis manos en una compra de una librería “de viejo”, y yo no soy un gran cliente de las librerías de segunda mano. Ni siquiera un cliente asiduo. He visitado alguna, haciendo tiempo mientras esperaba a que llegase el amigo con el que había quedado, y he hecho uso de sus servicios para regalar algún libro que ya no se podía conseguir de otra manera; pero ese es el escaso bagaje de mi experiencia con estos comercios. En comparación con ciertas amistades, casi no soy ni un novato. Claro que, si no me preocupase el espacio que iban a a acabar ocupando en mi casa, quizás dejaría sueltas las riendas a mi curiosidad lectora y atacaría sus estanterías con más fervor. El hecho es que, durante la última HispaCon, y aprovechando el tiempo libre que me había quedado entre una charla y otra, me fui paseando por los puestos de las distintas editoriales y librerías. Con más intención de mirar y apuntar títulos con vistas a un futuro que con la idea de comprar, por miedo a volverme a casa con el doble de peso en la maleta. El caso es que uno de ellos, una librería de segunda mano, tenían bastante rebajados los precios. Y reconocí las portadas de varios libros de ciencia-ficción y fantasía, por los ejemplares que había leído en la biblioteca del barrio cuando era un adolescente y podía dedicarle toda la tarde a la lectura. Así que empecé a curiosear y a pensar en la cantidad de textos “clásicos” del género que aún tengo en el debe de lectura, y mi habitual renuencia a saturar la biblioteca de mi casa se relajó por un instante. Y, pensando en que lo mejor era jugar sobre seguro, escogí un par de libros cuyos autores estaban más que reconocidos. Pero ni por asomo se me podía ocurrir que iba a dar con semejante tesoro al elegir este ejemplar, de entre todos los libros que descansaban allí sus añosas portadas.

¿Por qué digo que este libro es un tesoro? Pues porque Última Etapa es una antología cuyo formato, si nadie se ha atrevido a imitarlo, debería de recuperarse ya. Ahora mismo. Aunque, si se publicase una antología a imitación de ésta, me pregunto si repitirían las temáticas. ¿Eliminarían alguna para introducir otras? ¿Harían la lista más extensa? ¿Son las predicciones sobre el cambio climático un tema con entidad propia, o seguiría dentro de la categoría del fin del mundo? Me gustaría verlo, desde luego. Y estoy seguro de que hay autores más que capacitados para compararse con los maestros de sus páginas, y presentar propuestas igual de válidas (Orson Scott Card, William Gibson, Úrsula K Leguin, Tim Powers, Greg Egan…). No solo por la calidad de sus textos, si no por las reflexiones finales que cada uno de sus autores expresaron respecto al tema que se les propuso, y las obras que ellos mismos recomendaron para quien tuviera interés. Cualquier aficionado a la ciencia-ficción que comprase este libro a mediados de los setenta, es probable que acabase leyendo veinte o cuarenta novelas y relatos de los mencionados en esa sección. E incluso a día de hoy es una guía más que válida para introducir a alguien en la época clásica del género.

Y ya, sin más preámbulos, paso a comentar los relatos que conforman la antología.

 

-Compramos gente, de Frederik Pohl.

Con la premisa de hablar sobre el Primer Contacto, Pohl desarrolló un relato muy crudo del que nadie querría ser protagonista. Y, salvo por el hecho de que su historia se fundamenta en la disponibilidad de la tecnología del “ansible”, lo que nos propone resulta terroríficamente plausible. Primero, porque las distancias que nos separan de otras civilizaciones avanzadas serán, con toda seguridad, astronómicas en un sentido muy literal; y las condiciones medioambientales en las que vivan tan diferentes, que nunca sería posible un “cara a cara”. Y en segundo lugar, porque creo que la naturaleza humana sería capaz de aceptar las condiciones de esa “compra de personas”, ya que está planteada muy bien para jugar con el conflicto interno entre valores morales y beneficios económicos. De hecho, el relato Space Traders, de Derrick Bell (convertido en guión para un episodio de una serie de ciencia-ficción negra, llamada Cosmic Slop, emitido por la HBO) sospecho que le debe bastante al relato de Pohl.

-Los exploradores del voor, de Poul Anderson.

Cuarenta años después, su propuesta puede seguir teniéndose en consideración como una opción válida a los problemas de su temática: la exploración del espacio. El principio tecnológico del relato, por desgracia, sigue siendo una utopía; pues aún no somos capaces de transferir el contenido de un cerebro humano a un procesador informático, y mucho menos lograr que la clonación física vaya pareja a una imitación de la personalidad del individuo inicial. En cualquier caso el relato, moviéndose entre lo romántico y lo dramático, elucubra con solvencia sobre qué sería de unos seres sentientes “obligados” a una eternidad de autoconsciencia sin todo aquello que los definía. Y plantea una interesante dilema sobre la forma de colonizar exoplanetas.

-Grandes giras de evasión, de Kit Reed.

Ante una temática como la inmortalidad, la autora planteó un remedo de solución, un tanto naïf, al dilema de la vejez. Y aunque su idea podría ser del agrado de muchos, no resultaría práctico (si bien soslaya el problema de la superpoblación de una humanidad inmortal). Al tener como protagonistas a un grupo de ancianos, y sobrevolar alrededor de ellos el sueño de recuperar la juventud, no pude evitar que me recordaran a la película Cocoon (y, de hecho, algún personaje me resultó bastante familiar); pero, a pesar de haber calificado su propuesta como inocente, el trasfondo del relato no deja de ser terrible: el deterioro de la edad, y el desesperado anhelo de conseguir lo que les ha vedado su clase social (porque aquí, como sería de esperar en la vida real, la inmortalidad está solo al alcance de quien puede pagarla).

-Esquemas para tres narraciones enigmáticas, de Brian W. Aldiss.

Inclasificable. Un ejercicio literario que ignoro si alguien había probado antes, o si se han atrevido a imitar después. La temática (el espacio interior), le sirve para explorar la consciencia propia de un modo muy poco ortodoxo. Porque, en ese contexto, creo que la propuesta de Aldiss no puede ser más genial. Como escritor, no se me ocurre mejor manera de describir la manera en que trabaja mi mente, que a través de la sinópsis “improvisada” de un relato; o de tres, como es el caso. Una lectura un tanto lisérgica ante la que nadie puede quedar impasible.

-¿Qué es el hombre?, de Isaac Asimov.

Usando la misma fórmula que lo convirtió en un clásico de la edad de oro de la ciencia-ficción, Asimov se despacha con una vuelta de tuerca irreversible contra los conceptos de su universo literario. Parece lógico que los responsables de la antología pensasen en él para hablar sobre robots y androides… Y eso es lo que hace aún más curioso que, el mayor exponente de la literatura de robots, aprovechase la oportunidad  para escribir su “último relato” sobre el tema; describiendo el discurso lógico que podría llevar a una IA autoconsciente a quebrar sus Tres Leyes de la Robótica. Ese ir en contra de su legado es lo más reseñable de una historia que, como suele ser costumbre en el maestro Asimov, no deslumbra con su prosa.

-Nosotros tres, de Dean R. Koontz.

Para cualquier lector familiarizado con el terror, la presencia de Koontz entre los autores anteriores le habrá resultado tan intrigante (supongo) como a mí, ya que nunca lo he relacionado con la ciencia-ficción. Aunque, desde luego, la temática que le ofrecieron (los niños extraños), suele tender a desviarse hacia lo oscuro y demostrar que la especulación científica no siempre es halagüeña (como el propio Koontz recuerda, al mencionar Más que humano entre las obras sobre la futura evolución de nuestra especie). Y aunque el concepto fundamental de su relato se puede catalogar de “ciencia-ficción blanda”, no tarda en sumergirse en las tenebrosas aguas del terror, con tres niños dignos de asustar a El pueblo de los malditos.

-Ratas espaciales del CCC, de Harry Harrison.

Al igual que Asimov, Harrison colabora en ésta antología con un relato que juega a ser “el último”. Con poco más que tres personajes, y un montón de estereotipos de la opereta espacial (armas desintegradoras, naves espaciales más rápidas que la luz, tecnología imposible…) articula una historia disparatada. Una parodia caústica que busca el corazón del género… para arrancárselo y pisarlo delante de nuestras narices. Aunque, quizás más interesante que el propio relato sea la reflexión final que la acompaña. Pues en ella postulaba Harrison que la space-opera era un género sin futuro y al que se debía enterrar a la mayor brevedad posible, pues ya había dado todo lo que podía ofrecer al desarrollo de la ciencia-ficción. Una condena que podía parecer irrefutable en 1975, cuando se publicó el libro… Y sobre la cual querría saber si meditó dos años después, con la entrada en escena de Star Wars.

-Viajes, de Robert Silverberg.

Todos somos hijos de nuestra época, y eso hace que muchas veces la sensación de familiaridad con un texto fluya en el orden inverso al que debería. Ese es el caso de esta historia de Silverberg, ya que todas las similitudes que pueda encontrar se basarán en obras posteriores a su relato, con casi total seguridad. Para empezar, su planteamiento de universos paralelos me recordó un poco a La tierra larga (salvando todas las distancias en sus fundamentos). Y, como aficionado a las ucronías, debo decir que admiro el trabajo de condensación de ideas que llevó a cabo con este relato. Solo en esas páginas hay bastante material con el que inspirarse para escribir una docena de novelas (aunque, como es de esperar, se dejase llevar por algunos de los tópicos de ese género). Y todo ello con la idea del viaje físico trasplantado al viaje entre universos: el impulso del retorno al hogar que anida incluso en los espíritus más vagabundos.

-El maravilloso y polivalente transmógrafo, de Barry N. Malzberg.

Mientras leía este relato, no dejaba de pensar en qué posibilidad había de que hubiese influído a Philip K. Dick parte de su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. Pero luego, revisando la cronología, descubrí que el Órgano de ánimos de Penfield podría ser anterior. En cualquier caso, el temor a que la humanidad pierda el contacto con la realidad (o decida evadirse por completo de un mundo que no le resulta soportable), parece que fue la previsión más evidente para ambos autores. El tema de la máquina incontrolable, en ese aspecto, sigue siendo igual de tenebroso, con la televisión como máximo exponente, incluso sin una revolución en la realidad virtual.

-El humo de su cuerpo se elevó para siempre, de James Tiptree Jr.

Este es el relato que más me chocó de la antología. Quizás porque se vale de un lenguaje “sucio”, que no tengo vinculado con los autores de esa época. Y, además, el narrador deja escapar ciertos toques de obsesión enfermiza que te hacen sospechar del  protagonista. Prefiero pensar que, como justificación de su historia, Tiptree escarba en las partes menos agradables de la naturaleza humana para poder dejarnos con ese sabor amargo al final de la narración; ya que, al fin y al cabo, cuando a alguien le plantean hablar sobre lo que puede quedar después del holocausto, no debe de ser fácil imaginarse un cuadro bucólico. Su reflexión final también es bastante interesante, al especular sobre las razones para el rechazo de los lectores hacia las distopías, y porque reconoce haberse inspirado en algunas ideas de un antiguo parapsicólogo para plantear el relato.

-Algo para nosotros, temponautas, de Philip K. Dick.

Supongo que, si algo define la base de la ciencia-ficción, es la idea de “ir más allá”. Por eso, muchos de sus temas son “el viaje”. Y además de otros mundos y los universos invisibles, el viaje en el tiempo es un clásico desde los inicios del género. Pero cuando el tema se deja en manos de Dick, resulta sencillo saber que no vamos a circular por una trama al uso. Así que aquí nos encontramos con la historia de unos viajeros del tiempo, narrada en clave similar a las misiones de la NASA en la época de la carrera espacial, con un desastre, y unos personajes que se han visto arrastrados a una trampa temporal que hasta el último momento no se revela en toda su crudeza. Un ejemplo de cómo ese espíritu optimista de la edad de oro de la ciencia-ficción se había desvanecido por completo a mediados de los setenta.

Es todo lo que puedo contar, salvo animaros a buscar un ejemplar en alguna biblioteca y comenzar a disfrutar de su lectura. Y, por supuesto, que os atreváis a desafiar a la casualidad, entrando en la librería de segunda mano más cercana.

 

Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas.

Por Soraya Murillo.

¿Cómo puedo empezar esta opinión? Es complicado hacerlo cuando sigues emocionada por la historia que has leído. No es fácil encontrar buenos libros; se publican muchas novelas y debes saber elegir. Había leído ya antes al escritor Jesús Cañadas y sí, me habían gustado sus novelas, pero no compré esta por ese motivo, si no por algo mucho más impulsivo. He de reconocer que sentí una rara emoción con ese título. ¿Un hombre que muere tres veces? ¿Qué clase de hombre puede hacer eso? Y decidí comprarlo para descubrir el misterio.

La historia comenzará en la ciudad de Cádiz con la muerte de su alcalde republicano, Fermín Salvochea. Un barbero borracho, Juaico, valiente y buen padre, le contará a su hijo quién fue en realidad el alcalde. Sebastián, que así se llama el chaval, un adolescente que corretea las calles gaditanas junto a su amigo y dos niñas que viven en un terrible hospicio gobernado por monjas, deberán investigar detrás de las extrañas leyendas que le cuenta su padre.

Un teatro de los horrores que llegó a la ciudad; un entierro; alguien que vive desde generaciones en las catacumbas de Cádiz; monstruos que salen de oscuros callejones; contrabandistas; un hombre pez; una tijera de plata rota en dos mitades que lleva a un misterio; un gigante de seis brazos… ¿Qué queréis que os diga más? Leyendas, cuentos que ayudan a olvidar el hambre y el frío, que hacen que la vida sea menos dura, pero que esconden muchas verdades.

No voy a contaros nada más. Ni puedo, ni quiero. En cambio, os hablaré de cuando cerraba el libro para dejar otro poco para el día siguiente. Me negaba a llegar al final. Porque es de esos libros que me hubiera gustado poder vivir; que un padre, por muy mal que nos fuera la vida, nos hubiera ayudado a vivirla mejor, escuchando maravillosas historias de sus labios. Entiendes que no importa que el hombre no supiera sacar a su familia adelante con dinero, pues lo que hacía les daba también un motivo para seguir levantándose.

No toda la historia será así. Hay momentos donde sale a la luz la brutalidad humana, la pérdida de la fe, las mentiras y la traición. Otro Cádiz en las sombras, donde en ocasiones, la vida no vale nada y en otras, donde la vida lo vale todo y te agarras a las historias para seguir viviendo. Un escritor que conoce sus calles, su lenguaje, su olor… no hay nada más hermoso que leer a un escritor que conoce el sabor de la ciudad que describe y narra. El salitre de las olas, la claridad de la luna. Él lo vivió, nadie debe contárselo, no tiene que buscarlo en Internet. Lo lleva en su alma y, creedme, para eso no existe truco ni técnica (en ninguna de esas clases donde dicen que te enseñan a relatar) que valga. O lo llevas dentro o no lo llevas.

Jesús Cañadas disfrutó escribiendo lo que vais a leer. se nota tanto cuando un escritor lo hace… ¡Qué gran novela de una pandilla de amigos y un misterio nos dejó! ¡Qué diálogos más puramente gaditanos! ¡Qué ganas tendréis que pasar páginas para estar tanto en el pasado (cuando el padre cuenta la historia), como de volver al presente con la pandilla buscando ese misterio que esconde la noche!

Tristeza, penas, alegrías, triunfos, fracasos y esperanza. Sobre todo esperanza, ya que aquí no hay rendición, hay que seguir adelante, el precio es la vida. Me sigo emocionando recordando el final.

Terminé dos libros antes que este y no escribí nada de ellos. No eran malos, pero como esos los hay a kilos. Este no, ahora sí puedo y debo recomendarlo. Cuando leo libros así siempre me digo que no hace falta ir a los USA para buscar historias inolvidables; que en España también hay escritores que hacen que vuelva a creer, a buscar libros que me enamoren tanto que me niegue a llegar al final, que tenga miedo de cerrarlos.

Gracias, Jesús, gracias.

http://www.rocalibros.com/roca-editorial/catalogo/Jesus+Canadas/Las+tres+muertes+de+Fermin+Salvochea

 

 

Ausencia de conducta, de Daniel Aragonés.

Buenos días, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy os quiero hablar de  Ausencia de conducta, la novela de Daniel Aragonés, autor al que me habían recomendado aquellos que me conocen bien, alegando que me iba a gustar mucho su rollo, crudo, directo, anárquico y con mala baba. No se equivocaban.

Ausencia de conducta es una obra breve (no llega a las doscientas páginas), pero muy, muy intensa. A medio camino entre la novela negra y el realismo sucio, la obra se descubre con un estilo agresivo, en ocasiones sórdido y excesivo, pero que realmente le sienta bien a la historia que nos cuenta. Una historia de la calle, de esas que suceden en su cara oculta, la que todos intuimos (y algunos conocemos), pero que preferimos evitar, quizás llevada al extremo, un tanto caótica y tirando demasiado de clichés que ya nos suenan, que ya hemos visto con anterioridad, pero que funcionan y le sirven al autor tanto de premisa como a la hora de desarrollar la trama que nos ocupa. Hija bastarda de Tarantino y de Guy Richie, pero con la mala folla typical spanish que esos dos no han conocido en su puta vida.  Chanchullos, trapicheos, encargos, delitos y asesinatos son el pan de cada día, basta con leer el periódico. Vividores, adictos, perdedores  y auténticos hijos de puta. Esa es la fauna autóctona que pulula entre sus páginas. Una fauna que lejos de resultar ajena, nos resulta cercana, reconocible, casi un reflejo de nosotros mismos, panda de hipócritas, falsas e interesadas personas de bien.

La novela no es una obra maestra. Ni siquiera es una gran novela. Pero ni lo pretende ni lo necesita. Sus intenciones son otras. Entretener y de paso, soltarnos alguna que otra hostia a mano abierta o repasarnos el hígado, por aquello de que no nos durmamos en los laureles de la corrección, la compostura y lo ortodoxo.

Muy destacable esa prosa que Daniel maneja, a veces anárquica, otras regodeándose en su propia genialidad irreverente. En ocasiones, llega a confundir al lector en la narración, pero admiro su capacidad  creativa a la hora de armar su novela, de estructurarla, de jugar con el lector obligándole a atar cabos, pensar y añadir la información que el muy cabrón nos oculta adrede, entre ir y venir de unos y otros. Esos cambios de personaje, de escena y de ubicación  son una apuesta peligrosa, difícil de ejecutar para cualquier autor, pero aunque en algún que otro momento parece que se la va a ir de las manos, Daniel logra mantener el control y hacer de ello otro de los puntos más interesantes de la obra.

Y el objeto. El aparente leit motiv de la novela. Aquello que todos buscan, aquello por lo que van a matar o morir. Una excusa, que en realidad no es más que un subterfugio,  un desencadenante para que empiece la partida y que nos recuerda que siempre ha sido así, tenga el aspecto que tenga, sea una botella , un maletín o un cadáver en el maletero. La realidad, es averiguar a qué o a quién somos fieles, si existe algún tipo de lealtad y que precio tiene, pues todo en esta vida está a la venta, sean a coste de billetes manchados de sangre o de nuestra propia alma podrida y hecha jirones.

Personalmente, me ha gustado. No será mi mejor lectura de este año, pero que cojones… Me lo he pasado bien con ella y he disfrutado mucho con el rollo canalla, descreido y cabronazo que destila.

 

https://www.amazon.es/Ausencia-conducta-Daniel-Aragon%C3%A9s-Cuesta/dp/1535137134