Stalker. Pícnic Extraterrestre, de Arkadi y Boris Strugatski

Buenas tardes, mis queridos Lectores Ausentes.

Hoy venimos con Stalker. Pícnic Extraterrestre, obra de culto escrita por los hermanos Arkadi y Boris Strugatski  que acaba de publicar Ediciones Gigamesh en una edición revisada y traducida directamente del ruso, con un resultado impecable.

SPE1Unos extraterrestres hacen una breve parada en la Tierra y prosiguen el viaje sin mostrar ningún interés en la humanidad. Pero, como excursionistas displicentes, dejan restos y basura tras sus pasos, y los lugares así sembrados pasan a llamarse Zonas. Redrick Schuhart es ayudante de laboratorio en el instituto internacional  que estudia el fenómeno, pero de noche es stalker: se juega la vida entrando en la Zona para sacar tecnología alien de contrabando.

Con prólogo de Ursula K. LeGuin y posfacio de Borís Strugatski, la novela presenta en su versión íntegra, libre de censura, y en traducción directa del ruso. Se la considera, junto con Qué difícil es ser dios y El lunes empieza el sábado, la obra cumbre de los hermanos Strugatski, y la fuerza y la crudeza de sus personajes la han convertido en la más popular. Con un desarrollo ágil y seductor, indaga en el extrañamiento más abstracto y hasta en los mecanismos de la búsqueda de la felicidad, y deja una huella profunda e indeleble a su paso.

Como muchos ya sabéis, tengo una extraña adicción con la literatura de género rusa. Enamorado de la pentalogía de Los Guardianes  y de Metro 2033 y sus consiguientes secuelas, considero a Sergei Lukianenko y a Dmitry Glukhovsky como indispensables en cualquier biblioteca. Pese a su ritmo pausado, su forma de narrar tan distinta a lo que estamos acostumbrados, su densidad y complejidad inherentes, suponen verdaderas obras de arte que cualquier aficionado al género debería conocer.

Es por eso que le tenía tantas ganas a esta novela. La primera vez que oí hablar del término Stalker fue justamente en Metro 2033 y sentía curiosidad por saber el origen de esta figura, teniendo en cuenta que Glukhovsky la tomó prestada de  la obra de los Strugatski. Quería saber cuál era su naturaleza inicial, dentro de su propio contexto original y la verdad es que no hay discrepancias y su función viene a ser exactamente la misma.

 Stalker. Pícnic extraterrestre fue publicada por primera vez en 1972 tras varios años de insistencia por parte de sus autores,  quienes no se rindieron ante  la negativa de las autoridades rusas de que viera la luz. Por suerte para nosotros, al final se salieron con la suya y como suele decirse, el resto es historia. Un éxito absoluto que incluso ha tenido su versión cinematográfica, tediosa y difícil de digerir, todo sea dicho.

Me ha sorprendido lo distinta que es Stalker en cuanto a ritmo y estilo, comparándola con las novelas mencionadas antes. Sin dejar a un lado su profundidad y toda esa intencionalidad evidente de dejarnos poso, de obligarnos a ver más allá de lo obvio y adentrarse en indagar nuestra propia condición humana frente a la vida, el universo y nuestra propia naturaleza,  la prosa es fluida y ágil, sin excesos ni atropellos,  avanzando  de forma continuada, coherente  y sin altibajos, evitando caer en esa cadencia pausada y lánguida que suele definir a la literatura rusa.  No sé hasta qué punto la excelente labor de traducción por parte de Raquel Marqués tiene relevancia en ello, pero es evidente que si a una narrativa que ya brilla por si misma le sumas una buena  labor de  traducción, el resultado es este, una obra que se lee con verdadero placer, tanto por la historia que nos cuenta como por la forma en que lo hace.

Stalker. Pícnic extraterrestre es una gran novela. Su forma de acercarnos a lo fantástico,  su forma de entender la ciencia ficción, es sorprendente cuanto menos.  ¿Una novela de alienígenas sin alienígenas? Pues sí, al menos en parte.  En ciertos momentos, sobre todo cuando se describe a la Zona, me ha recordado muchísimo a Aniquilación, la malograda trilogía Southern Reach de Vandermeer.  Ambas obras tienen varios puntos en común, tanto en la profundidad que se les da a los personajes (salvando las distancias entre ambas obras) y en las propias maravillas y horrores increíbles que podemos hallar en esos espacios “contaminados´´ por lo desconocido.  Pero en mi opinión, Stalker es claramente superior en ese aspecto, porque no se limita a dejarnos entrever que hay allí, sino que pone de manifiesto nuestra estupidez como especie, nuestra ambición desmesurada por hacernos con lo que encontremos a pesar de ser incapaces de comprender que es lo que tenemos ante nosotros. Esa ansia por querer saber, por poseer, se manifiesta como una fina ironía. Objetos con unas propiedades antinaturales que no sabemos para qué sirven, pero que nos fascinan y que trasteamos sin tener ni puñetera idea de cuál es su función, si es que en realidad no son más que basura arrojada a la cuneta. Como el que no sabe leer y utiliza un libro como calzador para un mueble…

Decía Arthur C. Clarke que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia y en esta novela, eso se pone de manifiesto, demostrando además aquello de “que atrevida es la ignorancia´´.

SPEEC2Red, el personaje principal, está construido a conciencia y es a través de él (de su evolución a lo largo de los años y su experiencia ante la singularidad de las zonas, así como su propio recorrido vital), que comprenderemos el impacto que tal descubrimiento ha tenido sobre los seres humanos. Tanto a un nivel global (aunque se incide poco en ese aspecto) como a un nivel más cercano, desde el punto de vista de aquellos que tratan con ello a diario, quienes lo convierten en su propia realidad y ven como sus vidas giran, quieran o no, alrededor de esa anomalía, hasta ser en cierto modo consumidos por ella.

Resumiendo, una lectura que engancha, que resulta adictiva y difícil de dejar a un lado, que te sumerge por completo y te obliga a plantearte las mismas cuestiones que le surgen a nuestro protagonista. Con una profundidad y trascendencia muy superiores a lo que pueda parecer a simple vista,  nos permite asumir las implicaciones que supondría algo así para la raza humana como especie y como individuo con miedos, sueños, anhelos y esperanzas. Muy, muy recomendable.

Debo destacar lo bien que ha quedado esta nueva edición que ha sacado Gigamesh, a día de hoy la mejor que se ha hecho en nuestro país.

 

Stalker. Pícnic Extraterrestre

Arkadi y Boris Strugatski

Editorial: Gigamesh

ISBN: 9788416035052

Páginas: 192 pág.

PVP: 16€

 

 

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Un pensamiento en “Stalker. Pícnic Extraterrestre, de Arkadi y Boris Strugatski

  1. menudo tostón de libro, buen argumento pero pareció que no se le ocurrió la idea de como desarrollarlo y los autores se dedicaron a hacer de poetas abstractos. Me quedo con lem y clarke. Se pueden plantear cuestiones existenciales sin tanta parrafada.

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