-Literatura Maldita – Un articulo de Fernando Martinez Gimeno. (I)

A lo largo de la historia del hombre ha habido muchos libros ocultos, muchos libros inexistentes, muchos escritores perseguidos. En estos artículos os acerco a otra clase de Literatura.

 Muchos y variados han sido los libros que se han ocultado al común de los mortales; otros fueron perseguidos y condenados, varios son indescifrables, algunos se citan pero ni siquiera existieron. Hablaremos en este artículo de ellos, de bibliotecas y escritores malditos y de sus curiosas historias.

 1. Un poco de Historia

 La historia de la prohibición y destrucción de la palabra escrita se remonta a la elaboración de los primeros textos grabados en Mesopotamia sobre tablillas de arcilla, hace unos 5300 años. Desde entonces, el poder religioso-político ha utilizado este mecanismo como una forma de censura que ha justificado haciéndola pasar como salvaguarda de los principios morales y las tradiciones. En algunas interpretaciones se argumenta que no son perseguidos como objetos físicos, sino con ánimo de aniquilar la memoria que encierran, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera.

 Una de las primeras prohibiciones de las que se tiene noticia, y que puede ser ejemplo de lo arriba citado, fue ordenada por el emperador chino Chi-Huang Ti (213 a.C.). El soberano mandó destruir todas las obras escritas que no tratarán de agricultura, medicina o adivinación. Con ello intentaba borrar cualquier huella o vestigio de la doctrina de Confucio o de aquellas ideas que no fueran fieles a la imagen de su política. Incluso llegó a ordenar el asesinato de cientos de sabios reacios a la medida y de todo aquel que escondiese una tablilla con textos prohibidos.

 También está probado que Akhenatón, que gobernó en Egipto hacia el 1350 a.C., hizo desaparecer numerosos textos relacionados con el culto a los antiguos dioses para consolidar el de Atón. Aunque esta historia tiene su pequeña venganza poética, ya que a su muerte, y tras restaurarse el culto al anterior dios, sus detractores borraron cualquier referencia a su nombre en los jeroglíficos.

 En Grecia, el primer testimonio de la destrucción de una obra literaria por la censura política se remonta al siglo V a.C. Entonces el sofista Protágoras de Abdera fue acusado de impiedad y blasfemia por haber afirmado en Sobre los Dioses que era imposible saber si éstos existían. El libro fue buscado casa por casa, confiscado y quemado. Incluso se apunta que Platón tenía esas aficiones pirómanas, pues no dudó en quemar todos los poemas de Sócrates.

 El caso de “bibliocidia” sobre el que más líneas se ha escrito es, sin duda, el de la Biblioteca de Alejandría, una joya del mundo antiguo construida a lo largo del siglo III a.C. y que fue víctima de sucesivos ataques. El primero importante se produjo en el año 48 a.C., precisamente cuando se encontraba en uno de sus momentos de mayor auge, contando con cerca de 700.000 manuscritos.

 De lo que no hay duda es de que tanto el fanatismo religioso como las supersticiones se encuentran detrás de buena parte de las persecuciones literarias. En la Biblia ya se reflejan conductas de este tipo. Así, en el libro de los Hechos de los Apóstoles se indica “que bastantes de los que habían practicado la magia reunieron los libros y los quemaron delante de todos”. Los escritos de la secta de los gnósticos, que sostenían que nadie se salva por la fe sino por el conocimiento, y los de otras corrientes y personajes considerados heréticos por la Iglesia, como los del obispo Paulino de Dacia, fueron quemados. Las confiscaciones y destrucciones de libros practicadas por la Iglesia se multiplicaron con los emperadores romanos Teodosio y Valentiniano y alcanzaron su máximo apogeo en 1559 con la publicación del Índice de los libros prohibidos, ordenado por el papa Pablo IV.

 Apenas un siglo antes, los turcos demostraron que también sabían destruir la palabra escrita. Durante el saqueo de Constantinopla en 1453 acabaron con cientos de miles de manuscritos contrarios a la fe de Mahoma.

 Pero es que, como demostraron los nazis en pleno siglo XX (Bibliocausto Nazi la noche del 10 de mayo de 1933), la destrucción premeditada de libros no es, ni mucho menos, cosa del pasado. Se calcula que las purgas llevadas a cabo por los comunistas en la Alemania Oriental en 1953 acabaron con no menos de cinco millones de tomos. Algo parecido ocurrió en Argentina durante la época de la Dictadura Militar, cuando el 30 de agosto de 1980 se quemaron más de un millón y medio de libros vinculados con el marxismo.

 Y el fenómeno continúa. Aún es más reciente el bombardeo de la Biblioteca Nacional de Bosnia – Herzegovina (1992), ordenado por el general serbio Ratko Mladic, con obuses incendiarios, que acabaron con más de dos millones de obras pasto de las llamas.

 Por eso viene a la memoria una frase que hay en la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, del poeta judío Heinrich Heine, que dice: “Ahí donde queman libros, acaban quemando hombres”.

 2. Escritores en el punto de mira

 En la larguísima lista de autores cuyas obras han sido perseguidas aparecen desde Homero, cuya Odisea desaconsejaban leer algunos filósofos clásicos, hasta J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, personaje que ha sido considerado diabólico por diversas comunidades religiosas en pleno siglo XXI.

 Pero si hay un proceso que ejemplifica como ningún otro la intolerancia bibliocida es el calvario del escritor angloindio Salman Rushdie. Sus Versos Satánicos, una obra en la que satiriza los tabúes del Islamismo, fueron condenados por blasfemia poco después de su publicación en 1988. Un año más tarde, una fatua (mandato) del ayatolah Jomeini ponía precio a la cabeza del escritor. El edicto era un llamamiento a todos los musulmanes para liquidar a Rushdie a la menor ocasión. Y se establecía una recompensa de tres millones de dólares que aún está vigente. Por ello, el escritor se vio obligado a pasar a vivir en clandestinidad y protegido en Gran Bretaña. Incluso los traductores y editores del libro fueron amenazados y acosados por fanáticos. Hace unos años, el entonces ayatolah Ali Jamenei confirmó durante una estancia en La Meca que la fatua seguía teniendo validez, apoyándose en que el único que podía revocarla es quien la promulgó, es decir, Jomeini, quien lleva muerto desde 1989.

 Otro caso es el libro de Charles Darwin, Sobre el origen de las especies: aun hoy en día sigue estando prohibida la promulgación de sus ideas en las instituciones educativas de varios estados americanos. Incluso en la década de los años 20 se creó la Liga de la AntiEvolución, que se dedicó a quemar sus libros y a perseguir a aquellos que divulgaran sus preceptos. Y todo ello por considerarlos contrarios a la Creación Bíblica.

 3. Libros con misterio

 En 1975, en la Biblioteca Nacional de París, se descubrieron unos extraños pergaminos que han pasado a conocerse como Les Dossier Secrets, en los que se identifican a numerosos miembros del Priorato de Sión. Vendrían a ser unos misteriosos documentos que intentan convencernos de una historia oculta donde poderosas organizaciones han maniobrado para impedir que la Verdad salga a la luz. De nada ha servido que sean falsificaciones, pues a través y gracias a ellos se han lanzado numerosas teorías conspiranoicas para explicar cualquier suceso de la historia del hombre, amen de ser utilizados como base del argumento de numerosos best-sellers.

 Algo parecido sucede con dos documentos del siglo XVII, Fama Fraternatatis Rosae Crucis (1614) y Boda Alquimica de Christian Rosen Kreutz (1616), que trajeron al mundo a los rosacruces. Según se explica, éstos fueron fundados en 1407 por el misterioso caballero Christian Rosen Kreutz después de pasar un tiempo en Tierra Santa estudiando con diversos maestros de lo oculto. Lo cierto es que tanto los libros como el caballero fueron una broma del teólogo alemán Valentín Andreae, y que los rosacruces (principios del XVII) son un grupo de personas con ciertos aires de reforma moral y religiosa que favorecían el luteranismo en contra del catolicismo.

 Las sociedades secretas fundadas en textos ocultos tienen un argumento común: el protagonista viaja a un lugar lejano con hombres sabios (Egipto, Tíbet, etc.) donde estudia unos viejos pergaminos que le revelan un conocimiento oculto y a su regreso funda una organización encargada de la salvaguarda de dicho conocimiento, por ser su difusión perniciosa para el resto de los mortales.

 Ésta es, por ejemplo, la historia de uno de los libros más famosos del ocultismo: Las Estancias de Dzyan, que sirvió de base para crear la Doctrina Secreta de la embaucadora Madame Blatvasky. Esta mujer creó la Teosofía, una amalgama entre el gnosticismo, el budismo y el hinduismo, y se dice que sus ideas de la superioridad aria fueron las que sirvieron y ayudaron a componer a un joven Adolf Hitler la que posteriormente pasó a ser la idea del nazismo.

 La que sin embargo logró reunir en sus filas a varios escritores de la época fue la Golden Dawn. Era una sociedad mágica que floreció en la Gran Bretaña de finales del Siglo XIX, una época bastante provechosa para manuscritos y movimientos ocultistas. A ella pertenecieron escritores tan conocidos como Bram Stoker (Drácula), el poeta William Butler Yeats (Nobel de Literatura en 1923), el dramaturgo Bernard Shaw, Edward Bulwer-Lytton (Los últimos días de Pompeya) o el escritor de novelas góticas Arthur Machen.

 El atractivo de los ritos iniciáticos, sobre todo si están basados en el Antiguo Egipto, fue tal que eran capaces de creerse lo increíble. Un ejemplo: entre los documentos de la Golden Dawn se puede encontrar una frase escrita en un lenguaje revelado, según ellos, por los ángeles. Pues bien, si se pronuncia correctamente uno puede volverse invisible.

 Aquí la tenéis por si alguno se atreve a probar:

 GOHO IAD BALT, IANSH

CALZ VON PHO, Z-OL

ROR I YA NAZPS

(continuara)

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3 pensamientos en “-Literatura Maldita – Un articulo de Fernando Martinez Gimeno. (I)

  1. Saludetes Athman y me alegra que hayas pasado a tomar la tarta y a soplar velas con nosotros (te estabamos guardando una buena porción) y ja,ja,ja…bien merecido tienes el premio aunque últimamente vayas liado y sólo nos visites los fines de semana. Aún así es un placer leerte siempre y encontrarte aquí y allí.

    Besotes y enhorabuena y como de costumbre, gracias por las recomendaciones literarias que nos dejas. 😉

    Arwen

  2. Interesante artículo. Qué buenos libros como La ladrona de libros o Fahrenheti 451 se han escrito sobre la quema o destrucción de libros.

    Un abrazo, Athman!!!

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