¿Matará el éxito a Juego de Tronos?

Por R. G. Wittener

Después del trepidante verano al que nos ha sometido HBO con la séptima temporada de Juego de Tronos, lo cierto es que la sensación de un buen número de aficionados es de insatisfacción. O, al menos, esa es la interpretación que yo hago de los comentarios que he recibido de mis amistades y de lo que veo en los canales de YouTube que sigo. Un efecto provocado por la forma en que se han planteado estos episodios, y que es el resultado de los problemas de la productora para manejar una serie con hechuras de superproducción cinematográfica.

Para empezar, la séptima temporada ha estado marcada por los saltos temporales más radicales que nunca antes se habían visto en Poniente. Ha sido, por así decirlo, una temporada express. Y aunque ya habíamos tenido algunos ejemplos de “acción acelerada” en episodios de la sexta temporada (la llegada del Rey de la Noche al refugio del Cuervo de Tres Ojos, o la muy comentada ubicuidad de Varys en el último episodio), hasta este año la acción de cada capítulo transcurría en un lapso de tiempo que se medía en días y había una percepción general de “simultaneidad relativa” entre los lugares en que se desarrollaban las tramas. Viajar de un punto a otro podía alargarse durante dos o tres episodios, y hasta hemos tenido temporadas en las que la trama de unos personajes consistía precisamente en narrar las peripecias de su viaje (Arya y el Perro, o Brienne y James); algo que, tras el primer episodio de la última temporada, mudó en desboque de caballos y en trastocar ese acuerdo entre la serie y sus seguidores, por el cual no se producían grandes elipsis temporales, y mucho menos de forma sistemática.

De modo que los espectadores nos hemos encontrado no solo con personajes, si no con ejércitos completos que “saltaban” de un punto geográfico a otro, obligándonos a entender que habían transcurrido días (por no decir semanas) en un simple fundido en negro. Un recurso que, de pronto, comenzó a repetirse en un mismo episodio, dejando así lapsos de tiempo “en blanco” en los que las tramas de los personajes evolucionaban sin que nosotros lo pudiéramos ver. Todo lo cual ha hecho que la campaña de Daenerys por hacerse con el control de Poniente, que se presuponía al final de la sexta temporada como algo para recordar… lo haya sido, por la dificultad para seguir los continuos viajes de sus ejércitos, y por resultar más bien un fiasco (lo cual, como ya explicaré, era previsible en parte).

Personalmente, y aquí quiero hilvanar todo lo expuesto con mi comentario inicial, el causante de todo este cambio en el desarrollo de la serie está muy claro: la decisión de HBO de acortar la temporada a solo siete episodios. Una modificación justificada en el deseo de mantener la calidad de producción de cada capítulo sin querer aumentar el presupuesto global, a sabiendas de la cantidad de batallas que debían filmarse (y que los dragones y los Caminantes Blancos estarían presentes en muchos planos). Después de haber ofrecido momentos como la Batalla del Aguasnegras, o la Batalla de los Bastardos, estaba claro que no podían quedarse cortos en la que, parecía, sería la guerra final por el Trono de Hierro; unos combates que todos imaginábamos ya aún más épicos que todo lo anterior.

Lo malo ha sido que esta reducción de longitud no venía justificada (como yo mismo creía) porque tuviesen menos cosas que contar a nivel de personajes, si no porque habían optado por condensar las tramas. Por mi parte, y tras las temporadas anteriores, pensé que el “nudo” de la trama ya estaba resuelto. Que los personajes ya habían evolucionado hasta dejarlos completamente definidos y tocaba lanzarse hacia el desenlace final. Que su viaje estaba por concluir y ahora era el momento de mancharse las manos y ver quién salía vencedor del juego de tronos. Razoné que esta sería la temporada de la guerra entre Cersei y Daenerys, y la última serviría para detener a los Caminantes Blancos y despedir a los supervivientes en sus destinos finales. Pero no. No ha sido así. Aún quedaba bastante tela que cortar en los patrones de varios de los protagonistas. Y lo malo ha sido que, al enfocarse en conseguir que “el impacto visual de la serie estuviera a la altura”, lo que ha salido perdiendo ha sido su otro soporte en el éxito: las tramas de poder. El fondo de los personajes. Antes he dicho que habían condensado las tramas, pero una definición más certera sería que las han pasado por un alambique hasta intentar quedarse solo con su esencia más concentrada, sin conseguirlo del todo. Esa precipitación de eventos, que nos llevaba de un momento intenso a otro (reduciéndolo al momento de mayor exaltación), ha obligado a “saltarse los preliminares” en la mayoría de las líneas argumentales: el retorno de los niños Stark, la relación de Jon y Daenerys, el choque de Cersei y Jaime… y, por encima de todo, la conspiración de Meñique.

Resumir lo ocurrido este verano es complicado, porque cada episodio ha constituido ya el resumen de algo que debería haber sido más elaborado. De hecho, y considerando que han querido dar cierta preeminencia al aspecto bélico de la temporada y, por tanto, a las batallas, ha habido unas cuantas que se han resuelto con un par de planos aéreos, un minuto de acción, y poco más. Nada de lo que habríamos esperado. Al menos, esa es mi impresión. Y además, para mayor fastidio, los personajes más vapuleados en la temporada han sido los del bando de “los buenos” (o ese es el balance que yo hago). Como ya he dicho antes, precisamente porque el ejército de Daenerys resultaba formidable, la lógica narrativa permitía adivinar que sufriría algún revés para igualar la balanza y hacer menos predecible el resultado de la guerra; pero yo, desde luego, no me esperaba que la debacle fuera tan catastrófica: el brillante Tyrion ha resultado ser un pusilánime como estratega, Daenerys ha pasado a ser una reina soberbia que hace oídos sordos a sus consejeros, sus aliados han pecado de una bisoñez militar pasmosa… y, en el norte, Arya y Samsa se han enredado en una pelea de niñas, cuya lógica solo estaba clara en la mente de los guionistas, y que se ha resuelto de una manera en la que algunas feministas se han sentido humilladas. En resumen, que todos esos personajes han defraudado a sus fans.

Para la última temporada, que al parecer se va a postergar hasta 2019 de forma definitiva, HBO ha anunciado un incremento muy jugoso en el presupuesto de cada episodio. Sin embargo, pretende mantener la misma extensión que este año (aunque algún capítulo podría superar con creces los 50 minutos de duración). El problema es que, visto lo visto, la semilla de la sospecha (al menos en mi caso) ya está plantada. Personalmente, cuando anunciaron los planes de “recortes” para las temporadas finales comencé a dudar de que pudieran cerrar la serie disponiendo “nada más” que de catorce episodios. Dada la cantidad de líneas argumentales y de personajes, por más que haya bajas de aquí al final, mi lógica me dice que sería necesaria una serie de “cierres de tramas en secuencia”, al modo en que se hizo en El Señor de los Anillos.

Y aunque solo uno (o dos, si hay boda) se pueda sentar en el Trono de Hierro, creo que ningún aficionado se quedará tranquilo si no le explican cuál será el destino de su personaje favorito después del definitivo Final. Pero ahora, después de nueve años compartiendo las aventuras de estos personajes, temo que me enfrente a otra carrera de velocidad en cada episodio, y todo lo bueno que se podía decir de la serie se olvide por culpa de un “tapón mágico en el centro de la isla”, provocado por centrarse más en la forma que en el contenido.

 

 

La opinión de Soraya: Fobos, de Manuel Amaro Parrado

Por Soraya Murillo.

En la mitología griega, Fobos (en griego antiguo ‘pánico’) era la personificación del temor y el horror. Su título fue lo primero que me interesó cuando escuché hablar de este libro de relatos. Pero para mi sorpresa no era terror lo único que iba a encontrar en su interior. Hay un poco de todo: miedo, cuentos, leyendas, ciencia ficción… No os quiero desenmascarar mucho; quiero que disfrutéis como yo lo hice.

Esa ansiedad que sentiréis, ese instante en que cambiará el rumbo de lo leído, la revelación de lo inesperado. Creo que a eso siempre se le ha llamado el arte de contar historias. Veintidós historias, veintidós relatos.

Dicen que cuando algo muy simple trae el miedo, es que el autor acertó con el escrito, y es posible que sea así. En el primer relato, “La agenda” vemos cómo un detalle tan sencillo, tan cotidiano, algo que todos tenemos y usamos, nos lleva al terror (por cierto relato que ganó un primer premio). Seguiremos con una especie de cuento y nos adentraremos en un lugar llamado Tierras Verdes para conocer un ser llamado Diorde. En “Caos”se nos sitúa en un mundo post-apocalíptico, del cual nuestro autor no nos deja ningún detalle de cómo se llegó ahí (cada cual deberá poner su imaginación en marcha), y nos hace partícipes de la soledad, la locura y la supervivencia. “Artesanos” (el más corto de todos)  es otro hermoso cuento que romperá creencias. “Kilómetro 301”, con el que regresamos al terror con una historia que no os dejará indiferentes, tal vez porque en más de una ocasión hayáis pensado en ella y en vosotros mismos. “El vendedor de sueños”: ¿y si un día alguien apareciera en vuestra vida para compraros vuestros sueños? Una hermosa historia con un final imposible de olvidar. “Ítaca” (a donde regresa Odiseo, el autor es un amante de la obra de Homero), donde volver al hogar y a lo único que importa es lo que hace que el protagonista siga luchando. “Ego”, el relato más difícil para mí de entender, pero con una pregunta clave…

Nos quedan unos cuantos más por comentar, pero dejadme primero que os haga algunas observaciones. Hay un abismo entre cada uno de ellos, algunos están escritos en primera persona y otros en tercera. ¿Y sabéis la sensación que tuve? Era como si no estuviera leyendo al mismo autor. Usó para cada uno un tipo de escritura diferente, construyó y dio tantos giros inesperados, supo dejar tal adicción dosificando la información, que nunca creí estar leyendo en todos ellos a Manuel Amaro Parrado. Desde luego es un placer ver cómo domina cualquier tema que le sirva para dejar un corto, desafía a los propios protagonistas con tal que vosotros disfrutéis, impulsando su tremenda imaginación más allá de la realidad de éste y otros mundos. Leerlo es dejar que el tiempo pase sin daros cuenta y sin que os importe que él se lo lleve.

Pequeñas cosas”, un canto a la esperanza. “Fobos”, relato que da título al libro, una historia acerca de cómo un fin de semana soñado puede terminar con la llegada de un ser sin rostro. “En las estrellas“, estoy segura que de haberla relatado un indio al lado de un gran fuego hace siglos hoy formaría parte del acervo de la humanidad, es la leyenda más hermosa que recuerdo haber leído. Ya resumiendo más rápido para no dejar tanta información, sabremos de un vidente y “El fin del mundo”. “La traductora“, un nuevo cuento con una nueva raza que esconde otra leyenda. “No sabemos nuestros nombres“, nos situamos en aquellos tiempos de la Guerra Civil española, pero con hombres salvando vidas. “Los más inteligentes“, un muy buen relato de ciencia ficción. “Dios del tiempo“, una historia mitológica sobre la presencia de Cronos, el rector de las horas. Los íncubos, esas criaturas que se posan en el pecho de los durmientes. “Cuando cese la lluvia“, un buen relato para contar a vuestros hijos y seguir creyendo. En “Mirón en un juego de cartas“, leeremos sobre una dimensión imaginaria donde los personajes cobran vida. “El observador“, o cuando una debilidad humana lo cambia todo. Sigue “La leyenda del ave Fénix“, otra forma de ver el mito, para terminar con “El macabro juego de Sal Beinit“, la historia más terrorífica de todas a mí entender.

Bien, dejé muy poco, lo suficiente para que sintáis interés por este maravilloso libro de relatos. No, no es casualidad que en pocas semanas me haya leído todos los libros que Manuel Amaro Parrado escribió en los últimos diez años, ni que dejara mis horas opinando de ellos. Los compré y no me arrepiento de haberlo hecho, es el mejor dinero que podéis gastar, os lo aseguro. Los libros caen muy fácilmente en el olvido, los buenos libros no siempre se dan a conocer. Yo, mientras pueda, seguiré descubriéndoos estas lecturas. Hoy ha sido Fobos, de Manuel Amaro Parrado, su primera obra y un gran recopilatorio de relatos que guardaré en un sitio especial de mi biblioteca, para tenerlo siempre a la vista.

Manuel: con este libro terminé lo que tenías escrito, sólo puedo agradecerte los buenos momentos que he pasado leyéndote. Siempre me dices que no eres escritor, que eres profesor de matemáticas, pero lo siento mucho, no es así. Al escritor lo hacemos los lectores y yo soy una lectora y no de pocos libros. Gracias por tener este don, este talento para escribir.

 

DRAKE, de PETER MCLEAN (Dilatando Mentes, 2017)

Una reseña de FJ Arcos Serrano

 

Don Drake ni es un mago al uso, ni suele ser demasiado brillante en lo que hace. Por así decirlo, podríamos catalogarlo como un perdedor en toda regla, y el hecho de haber contraído una deuda con Ajenjo, un poderoso Archidemonio, no ayudará a que su situación mejore. Así, junto a su artículo mágico más  poderoso, el Hombre en Llamas, deberá hacer frente al caos que está a punto de desatarse a su alrededor.

Me encanta la fantasía urbana, así que era de esperar que me abalanzara de cabeza a este libro de Peter McLean, y más si contamos con un personaje como Don Drake: una especie de John Constantine (“Hellblaizer”) que se hace llamar así mismo demonólogo y que cuenta con ese puntito cabroncete que hace que nos atraigan este tipo de personajes tan potenciales (el cual, por otra parte, se pasa más tiempo con cicatrices y resaca que sobrio y sin marcas…).

McLean se vale de la primera persona para narrarnos los combates cotidianos de su protagonista, dando lugar a una narrativa muy ágil y reafirmando de esta forma una de las características principales dentro de la literatura negra, situándonos a los lectores como testigos de excepción de todo lo que va sucediendo.

El escritor tiene un don especial para mantener la tensión durante toda la historia, incluso en las escenas más tranquilas repletas de excelentes diálogos punzantes que van directamente a donde más duele.

Hay muchos aspectos a destacar dentro de esta historia, pero sin lugar a dudas uno de los mejores radica en la existencia de El Hombre en Llamas, un personaje curioso, divertido y bastante malvado que traerá de cabeza a nuestro protagonista en más de una ocasión.

En cuanto a la ambientación nos encontramos con una Londres muy sórdida y oscura, llena de peligrosas calles y callejuelas donde pueden acechar demonios y otras criaturas del Averno siempre esperando a hacer de las suyas…

En definitiva: Drake me ha parecido una de las lecturas más estimulantes y divertidas de este 2017, así que sólo queda decir que desde aquí mi más sincera recomendación y que quedo con ansia viva por leer más aventuras de este personajillo al que irremediablemente acabas cogiéndole cariño.

Y si estamos hablando de un libro editado por Dilatando Mentes pues sobra decir que la edición es una auténtica delicia, como ya nos tienen acostumbrados. Para esta ocasión además  contamos con un gran material extra (artículo introductorio y prólogo de Alfonso Merelo, un ensayo de José Ángel de Dios alrededor del mundo de la Alquimia y las ilustraciones en forma de postales de Daniel Medina Ramos); En definitiva: Una edición impecable que da gusto atesorar como Dios manda junto a los demás títulos de la editorial.

 

Ficha técnica:

Título: Drake

Autor: Peter McClean

Editorial: Dilatando mentes

Páginas: 364

ISBN: 978-84-945203-6-5

Precio: 18’95 euros

 

 

Hijos del hielo, de David Jasso

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.
 Hoy venimos con Hijos del Hielo, de David Jasso, una novela corta publicada en la colección Pequeño Formato de Cazador de Ratas. Solo puedo decir que me ha encantado. Es triste, dura y perversa. Un drama costumbrista con tintes paranormales, en el que las propias miserias humanas, los impulsos incontrolables, los deseos inconfesables, la culpa y la venganza son tanto más terribles que cualquier cosa que podamos imaginar.
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 En los inicios del S.XX, en los albores de la industrialización, el negocio de la producción de hielo natural en Fuendetodos se encuentra sumido en una grave crisis de la que, resulta evidente, ya no podrá salir. En ese entorno, Manuel, un trabajador de los neverones, pierde a su esposa y se queda solo con dos niños pequeños. Eliseo, su patrón, y la esposa de este se ofrecen a ayudarle en su complicada situación familiar. Pronto surgirá un complicado entramado de relaciones y de sentimientos que dirigirá a los implicados hacia un destino cruel y doloroso. Una historia de amor, dolor, venganza y terror que trasciende el tiempo y el espacio y que descubre el frío que habita en todos los corazones.

El elemento sobrenatural aparece casi al final y tiene una gran presencia, pero incluso sin él, la obra funcionaría y nos dejaría el mismo mal cuerpo.
El frio, como un personaje más, nos invade y asistimos horrorizados a unos sucesos que aun siendo previsibles, nos tienen con los nervios de punta y las emociones a flor de piel. Sabemos lo que va a ocurrir y eso es lo más terrible, la angustia al saber que nada puede evitar que suceda, que todo es inútil para escapar de ese fatal destino fijado de antemano y ser testigos impotentes ante tamaña crueldad. Esa segunda parte, un añadido a la historia principal y semejante a un epílogo largo y elaborado, no hace más que terminar de dejarnos jodidos y es ahí cuando tirando del recurso paranormal clásico, Jasso cierra la historia dejándonos todavía más hechos polvo por completo.

Para rematar, la nota del autor, donde explica de donde se sacó esta historia y casi que con ella, tenemos un tercer cuento en el libro, como si de otra parte, breve pero intensa, se tratase. Que grande es este tío y que bien escribe, el jodio

Muy, muy recomendable.

 

Hijos del hielo.

David Jasso.

Editorial: Cazador de ratas

ISBN:978-84-947066-4-6

Páginas: 192 pág.

PVP: 8,50€

 

Vienen cuando hace frío, de Carlos Sisí

Buenas tardes/noches, mis queridos Lectores Ausentes…

Pues que me acabo de ventilar esta misma mañana Vienen Cuando Hace Frío, de Carlos Sisí y así tal cuál, en caliente, solo puedo decir que me lo he pasado como un jodido enano.

La crisis económica azota Estados Unidos. Joe Harper acaba de perder su empleo y decide abandonar Baltimore y mudarse a la cabaña que su abuelo, el mítico Cerón Harper, le dejó en herencia cerca de Sulphur Creek, en las montañas de Canadá. Es un lugar remoto y aislado, al lado de un parque natural, ideal para vivir con poco dinero mientras espera a que todo mejore. Para su sorpresa, pronto descubre que Sulphur Creek se vacía durante los duros meses de invierno. Con cualquier excusa, los lugareños abandonan el pueblo para mudarse temporalmente. Un hecho curioso, que Joe atribuye a las extremas temperaturas, pero que parece adquirir otro significado cuando uno de sus vecinos le susurra: «No pase aquí el invierno. Ellos vienen. Vienen cuando hace frío».

Me repatean esas afirmaciones tan gastadas de “fulano es el Stephen King español” y desde luego, Carlos no es King ni maldita falta que le hace. Sisí tiene su estilo propio, su sello reconocible y que define por si mismo sus obras al punto de decir cuando lees algo suyo aquello de: “Si, esto es de Carlos, sin duda“. Pero he de reconocer que en esta ocasión y sin que sirva de precedente, solo expuesto como algo anecdótico y siempre según mis impresiones, la verdad es que una vez pasada la última página, me ha venido a la cabeza una referencia, tanto a nivel narrativo como estilístico. Una de las obras del Maestro de Maine: Desesperación.

Más allá de buscar similitudes ni buscarle parecidos, es la propia narración en sí, tanto por su ritmo como por su forma y por su prosa, así como unos pocos elementos comunes que coinciden, que mi cerebro ha hecho esa conexión involuntaria y de la que he sido consciente sin venir a cuento.

Dejando esa asociación personal y sin fundamento alguno más allá de mi propia percepción, he de decir que Vienen cuando hace frío me ha parecido una jodida delicia. Un caramelito. Una chuchería, una pastilla de chocolate, dulce e intenso, que se deshace en la boca dejando ese regusto tan especial, que hace que sonriamos.

Ágil, muy fluida, con un ritmo siempre acertado y adaptándose a las necesidades que en cada momento requiere la narración, me ha hechizado ya desde las primeras paginas, trasladándome por completo a la historia, metiéndome en la trama y desconectándome del mundo real.

Un excelente tratamiento de los personajes ( pocos, pero más de lo que pensaba en un principio y además, más complejos de lo que pudiera parecer a priori), haciendo que empaticemos con un tipo que en un primer momento, no tiene nada que ver con nosotros y todo ello en un escenario que, a pesar de parecer recurrente dentro del género de terror, no tarda en darnos más de una sorpresa . O varias.

Diría que hay tres partes diferenciadas en la novela, aunque no sea algo especificado por el autor, sino por el propio devenir de los acontecimientos y la atmósfera que se respira en cada una de ellas, que hace que el lector sea consciente de esa evolución.
Muy bien escrita, atreviéndose a probar cosas nuevas y saliendo, de alguna manera que no sé bien cómo explicar, de su zona de confort, Carlos nos trae una historia de terror que va a más y más; y que no se queda solo en eso, sino que se arriesga a ir un paso más allá, por unos derroteros que sin abandonar el género, si se adentran en otras fórmulas del fantástico que, al menos a mi, me han encantado. Ya sabéis de mis gustos personales y cual de las facetas del mismo es la que más me apasiona, así que ahí lo dejo. Me atrevería a decir que esta novela se sitúa por méritos propios, aunque de forma inesperada, entre las tres mejores obras del autor.

No me enrollo más. Solo decir que la he disfrutado muchísimo, que se me ha hecho corta, pero siendo una experiencia muy, muy intensa. Que Sisí demuestra que aprende constantemente en su trabajo como autor, sorprendiéndonos con nuevas herramientas, registros,  recursos y trucos de magia del oficio de escribir, cosas chulas en cada nuevo proyecto que nos presenta y eso se nota a nivel de calidad literaria. Y que a pesar de todo, Carlos es de los que ve el vaso medio lleno, por jodidas que nos vayan las cosas a todos los niveles, sea en la ficción o en el mundo real, aunque no lo merezcamos.

Muy, muy, muy recomendable. Tardáis en poneros con ella.

 

Vienen cuando hace frío

Carlos Sisí

Editorial: Insólita

ISBN: 978-84-947020-2-0

PVP: 18,27€

 

CINE: 1898. Los últimos de Filipinas, de Salvador Calvo

Por Santiago Sánchez Pérez.

 

Como aficionado al cine bélico, esperaba con muchas ganas la película que se estaba rodando sobre el asedio de “Los últimos de filipinas“, aunque ya existía una película del año 1945 dirigida por Antonio Roman e incluso un episodio de la serie “El ministerio del tiempo” ambientado en dicho asedio (y que todo sea dicho, me parece muy superior a la película dirigida por Salvador Calvo). Pero lo que importa es que me llamaba mucho una producción moderna con medios actuales y  actores de la talla de Luis Tosar, Javier Gutierrez o Karra Elejalde.

En su momento no pude verla. Quizás  llegó a pocos cines o puede que no se la promocionase mucho, pero el caso es que para cuando me enteré de que ya había sido estrenada y la busqué en las salas, no la encontré en ninguna de las que suelo frecuentar. Así que he tenido que esperar un poco, para poder verla en DVD.

Una vez vista, debo decir que me ha dejado sensaciones encontradas. Por un lado, no tengo nada que objetar a nivel técnico. La fotografía es magnífica, el trabajo de interpretación de los actores es más que digno, las escenas de acción me parecen bien rodadas y sus FX nada cutres. ¿El problema del film? Pues en general dos. El primero, es un rigor histórico que aparece y desaparece. Ya no se trata de personajes inventados (como el sargento interpretado por Javier Gutierrez) o la falta de algunos (como los dos misioneros franciscanos que se les unieron tras ser liberados por los rebeldes tágalos para hacerles llegar un mensaje). Ya en los primeros compases del film, el espectador puede ver como toda  la guarnición española de Baler es eliminada en cuestión de segundos en un ataque nocturno. La realidad fue que dado el aparente clima de tranquilidad, el gobierno optó por relevar a la guarnición de 400 hombres por una más reducida de apenas 50. Otro error importante, sería el que los sitiados disponen de visión directa de la bahía (en la película más bien una playa) algo que desde luego no era así y cobra su importancia en el intento de rescate (también obviado en la película) por parte del buque estadounidense USS Yorktown, en el que los sitiados podían escuchar el sonido de los cañones y los combates, pero no tenían modo de saber que era lo que estaba sucediendo.

Puedo entender que se añadan personajes o se omitan situaciones en aras de alargar la duración de un film o de mejorar su ritmo, pero lo que más me decepcionó, es el tratamiento que se da a la memoria de los sitiados. Un sargento sicópata al que vemos como a un patriota fanático y sediento de sangre durante los primeros compases del film, que al final reniega con desprecio de su país. Un sacerdote adicto al opio que induce al consumo de drogas a un joven soldado… toda la película parece rezumar desprecio por el clero y los militares. Está claro que tampoco me esperaba una película en la línea de las americanas con héroes de sonrisa perfecta y banderitas por todas partes, pero si una película en la que se viese reflejado el compañerismo necesario para sobrellevar una situación así en lugar del encabezonamiento de un solo hombre al que un sicópata se encarga de envenenarle el oído de forma sistemática.

En resumen: me ha parecido una película bien rodada e interpretada, que no me aburrió y cuyo visionado en general recomiendo. Pero si alguien de mi nivel (que no soy ningún historiador precisamente) es capaz de encontrar errores en el rigor histórico, no quiero ni pensar que no encontrará alguien mejor informado y que en general enturbia sin necesidad (más allá de la comercial y de las ideas políticas) la memoria de unos hombres que ya no están aquí para defenderse.

 

 

Máscaras de Carcosa, de Dani Guzmán

Tras haber secuestrado a varias jóvenes, el Rey Andrajoso tiene aterrorizada a la ciudad de Leonado.
Iván, un simpático friki estudiante de cine, asiste al secuestro de Amanda, compañera de clase y la chica que le gusta, por parte de unos adolescentes enmascarados que trabajan para el Rey Andrajoso… y a los que Iván reconoce como los chicos que lo maltrataban durante su adolescencia.
Atormentado por el miedo, la vergüenza y las heridas infectas que deja el acoso escolar, Iván partirá tras los portadores de la Máscara Pálida junto a Jandro, su siniestro compañero de la infancia, Blanca, la mejor amiga de Amanda, y sus inseparables camaradas, Joystick, Caty y Volstagg. La persecución guiará sus pasos hasta un teatro abandonado, a través de las retorcidas entrañas de la derrotada ciudad de Ythill, por las neblinosas aguas del lago de Hali, sobre las que vuelan los byakhees, y más allá…
…hasta la fantasmagórica ciudad de Carcosa, donde mora el Innombrable Rey Amarillo.

Máscaras de Carcosa es una novela de terror que supone un homenaje al ciclo clásico de H.P. Lovecraft. Si bien es evidente que su naturaleza se cimenta en el legado de los Mitos y las obras contemporáneas del círculo de amistades del maestro de Providence, no lo es menos que no renuncia a su orgulloso estado de hija bastarda, tomando aquellas referencias  que le son propias por derecho, pero decidida a no limitarse a repetir por enésima vez  las mismas historias de la misma forma. Con su peculiar idiosincrasia, no tiene reparos en marcar ciertas distancias con el horror cósmico tal y como lo entendemos, para sondear otras formas de terror, más enfocadas a la fantasía oscura y a la resolución de un misterio, casi con tintes de novela negra o detectivesca.

Si que saca partido del imaginario ya arraigado en nuestro subconsciente y de esa atmósfera malsana que hace que sus personajes se balanceen al borde del precipicio de la locura, quizás más cercana a los juegos de rol tipo La llamada de Cthulhu (salvando las distancias y con una ambientación más acorde a nuestros tiempos) que a la fuente original. Y esta comparación no es casual en absoluto, pues hay tantos elementos comunes, que para un fiel amante del juego y sus historias satelitales, ha supuesto toda una sorpresa, buscada o no.

Un buen elenco de personajes, con personalidad clara y definida, que cumplen con su papel en esta suerte de partida, en sentido literal y figurado al mismo tiempo. Si bien al principio parecen tratados grosso modo,  es durante la propia narración que estos van dibujándose con todo detalle, convirtiéndose en unas piezas imprescindibles para el desarrollo de los acontecimientos, a modo de fichas puestas en su lugar sobre el tablero de juego.

Nada sucede por azar, todo es premeditado, cumpliendo unas reglas inquebrantables que son las que permiten que siga el juego y podamos terminar la partida, sea cual sea el resultado final.  Sea porque así lo quiere el autor, sea por mi loca percepción,  forjada  por mi propia experiencia en el juego de rol y todo lo que significa para mí La llamada de Cthulhu, no dejo de ver paralelismos y una obvia relación en sus formas y en su fondo. La forma en que se relacionan los personajes, en cómo se traslada la historia al lector, las menciones, referencias, homenajes y situaciones  tiene  una secuencia, una suerte de estructura que me lleva de regreso allí a todas luces y eso es algo muy bueno, al menos para mí, que estoy medio p´allá. Si  bien es cierto que Daniel Guzmán, su autor,  relaciona toda la obra con el teatro, con lo que hay tras el telón y de hecho,  tanto en su acepción como arte, como lenguaje y como la de edificio y universo particular (en especial lo que no se ve tras bambalinas, en la tramoya y sus rincones ocultos a la vista del espectador), yo de manera inconsciente e inevitable, me trasladaba a mi propio nexo mental con la novela y terminaba regresando una y otra vez al puñetero juego (insisto, una asociación mía que solo yo veo y salvando las distancias). Le pido disculpas al autor por esa incomprensible licencia por parte de mi psique. Pero a lo que vamos: Si a todo lo comentado le sumamos ciertos juegos metaliterarios  que Dani elabora con bastante buen acierto, el resultado no podía ser más que satisfactorio, pese a como digo, ese principio un tanto tosco que puede hacer fruncir el ceño a los lectores más curtidos, pero que en breve va puliéndose  hasta lograr un tono y un ritmo ágil y perfecto para la historia que se nos quiere narrar, bastante más compleja y elaborada de lo que pudiera parecer a priori

Resumiendo, Máscaras de Carcosa es una obra muy entretenida, sin demasiadas ambiciones, pero que justo por eso funciona y que aunque no nos descubre nada nuevo, si nos alegra la tarde a los amantes de la obra de Lovecraft y nos hace sentir dentro de una de esas maravillosas partidas donde disfrutábamos de un buen mal rato.  Por cierto, El Rey Amarillo (Andrajoso) siempre está ahí, observando. Intangible, pero atemporal, en su trono de lodo, allá en Carcosa, avistando sus dominios, en su mundo o en el nuestro.

 

Dani Guzmán.

Máscaras de Carcosa.

Editorial: Hades

ISBN: 8494507079 ISBN-13: 9788494507076

Páginas: 217 pág.

PVP: 14,25€

 

Comic: Las “verdaderas aventuras” de Valerian

Por R. G. Wittener.

Si ha existido una rutina en mi vida que haya practicado con tenacidad durante mucho tiempo, y que tuviera luego una influencia transcendente sobre quién soy, creo que la más evidente fue mi costumbre de acudir a diario a la biblioteca del barrio; durante la mayoría de mi etapa escolar, y se podría decir que hasta buena parte de la adolescencia, mis tardes transcurrieron sentado en la sala de lectura, con un libro en las manos (información que, espero, sea útil para el viajero espacio-temporal que deba viajar a mi pasado para convertirme en el héroe de alguna gran historia épica).

El hecho es que, además de muchos libros de aventuras, la biblioteca se nutría de vez en cuando con remesas de álbumes de cómics europeos (Tintín, Blueberry, Asterix, Lucky Luke, etc…) Unos tomos que provocaban revuelo y auténticas batallas los días de su llegada, para luego ser leídos y releídos con avidez cada vez que tenías la suerte de encontrar un ejemplar en la estantería, hasta que las páginas se desprendían y las pastas sufrían el castigo de tanto vaivén. En mi caso, uno de esos cómics eran las aventuras de Valerian. Una afición que, ahora, creo que se vio mediatizada por esa “combinación espacial” que se dio en la tele de los ochenta, y que no debe de ser ajena a quienes ronden ahora los cuarenta: cuando nuestros héroes de la tele se repartían entre la Batalla de los Planetas (más conocida como Comando-G), Ulysses-31, y Érase una vez… el Espacio. En aquella época me habría costado decidir si mi nave espacial favorita era el Fénix o la nave de Ulises, pero las únicas aventuras que podía disfrutar una y otra vez (aún faltaban años para el vídeo doméstico en mi casa), eran las de Valerian y Laureline. Una devoción que se concretó de forma reciente con la adquisición de todos los álbumes, para poder sumergirme en ellos de nuevo.

Con todo esto quiero decir que, para mi, los personajes de Mezières y Christin son viejos amigos cuyas peculiaridades tengo muy claras. He compartido con ellos suficiente tiempo como para reconocerles sin dudar entre muchos otros y, lamentablemente, no son los que me he encontrado en la cinta de Luc Besson.

Mi mayor frustración se centra, además, en el protagonista masculino. Valerian siempre fue un Han Solo sin Chewbacca, un tipo cuyos planes se limitaban a saltar por sorpresa sobre los enemigos y confiar en que la fortuna le sería propicia y le permitiría escapar sin un rasguño. Un ligón “a su pesar”, capaz de seducir a casi cualquier forma femenina del universo. Un irresponsable, en definitiva, bastante cercano a los 007 del cine. Todo lo cual no acaba de encajarme con ese agente aniñado que encarna Dane DeHaan, y aún menos con su devoción amorosa por Laureline (que, en los cómics, siempre fue tensión sexual no resuelta). Valerian debería haber sido interpretado por algún actor cuya presencia física estuviese cerca de Matt Bomer o James Franco, al menos. Alguien de quien te creyeras que, de verdad, ha estado de parranda con medio universo y al que envidiaras su sonrisa porque sabes que eso le basta para engatusar a una chica.

Por otro lado (y en contra de muchas críticas que han aparecido), Cara Delevigne sí ha dado vida a una versión más próxima a Laureline (o, dicho de otro modo, comparando las encarnaciones de los dos protagonistas, al menos ella ha estado más cerca de la imagen mental que podria hacerme de su personaje). La respondona, avispada e independiente muchacha que pasa de aldeana medieval a espía intergaláctica (muy próxima a la Leia de El retorno del Jedi), ha quedado mejor plasmada en la película; aunque el guión decidiera obviar su peculiar origen, Delevigne casi parezca la niñera de DeHaan y el asunto de su relación sentimental ocupe demasiado tiempo en la trama de ambos (lo cual me veo cada vez más obligado a considerar que es así para intentar convencer al espectador de que existe algo parecido a química entre ellos).

Por supuesto, no voy a negar que la tecnología le ha permitido a Besson dar forma a un universo estéticamente muy cercano al de los cómics. Algo que no puede sorprendernos a sus fans tras haber visto El quinto elemento, aunque ha sido una suerte comprobar que podía crear otra space opera alejándose de la imaginería de Moebius y, sobre todo, de Gaultier. Incluso la nave de Valerian (base para la creación posterior de El halcón milenario) ha salido muy bien retratada, a pesar de que no debo ser el único que hubiese querido ver en más detalle su interior. Y aún así, considero que la estupenda recreación estética de la película no puede disculpar un guión sin apenas sorpresas en sus giros argumentales, ni esa falta de apego al espíritu de uno de sus protagonistas, precisamente en una obra cuyos mayores jueces tenemos a los personajes tan interiorizados.

Es por eso que, para iluminar a quienes no hayan tenido aún la oportunidad de disfrutar de las “verdaderas” aventuras de Valerian y Laureline, quiero recomendarles la lectura de algunos de los álbumes que considero más representativos (y enzarzarme en discusiones con quienes piensen que me dejo alguno fuera, o que incluyo tramas menores).

Mundos Ficticios“. Aventura en la que Laureline se erige en protagonista principal, mientras dirige a un sinnúmero de clones de Valerian a la búsqueda de un extraño personaje que está recreando fragmentos del pasado terrestre en otros planetas.

Los pájaros del amo“. Una de sus historias más oscuras. En un mundo desprovisto de mucho del color y el humor que suelen impregnar los álbumes, la población sufre la tiranía de “El amo”, y temen el ataque de sus pájaros.

Los héroes del equinoccio“. En un mundo envejecido, la aparición de nuevos niños es imposible mientras no llegue un héroe que viaje hasta una isla sagrada. Pero ninguno de sus habitantes lo ha logrado, así que solicitan ayuda al exterior. Y la Tierra ha escogido a Valerian para que los represente, frente a los miembros de otros planetas cuyos estilos de vida encarnan conocidos estereotipos sociales.

El embajador de las sombras“. El álbum que ha inspirado gran parte de “La ciudad de los mil planetas” de Besson (y que permitirá así comparar a los personajes). En la gran base galáctica de Punto Central, el embajador de la Tierra es secuestrado y la misión de rescatarlo recae en nuestros héroes, descubriendo por el camino a muchos de sus peculiares habitantes.

Metro Châtelet, dirección Cassiopea” – “Los rayos de Hypsis“. Esta es la gran saga de Valerian y Laureline. Una aventura a lo largo de cuatro álbumes (incluyendo “Estación Brooklyn, final de línea el cosmos” y “Los espectros de Inverloch“, en la que una amenaza a la integridad del espacio-tiempo obliga a Valerian y Laureline a actuar como espías encubiertos en la Tierra de finales del siglo XX. Una historia que tiene toques de Bond y Expediente X, en la que se exploró en profundidad la relación entre sus protagonistas mientras los autores elucubran sobre el futuro de la humanidad… y la esencia de lo divino.

Quizás siete álbumes, en una colección que sobrepasa la veintena, puedan parecer pocos. Pero animo a quien sienta curiosidad sobre el universo de Valerian a leerlos, con la convicción personal de que no podrán resistirse a conocer el resto de sus aventuras. Las “de verdad”. Las que hicieron que un crío que pasaba horas en la biblioteca se acabara convirtiendo en escritor.

 

La opinión de Soraya: Las tres niñas brujas, de Simón León.

Por Soraya Murillo

Cada noche, nuestro escritor baja al sótano donde tiene su máquina de escribir. Él no le tiene miedo al síndrome de la página en blanco. No, él tiene tres musas, tres niñas brujas que en realidad son muy viejas, mucho.

Ante su pregunta:

—¿Qué tienen para mí esta noche?

Ellas le responderán:

—Una historia de aparecidos…

—Una historia de monstruos…

—Una historia de muerte…

Lo que leeremos serán seis relatos de las niñas brujas y dos interludios, terminando con una pequeña biografía de su autor.

Normalmente suelo empezar resumiendo las historias que leo, pero esta vez veo necesario escribir un poco sobre Simón León, para que entendáis qué vais a leer.

Son unos relatos extraños y fascinantes, escritos por un autor con una imaginación delirante y yo diría que hasta enfermiza. Desgarra la lucidez del lector, perturbándolo con su escritura oscura, tocando de forma macabra el tema sexual llevándolo a la perversión, mientras lo une con leyendas tradicionales. Se nota su gusto por lo gótico, lo detalla todo hasta un extremo que asusta. Una manera de escribir desequilibrada pero brillante. Cediendo a las tres brujas la narración de sus historias, olvidaremos que todo ello salió de la cabeza de su autor, un hombre que siempre fue consciente de que a veces, sacaba al monstruo que llevaba dentro mientras escribía.

-Primer relato de las tres niñas brujas.

Invocación: —Las brujas… las brujas siempre son malas en los cuentos, ¿no? Pero en realidad, los malos son los reyes y los príncipes…

Dice la nueva chica que acaba de llegar al edificio habilitado como cárcel de tortura. Allí, junto a una compañera también vencida por el miedo y el dolor, invocará a aquellos que no deben ser nombrados…

-Primer Interludio

La niña que amaba a los lobos: ¿Lo que es bestialismo para ella, es bestialismo para él? Ella ve un lobo cuando mira, él ve a una muchacha.

Es cuento de caperucita que deberían de habernos contado…

-Segundo relato de las tres niñas brujas.

Él: En el interior de un bosque habita un duende. Los hombres del lugar miran hacia otro lado cuando se cobra su ofrenda…

-Tercer relato de las tres niñas brujas.

Pedro: Una casa abandonada con una extraña historia de tres hermanas desaparecidas en su interior. Pedro, un niño lleno de odio, humillado en el colegio…

-Cuarto relato de las niñas brujas.

Un cuento de vampiros: Un escritor que desea escribir un cuento sobre vampiros. Pasará años documentándose, viajando, intentando descubrir si en realidad existen. Hasta que un día entenderá…

Me detengo un momento para explicaros que los relatos son muy cortos, de apenas un par de páginas, lo cual hace que no pueda expandirme mucho, pues terminaría por contarlo y todo perdería interés. Recordad que yo no soy el escritor, yo os lo escribo desde la sencillez, apenas bocetando lo que son las historias que se nos muestran. Él no, él era un escritor con una mente  compleja, el cuál llego a decir: «Siempre tuve fe en el horror que habita en mi interior». Por lo tanto, mis palabras no hacen honor a como nos escribe sus historias. Simón León, de nacionalidad  argentina, deja esta pequeña obra escrita en su lengua natal, ese español, que a nuestros ojos puede resultar curiosa en sus formas, lo cual la dota de una personalidad muy especial…

-Quinto relato de las niñas brujas.

Malvina: Una oscura fábula sobre una niña encerrada en un internado gobernado por monjas, donde todo lo sexual será castigado de la forma más repugnante que ser humano haya imaginado.

-Segundo Interludio

La tragedia de los hermanados: Con el fondo del famoso cuento Hansel y Gretel, llegaremos hasta un relato de orgias y lujuria.

-Sexto relato de las niñas brujas.

Marina: Un retratista se gana la vida pintando a su amada. Hasta que un día, en un terrible accidente, ella termina desfigurada para siempre.

Y aquí termina nuestro autor de transcribir lo que sus musas le han dictado. Ahora leeréis una muy buena biografía suya que de no debéis pasar por alto si queréis saber porque motivo escribe así. Yo creo que la frase que mejor lo define fue esta: «Cuando decidí convertirme en escritor, decidí al mismo tiempo dejar de ser persona».

Nada más que deciros, salvo que por muy macabro que haya sido, desde luego siempre se le recordará como un gran escritor de culto.

http://sacodehuesos.com/a-sangre/las-tres-brujas-ninas

 

CINE: ¿Necesitas una coartada? Alibi.com

Por Fernando Codina.

Nunca he sido muy partidario de la comedia, y me declaro “odiador oficial” de todas las series americanas e inglesas con risas enlatadas, y de todas las películas en las que el sentido del humor esté basado principalmente en la humillación de los que son distintos, ya sea por su tamaño (no soporto las comedias de gordos), su estado mental (toda la serie de “Resacón en las Vegas” por ejemplo), o incluso su orientación sexual. Por eso, voy muy poco al cine más cómico y comercial… Aunque de vez en cuando, me he llevado grandes, y muy agradables, sorpresas.

Como la película recién estrenada este viernes, “Alibi.com”. El argumento no puede ser más sencillo. Greg, junto con tres amigos, ha creado una compañía llamada “Alibi.com”, con la que crea cualquier coartada, especialmente para maridos infieles o que proyectan serlo, pero también para personalidades del mundo de la música (la que crea para el rapero y la realidad de su vida no puede ser más divertida), y un amplio margen de personalidades (incluso el propio presidente de Francia figura entre sus clientes). Da igual lo que necesites (entradas de cine o de teatro, flores, regalos románticos, reservas de hotel, vamos, cualquier cosa, con tal de mantener viva la llama del engaño. Con Augustin, su socio y amigo de toda la vida, y Medhi, su nuevo y muy peculiar empleado, preparan estratagemas de todo tipo para cubrir a sus clientes. Pero la accidentada aparición de Flo (y de su caniche) una noche en una carretera comarcal, empieza a complicar mucho la vida de Greg. Especialmente porque Flo odia los hombres que mienten (una de sus recientes rupturas fue por hacer trampas al Monopoly), lo que le obliga a crearse desde cero una identidad y profesión alternativa (auxiliar de vuelo), mientras que la relación de pareja va evolucionando. El problema surge cuando es presentado oficialmente en familia: resulta que el padre de Flo es uno de sus clientes, que utiliza sus servicios para pasar un fin de semana con una atractiva cantante, puesto que está cansado de su triste y aburrida esposa… Pero todo se precipita, durante un muy peculiar fin de semana…

Tranquilos, que no voy a contaros más, no hago “spoilers”, pero sí os aseguro que es una de las películas más divertidas que he visto en muchísimo tiempo: no he parado de reírme a carcajadas en la mayor parte de la película, extraño fenómeno compartido con la mayor parte de los espectadores

Vale, es cierto que en ocasiones el sentido del humor es un poco grueso, y que un perro caniche blanco sufre una serie de aparatosos y delirantes incidentes (que recuerdan un poco a los del cánido de “Algo pasa con Mary”). Y que hay una cebra de lo más particular. O una tribu de feriantes con un estricto sentido de la justicia. Tampoco faltan gatos realmente satánicos, ni una impresionante persecución a todo gas por carreteras comarcales que no tiene nada que envidiar a películas de acción.

Como cualquier otra buena comedia digna de ese nombre, hay cambios en la trama, apariciones sorpresa, evolución de los personajes… Mi favorito es Greg, encuentro a Flo un poquito estereotipada en su papel de rubia de bote, pero tiene un par de escenas fantásticas (sobre todo una haciendo de ciervo en ropa interior en medio de la nada). Los gags, a veces, pueden pecar de crueles, pero todo sea por conseguir la risa del espectador, y que se olvide un poco de la grisura y monotonía de su vida… Objetivo que consiguen de manera magistral.

Para los más curiosos, estos son los datos de la película:

Dirección, guión y actor principal: Philippe Lacheu.

Otros actores: Julien Arruti, Elodie Fontan y Tarek Boudali

Duración: 90 minutos (que se hacen muy cortos)

Género: comedia.

Nacionalidad: Francesa.

Risas y sonrisas: Garantizadas.